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Categoría: Historia

Ad inteligentes, pauca

por Gonzalo PALACIOS G.

En VENEZUELA XXI: La Revolución de la Estupidez, Gonzalo Palacios Galindo sugiere cómo la educación del venezolano podría eliminar las estupideces que nos atan a los errores del pasado. Sigue el cuarto capítulo: Ad inteligentes, pauca.

“Porque una de dos: o nos hemos vuelto estúpidos todos, lo que es poco creíble, o hay una estrategia opiácea para narcotizar a la clase media, haciéndole creer que la política no es importante.”
Massimo Desiato. 1

Algunos historiadores cuentan que Simón Bolívar siempre se interesó en los acontecimientos que culminaron con el “golpe” que la Junta (el Cabildo) le dio al capitán general Juan de las Casas el 19 de abril de 1810: nada más falso. La decisión por parte de unos cuantos mantuanos que inició la independencia venezolana no contó con la de Don Simón; él se encontraba en su hacienda aragüeña de San Mateo. Los patriotas no contaron con la participación de Bolívar sino a partir del momento en que le ofrecen la misión diplomática de viajar a Londres con Don Andrés Bello, en pos del apoyo británico para derrotar a España. En Londres Bolívar conoce a Miranda que trataba de convencer a los ingleses sobre la importancia comercial que la derrota de los españoles y la independencia de Venezuela significaría para esa Nación. Miranda y Bolívar regresaron a Venezuela en Diciembre de 1805.
No más silencio, no más quietud; en su lugar, ruidos de guerra (el Ejército Español eliminaría a Miranda), lo que Miranda llamara el “bochinche” criollo, los discursos altisonantes (en la Plaza de San Jacinto), el terremoto de 1812; se imposibilita pensar lógicamente en aquella Caracas. El poder que Bolívar asumió a partir del 4 de julio de 1811, cuando, según Blanco y Azpurua, se dirigiera brevemente a la Sociedad Patriótica de Caracas, se confunde de inmediato con la autoridad que la Corona ha dejado vacante sin que los caraqueños la hubiesen sustituido debidamente. Esta confusión “autoridad/poder” es una de las ESTUPIDECES BÁSICAS más comunes en el mundo cuyas raíces se encuentran en lo más remoto de nuestro humus cultural 2. En Venezuela no se han diferenciado estos dos conceptos desde la llegada de los conquistadores, a quienes todavía llamamos “colonizadores”. En Marzo de 1812, Bolívar se dirige al pueblo caraqueño con palabras que ponen en evidencia el daño que tanto “zaperoco” le había causado a su mente y le falla totalmente su cerebro:

“Si se opone la naturaleza a nuestros designios, lucharemos contra ella, y la haremos que nos obedezca.”3


El menos inteligente entre nosotros, quién esto escribe y sus lectores, sabe que luchar contra la naturaleza es la ESTUPIDEZ más grande que podamos cometer. Pensar que podemos hacer que nos obedezca quien nos dio vida y nos mantiene en ella, la “Madre Naturaleza”, es pecar de una arrogancia supina, y de tal pecado es capaz solamente un ESTÚPIDO.
Ese mismo año, el Libertador comete otra grave ESTUPIDEZ: entregar al Generalísimo Francisco de Miranda, único venezolano con vasta experiencia militar, al enemigo. No pasan doce meses sin que el “Padre de la Patria” cometa quizá la más trágica de todas sus ESTUPIDECES, la firma del Decreto de Guerra a Muerte el 15 de junio de 1813. Ya habíamos indicad arriba que

“Ante la aparente inutilidad de algunos sistemas de justicia contemporáneos, los ESTÚPIDOS, incapaces de reconocer la venganza o la injusticia, la denominan civil justice (en Estados Unidos), sharia (mundo islámico), ley del talión (tradición judía), o confunden la ira (deseo de venganza) con la pasión erótica (deseo de amar)”.

El Decreto de Guerra a Muerte demuestra claramente que por torpeza del entendimiento, Simón Bolívar no supo distinguir entre la venganza y la restitución de la justicia en tiempos de guerra. La venganza es una acción impulsiva, sin juicio previo, causada por un prejuicio en la mente del poderoso. En cambio, la restitución de la justicia resulta del pensamiento lógico de quien ejerce la autoridad en materia de relaciones humanas. La definición que ofrece la Real Academia Española de ESTUPIDEZ, “torpeza notable en comprender las cosas,” describe perfectamente la acción del Libertador al promulgar un decreto garantizando la muerte a los Españoles y Canarios “aun siendo indiferentes” es decir, aun cuando no fuesen enemigos. Bolívar promete: “Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables,4” una falta total de sindéresis, y perdóneseme la palabrota, pero es la que mejor describe por qué Bolívar cometió la ESTUPIDEZ de firmar el infausto Decreto. El lector juzgará por cuenta propia el daño que esta ESTUPIDEZ del Libertador causó a los venezolanos de entonces y de ahora.5


“…el error o la perfidia os ha extraviado de las sendas de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan sinceramente vuestros descarríos…vosotros no podéis ser culpables, y que sólo la ceguedad, e ignorancia en que os han tenido hasta el presente los autores de vuestros crímenes, han podido induciros a ellos.” Foto, jóvenes del barrio Pinto Salinas, Caracas, 2009: ¿Serán culpables?
“Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables”

Aparentemente, la ESTUPIDEZ se transmite congénita y temporalmente 6. Es decir, recibimos la ESTUPIDEZ de nuestros antepasados y también de haber vivido en zonas donde la enfermedad es endémica (el globo terráqueo). No podemos evitarla, es parte integral de nuestra historia. Para sobrevivirla, es necesario disminuir los efectos de la ESTUPIDEZ y en lo posible, extirparla completamente de nuestras mentes ejercitando al máximo el instrumento del alma, el cerebro. Pensar, meditar, dialogar, para alcanzar la imperturbabilidad (ataraxía)7: como solíamos decir, “Calma y cordura”, dos cualidades que se complementan.

DEPENDENCIA.
Finalicemos esta presentación incompleta de la “torpeza notable en comprender las cosas” del Padre de la Patria con una ESTUPIDEZ de la cual nunca nos curaremos, por mucho pensamiento y “culo” 8 que le dediquemos. Se trata de la dependencia. Así como dejamos de pensar cuando los ruidos externos interrumpen nuestro trabajo espiritual (el pensar), las diversas dependencias a las que nos hemos acostumbrado a través de los siglos, impiden que nos funcione el cerebro y hacen que cometamos ESTUPIDECES atávicas. Así, por ejemplo, ni en Venezuela ni en la mayor parte del mundo, ha sido posible desarrollar un sistema financiero adecuado a las necesidades de la población mundial contemporánea. Dependemos de los “banqueros”, descendientes de los empleados de los Medici en la Florencia del siglo XIV que se sentaban en sus bancos, en la calle o en la Piazza Della Signoria, a prestar, guardar y cambiar los dineros de los comerciantes europeos y los provenientes de Asia. Los conquistadores introdujeron la dependencia bancaria en Venezuela, basta mencionar a los Welser. Desde entonces hasta la fecha, cometemos la ESTUPIDEZ de pensar que no podemos independizarnos comercial ni financieramente y continuamos estas ESTUPIDECES, importando otros modelos extranjeros y anacrónicos (actualmente, el “Socialismo Siglo 21”) para que nos “saquen de abajo” a quienes hemos sido la nación más rica del Nuevo Mundo. Cabe recordar que todos los gobernantes venezolanos heredaron la ESTUPIDEZ de la dependencia que les impidió comprender nuestra realidad financiera. La presencia en Venezuela de los Welser, de los Rockefeller, el “Grupo Santander”, y muchas otras entidades europeas, norteamericanas y ahora asiáticas, paralizó toda posibilidad de que alguno de sus ciudadanos diseñara un sistema financiero adecuado a nuestra realidad socio-económica.
Otra dependencia que nos hace cometer ESTUPIDEZ tras ESTUPIDEZ es la agrícola. Utilizamos métodos primitivos de cultivo heredados de personas ignorantes de las normas básicas del agro venezolano. Anteriormente dije que no tengo los conocimientos científicos para describir las causas psicológicas de las ESTUPIDECES del Libertador (arriba, página 10); ahora confieso que tampoco los tengo en esto del campo. Por lo tanto solamente me permito recordar dos prácticas de nuestros campesinos que comprueban su dependencia en ESTUPIDECES agrícolas del pasado que se han convertido en nuestra cultura del campo. La primera es la costumbre de “limpiar” el conuco quemando la superficie de la tierra y eliminando de esa manera lo que quedaba de la cosecha anterior. La fertilidad del terreno disminuye con cada quema y en tres o cuatro años la tierra deja de producir. La otra práctica, que desconoce los cambios demográficos y los de mercadeo hodierno, es precisamente el “conuco”. Es imposible que un conuquero venezolano en el siglo XXI produzca lo suficiente para alimentar a su familia y al mismo tiempo competir en el mercado nacional. Sin embargo, todas las “reformas” agrarias que hemos visto en Venezuela en los últimos cien años han sido reformas que reiteraron la propiedad de pequeñas fincas. Nuestros dirigentes políticos hacen reformas que satisfacen la demanda popular de “cada quien con su conuco” en lugar de ser reformas que eliminen la ESTUPIDEZ del minifundio.
Así como Simón Bolívar consagró la violencia y la muerte como forma de gobierno en el Decreto de Guerra a Muerte, en la Carta de Jamaica nuestro Libertador justifica y consagra para las generaciones futuras, la dependencia como sistema de vida nacional. Al final de la famosa Carta, a pesar de haber analizado intachablemente la situación del Hemisferio Occidental (resultado del pensamiento claro y profundo durante la calma del exilio jamaiquino), Bolívar concluye con la ESTUPIDEZ de que nuestro bienestar es cuestión de dependencia:

“Luego que seamos fuertes, bajo los auspicios de una nación liberal que nos preste su protección, se nos verá de acuerdo cultivar las virtudes y los talentos que conducen a la gloria […] entonces las ciencias y las artes que nacieron en el Oriente y han ilustrado la Europa, volarán a Colombia libre que las convidará con un asilo.” 9


O sea, dependeremos de las ciencias y artes extranjeras y no progresaremos salvo que “una nación liberal” nos proteja. Así como lo hace Cuba con la Venezuela XXI… 10

Próxima entrega: “La ESTUPIDEZ de las Fuerzas Armadas.”

1 Entrevista / Massimo Desiato, filósofo; quizás no “todos,” pero sí todos quienes podrían haber exterminado este “dinosaurio que surgió de las cavernas más oscuras de la historia:” ABC Color, Paraguay: “La Amenaza Chavista” por Carlos Alberto Montaner.

2 “… cuando los reyes dejaron gradualmente algunos de sus poderes y otros les fueron quitados por la muchedumbre … se les dejó a los reyes los sacrificios [rituales] … tenían tan solo el mando de las expediciones militares más allá de las fronteras.” Aristóteles, Política, III, 9,8.

3 En la Plaza de San Jacinto, sobre las ruinas del terremoto que destruyó buena parte de Caracas.

4 Sindéresis, principalmente de la filosofía escolástica, significa el principio innato de la conciencia moral de cada persona que la dirige hacia el bien y a evitar el mal.

5 Ver Apéndice # 1: Decreto de Guerra a Muerte.

6 “…ocurre que el contagio intelectual […] sólo se produce en la cercanía personal o cuando hay una comunidad de supuestos”; Julián Marías, op.cit., pag. 17.

7 Según Julián Marías, ataraxía es la palabra que utiliza Sexto Empírico para describir la serenidad y la calma del alma: en El Oficio del Pensamiento, Austral, 1968, p. 29.

8 Don Pedro Grases me llamó la atención por haber llegado tarde (a las 4:15 AM ) a trabajar cuando editábamos Los Escritos del Libertador: “Gonzalo,” me dijo, “en Venezuela sobra inteligencia; lo que hace falta es culo.” Levanté la vista, “¿Cómo?” le pregunté. “CULO, Gonzalo; lo que hace falta en Venezuela es sentarse a trabajar, el culo a la silla.”

9 Simón Bolívar, Carta de Jamaica, Ediciones de la Presidencia, Caracas 1972, página176, bastardillas añadidas.

10 “Ramiro Valdés Menéndez es ahora nuestro Virrey de Indias en Caracas:” Editorial, La Nueva Cuba, 3 febrero 2010. “La llegada de Ramiro Valdés al frente de esta misión cubana es una demostración de la postración y obsecuencia del presidente Chávez ante Fidel Castro.” Grupo La Colina, Caracas, 3 febrero 2010.

Capítulos publicados:
VENEZUELA XXI, y la Revolución de la ESTUPIDEZ
VENEZUELA XXI: Chávez y sus armas nucleares
VENEZUELA XXI, la guerra con Colombia
Ad inteligentes, pauca

 

Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.

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Simón en huesos

por Alberto HERNÁNDEZ

1.-
Me costó llegar a la hermosa casa, elevada por alguna mano en un sitio privilegiado. No me costó ver caballos y mulas en un corral desprovisto de gracia. Desde lejos, vi salir a un muchacho si camisa con un jarrón, cuyo contenido lanzó contra una de las paredes invictas de una ruina vecina.
Ya cerca del final del viaje, luego de sortear todos los obstáculos, climas y a gente de mala índole, desde Maracay, pasando por Barquisimeto, Coro, Maracaibo, darle cara a una frontera invisible, hasta llegar a Santa Marta, sentí la desolación del paisaje. El silencio de la tarde me empujaba a cobijarme del sol. Una sombra benigna me hizo detener un rato, a unos pocos pasos de San Pedro Alejandrino. Algo me decía que en el interior del inmueble el mundo se agitaba tristemente.
Tuve la suerte de ser atendido en el momento en que mi mano se alzó para tocar la rugosa madera de la puerta. Un hombre de estatura mediana, de complexión fuerte pero cansada, canoso y perfilado, me miró con ojos alejados. Le dije que quería hablar con el enfermo. El hombre me contestó que el Libertador estaba un poco sofocado, pero si podía esperar, quizás más tarde podría atenderme. Asentí con la cabeza. Me hizo pasar a la antesala y allí dormité un poco.

2.-
Oí la voz que emergía de una pequeña habitación. Entonces salió el mismo hombre que me atendió y me hizo pasar al sitio donde aún agoniza Simón Bolívar.
-No te conozco, ¿quién eres? -me preguntó con voz cansada.
-No es necesario que sepa de mí, General, soy alguien que anda por allí recogiendo historias, dolores, alegrías. No sé, los huesos de los hombres grandes-, le respondí algo asustado.
El enfermo, pálido, extremadamente delgado pero con la mirada encendida por una pasión que aún su interior defiende, levantó levemente la mano e hizo que me aproximara.
-¿Acaso eres uno de esos sujetos extraviados y vulgares que tratan de salvarse a través de la eternidad de los que vamos a morir pronto?-preguntó agotado.
-Vulgar no, General, extraviado sí. Vengo de donde usted viene, de donde usted es una estatua, un muñeco de bronce, hierro o barro. Vengo de revolcones más que de revoluciones, de escaramuzas callejeras, banderitas y piedras de lado y lado. Vengo de un lugar que no quiere ser lugar. Vengo, General Bolívar, de un sitio donde usted ha sido convertido en instrumento de odio -sostuve.
-¿Qué lugar tan deprimente, alejado y tenebroso es ese? -inquirió hondamente.
-Su Caracas, señor. Su esquina de San Francisco, su ciudad natal -le soplé quedamente.
-¿Acaso Boves vive aún, está ese carajo revolucionando Venezuela para opacar una vez mi nombre? –casi gritó.
-No, General. Boves está muerto. Páez, con quien usted tuvo escozores, también. ¿Sabe usted que Venezuela es paecista, que la Gran Colombia nunca fue por inviable? –le dije.
-¿Inviable, qué palabreja es esa? -esta vez logró alcanzar el grito, chillón.
-Sí, General Bolívar. El mundo finalmente es redondo como nuestros olvidos. El país es el que usted pronosticó, de no contar con líderes preclaros. Venezuela anda en la anarquía callejera, en las ambiciones y pasiones más alejadas de la realidad que usted soñó -justifiqué con temor.
-¿Entonces mi tiempo se perdió? -pronunció con la boca pegada de la almohada.
Lo sacudió la tos y un ronquido cavernoso lo aquejó un buen rato. Entonces me atreví a decirle:
-Aún no, General. Es preciso que usted hable desde su lugar como hombre de carne y hueso. Como hombre que sabemos algún día morirá tísico, venéreo y enloquecido, alucinado y perseguido por sus fantasmas -precisé.

3.-
-¿Quién dijo que yo era un dios, de dónde carajo sacaron eso? -casi en susurro.
-Todos los que han pasado por el poder en Venezuela. Desde su comienzo de viaje usted fue una maldición en boca de la gente de patriotas y realistas. Después, cada jefe del poder hizo de usted una apostasía, una moneda, estado sin fundamento, una estatua de harina en cada pueblo, y hasta una ideología -afirmé.
-Pero, ¿de dónde han sacado que yo dejé una ideología? Sólo dije y escribí para dejar las bases de unos países miserables para que comenzaran a verse en ellos mismos y fundar una nacionalidad. Nada más. Carajo, yo no soy Carlos Marx, ese engreído que llenó el mundo de pústulas y dioses de barro. ¿Dónde está Manuela? ¿Qué se hizo el loco de Simón Rodríguez? Yo sé quienes mataron a Sucre. ¿Dónde está Totoño el cumanés? En una gusanera, como estaré yo dentro de poco. Como estoy desde hace siglos -habló con mucho esfuerzo.
-General, no todo está perdido. Desnúdese, muera con las costillas al sol. Quítese esa camisa prestada. Enséñele el sexo al mundo, búrlese de su muerte, échese un trago de este aguardiente que traigo. Quítele al poder esas imágenes suyas de santo que no es. Derribe sus propias estatuas. Reclame sus espadas repartidas en medio mundo entre malandrines, dictadores y sinvergüenzas, para que América, pero sobre todo Venezuela, salga del marasmo -alargué.
-¿Marasmo, anarquía, indolencia, disfraces, vulgaridad, analfabetismo, locura política? Oh, divina Providencia, ¿qué hice, en qué me convertí, en qué me convirtieron? ¿Dónde están mis pantuflas, Manuela? Coño, ¿hacia dónde va mi muerte? -pregunta tras pregunta.
El enfermo cayó en un sopor pesado, lento. Su respiración asaltó la habitación. Abrió un poco los ojos, me miró desde su opacidad y me extendió los huesos de su mano derecha. “Váyase tranquilo, que no hay remedio en este cuerpo para aliviar los males de ese país que ya no es mío. Váyase, no quiero estar más aquí. Esta agonía ya se ha prolongado demasiado. No termino de morirme. ¿Dónde están mis huesos, Antonio José? Montilla, no me des más agua. ¿Dónde estoy que no me veo? ¿Dónde estás don Quijote? ¡Santander¡, ¿qué hemos hecho? ¿Qué han hecho?”.
Me hicieron salir de la habitación y de la casa. Caminé hacia el corral. El día caía pesadamente cerca del mar de Santa Marta. Un olor a despojo marino entró con violencia en mi nariz. “El mundo se está acabando”, me dije y comencé a andar el mismo camino hacia la desolación.

Alberto HernándezALBERTO HERNÁNDEZ - Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.

 
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Pedro Carmona: Derecho de aclaratoria al Sr. Roberto Lovera De-Sola

por Otras Fuentes

Literanova publica esta nota del Dr. Pedro Carmona Estanga, relacionada con “Una polémica inconclusa (Eddie Ramírez Roberto J. Lovera De-Sola)“, publicada el 3 de los corrientes, como aclaratoria del Dr. Carmona, sin ánimo de que se convierta en una polémica y dentro del mayor espíritu de amplitud democrática.

Derecho de aclaratoria al Sr. Roberto Lovera De-Sola

Señor Lovera De-Sola:

No tengo el gusto de conocerlo personalmente, pero ayer 9 de marzo de 2010, leí su cruce de correspondencia con el Dr. Eddie Ramírez a través de Literanova, tocando entre otros los hechos del 11 de abril, razón por la cual he estimado del caso hacer uso de un derecho único de aclaratoria, con el fin de expresarle lo siguiente:

  1. Es fácil juzgar hechos históricos difíciles desde la barrera y a casi ocho años de distancia, con visiones parciales o sesgadas. La vida me ha enseñado, y quizás usted lo comparta como escritor, que toda situación compleja amerita ser analizada con profundidad y mesura antes de emitir juicios, para evitar caer en la inveterada costumbre venezolana de buscar chivos expiatorios, canibalizarnos o hacer afirmaciones cuando no es posible propiciar un debate serio.
  2. Los acontecimientos del 11 A no constituyeron una comedia montada por Carmona y los militares como usted afirma. Es conocido que la larga crisis política se inició en el propio 1999, pero fue agudizada por el gobierno a partir de noviembre de 2001, a raíz de la aprobación inconsulta de 49 Decretos-Leyes, dando lugar al primer paro nacional liderado por mí en nombre del empresariado el 10 de diciembre de 2001, hecho que estimuló la posterior toma de la calle por la oposición. Luego, la politización de PDVSA coincidió con el paro convocado por la CTV el 9 de abril, con apoyo de Fedecámaras, y condujo a la multitudinaria manifestación que marchó pacíficamente a Miraflores el 11 de abril para solicitar la renuncia del Presidente de la República. Como es sabido, dicha marcha fue recibida por las hordas violentas convocadas por líderes del régimen, causando numerosos muertos y heridos que ahora se pretende negar reescribiendo la historia, y a partir de allí, se produjo el desacato militar a las órdenes del Presidente de invocar el Plan Ávila, la renuncia presidencial anunciada al país por el General Lucas Rincón y la entrega voluntaria del Presidente ante sus colegas militares en Fuerte Tiuna. Es bueno informarle que desde la tribuna de PDVSA en Chuao, la única voz que responsablemente se levantó en contra de la prosecución de la marcha hasta Miraflores fue la mía, dados los riesgos que ello suponía, planteando públicamente la opción de llegar hasta la Avenida Bolívar, como consta en los videos de dicho acto, mientras que numerosos líderes presentes se sumaban al clamor de continuar la marcha hasta el Palacio.
  3. Algunos testigos piensan que el 12 A ocurrió un autogolpe del gobierno, pero ello es una conjetura. Lo que sí es real es que el 12 A, antes de yo recibir la encomienda de formar un gobierno provisional para llamar a rápidas y limpias elecciones, en plazos menores que los registrados en el caso de Honduras, ocurrió el error capital determinado por firme la postura de varios altos oficiales de las FAN, únicos que según testimonios verbales, escritos y gráficos tuvieron contacto con el Presidente renunciante, de negarse a que Chávez saliera a Cuba y confirmara por escrito su renuncia en la escalerilla del avión, alegando que ello no tendría presentación ante el país, dando así pie a que luego Chávez negara por escrito la renuncia desde Turiamo, manifestando que era un Presidente detenido y no renunciante, y que ello alentara un reflujo de los cuadros leales al mismo, que presionaban al General Vásquez Velasco por verificar la renuncia de Chávez. Ello condenó de entrada el futuro de la provisionalidad, y le habría ocurrido a cualquiera que tuviera la responsabilidad de asumir la conducción de dicha etapa. El General Vásquez Velasco, y también el General Alfonzo Martínez, fueron débiles o estuvieron presionados en momentos que se requería claridad y determinación. Otros no percibieron la gravedad del momento, sin que faltaran incomprensibles ambiciones personales.
  4. Su afirmación de que el Dr. Enrique Tejera París tenía preparados los análisis jurídico-constitucionales para formar una junta cívico-militar a eso de las 8 de la noche del 11 de abril puede ser cierta, pero jamás fue de mi conocimiento. Fui llamado por los militares reunidos en Fuerte Tiuna hacia la medianoche del 11 de abril, cuando ya hasta José Vicente Rangel había informado al General Vásquez que Chávez renunciaría, para proponerme la delicada encomienda de formar un gobierno interino, y de allí que lo primero que hice fue solicitar a los militares que informaran al país de dónde y por qué venía ese pedido, para que no se interpretara que se derivaba de planes o intereses diferentes o propios. Habría agradecido a Dios que el elegido fuese el calificado jurista y ex Ministro Tejera para dar ese paso, pues no lo busqué pero no lo evadí, por un sentido de responsabilidad ante el país. Según su afirmación, el Dr. Tejera estaba activo en labores previas, mientras que yo cumplía con mis obligaciones como dirigente de la sociedad civil a través del organismo de cúpula empresarial venezolano.
  5. Usted me tilda de inepto, calificación impropia y desconsiderada, quizás por le hecho de no haber tenido ejecutorias políticas. ¿Considera usted también ineptos por ejemplo a Martinelli, Presidente de Panamá, a Piñera Presidente Electo de Chile, o a tantos otros líderes que no han tenido responsabilidades políticas convencionales? En cualquier caso, mi propósito era único y breve: convocar a rápidas y transparentes elecciones cuando se podía, para relegitimar los poderes públicos conculcados, la primera de ellas, la parlamentaria en 90 días y la segunda, la presidencial, en diciembre de 2002, con lo cual se habría salvado la democracia, hoy tristemente destruida en Venezuela, todo ello con prohibición expresa de que yo pudiera presentarme como candidato. De todas formas, sin presumir, y sólo por el hecho de no conocernos, le informo que he sumado una formación profesional, internacional, gubernamental, gremial, académica y empresarial, con una visión múltiple poco común, de la cual me enorgullezco. Es cierto que nunca actúe en la política tradicional, y que me mantuve siempre como independiente. Pero ya que usted y otros piensan que se necesitaban políticos avezados para asumir la conducción del país, le pregunto –sin compartir en absoluto posturas antipolíticas- ¿qué han logrado los políticos profesionales en estos once años de catástrofe nacional para asegurar la unidad opositora, construir un mensaje alternativo creíble y ocupar los espacios que se ofrecen cada vez más auspiciosos como consecuencia del fracaso y abusos de este oprobioso régimen?
  6. Señor Lovera: cuídese de no hacer afirmaciones falsas. No fui jamás subordinado del Sr. Pérez Recao en ninguna actividad en mi vida. En mi libro “Mi Testimonio ante la Historia”, Editorial Actum, 2004, aclaro que Pérez Recao representaba a un pequeñísimo lote de acciones en Industria Venoco C.A., empresa en la cual fui directivo (cerca de 4%), sin que ello supusiera vínculo laboral o de dependencia alguno, sino como uno de los más de 800 accionistas de la empresa.
  7. Hacia Carlos Ortega y la CTV no tuve a lo largo de mis ejecutorias sino gestos de consideración, desde la etapa de las reformas a la Ley Orgánica del Trabajo y al Sistema de Seguridad Social logradas como un “milagro” de entendimiento tripartito en 1997, hasta el reconocimiento público del triunfo de Ortega como Presidente de la CTV, cuando el gobierno pretendía desconocerlo. La madrugada del 12 de abril, encontrándome ya en Fuerte Tiuna, insistí en la necesidad de la presencia de Ortega en el lugar, pues estaban ocurriendo acontecimientos en los cuales su presencia habría quizás influido de manera relevante, pero eludió hacerlo por una decisión que respeto, pues pertenece al ámbito de su conciencia. Mi primera reunión en Miraflores el 12 de abril a las 10 a.m. fue con el Comité Ejecutivo de la CTV presidido por Ortega, a quienes garanticé respeto, participación, consulta permanente en la corta transitoriedad que se abría y luego llegué a ofrecer a Manuel Cova, segundo en la CTV, la Vicepresidencia Ejecutiva de la República.
  8. Es probable que algún oficial de las FAN haya considerado que la situación estaba el 12 de abril del todo bajo control y hasta que haya bajado la guardia en sus responsabilidades, pero jamás se sirvió licor en Miraflores durante el tiempo en que se tuvo el control del Palacio, ni creo que nadie haya llegado ebrio como le comentó alguno de sus amigos.


Es todo por el momento, Señor Lovera. No es mi intención abrir polémicas, sino ejercer esta única oportunidad de dirigirle estas aclaratorias. Espero que algún día, cuando los venezolanos podamos reunirnos de nuevo en suelo patrio, tener la oportunidad de hablar personalmente del tema. Retorno pues a mi actitud prudente de exiliado, aunque de angustia ante la grave situación nacional, confíando que su aporte intelectual ante la grave crisis, sea más productiva que sólo mirar hacia el pasado.

Reciba un atento saludo,

Pedro Carmona E.

Nota del Editor: Esta aclaratoria corresponde al artículo publicado en este mismo blog bajo el título Una polémica inconclusa (Eddie Ramírez Roberto J. Lovera De-Sola)

 
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Una polémica inconclusa (Eddie Ramírez – Roberto J. Lovera De-Sola)

por Roberto J. LOVERA DE SOLA

Nota de Literanova: A pesar de no compartir algunas de las afirmaciones contenidas en el intercambio entre nuestro colaborador Roberto J. Lovera De-Sola y el experto petrolero Eddie Ramírez, lo publicamos por considerarlo de gran interés en la actualidad y porque el intercambio refleja los puntos de vista de dos personas valiosas ligadas a la democracia venezolana:

COMENTARIO A UN MENSAJE DE EDDIE RAMIREZ

EL E-MAIL
17-2-2010

Distinguido amigo Roberto, a través de nuestra común amiga Elsa Montes recibí tu artículo sobre los once años de Chávez. Te felicito es un excelente análisis y resumen, el cual comparto casi totalmente. Al respecto me permito exponerte mi punto de vista en algunos aspectos. Quizá calificar a Carmona de pacotilla y risible pareciera duro, aunque el acto de juramentación sí lo fue. Pienso que los generales y almirantes tuvieron mayor culpa y a ellos sí los he tildado de pacotilla. En reciente conversación con Ramírez Pérez (no es familia), en Costa Rica, me dijo “no pudimos manejar el caos". Baduel no fue factor decisivo en el regreso de Chávez, sino Vásquez Velasco y los comandantes y capitanes que se reunieron en el Batallón Ayala el sábado. Baduel se pronunció tardíamente cuando ya era prácticamente un hecho el fracaso en establecerse el nuevo gobierno. Caldera no le impuso la banda presidencial porque no le correspondía, esa es una responsabilidad del presidente del Congreso; por otra parte, en ningún video se aprecia que abriera la boca para rechazar lo de moribunda. En ese Congreso los demócratas contábamos con 149 parlamentarios, entre senadores y diputados, mientras que Chávez solo tenía 95 y no fuimos capaces de frenarlo. Pienso que a Carter y a Gaviria no les quedó otro remedio que avalar los resultados porque nadie en la oposición tenía ninguna prueba del fraude; de hecho todavía no las tiene, salvo un buen trabajo estadístico de profesionales de Esdata que concluyen que hubo irregularidad en los resultados, pero sin precisión numérica. Antes de las parlamentarias del 2005 tuve oportunidad de participar en reuniones de la Mesa de Reflexión (Quirós, Tarre, Salgueiro, Bruni Celli, Pedro Pablo Aguilar, Latuff y otros), con todos los principales dirigentes de los partidos, quienes estimaron que de ir a las elecciones (antes de que tomara cuerpo el abstencionismo) solo sacaríamos entre siete y once diputados; ante este panorama creo que lo mejor que se hizo fue abstenernos, pero activarnos en contra del CNE, lo cual no se hizo. Hasta aquí mis modestas reflexiones, saludos y gracias por compartir ese excelente trabajo.

18-2-2010

Gracias mi estimado Eddie por tus comentarios, los tendré en cuenta al reescribir mis trabajos. No olvides que como todo venezolano estoy siempre con nuestra gente de Pedevesa. La huelga hecha por Uds. fue el ejercicio de un derecho constitucional. Y un día nuestra elite petrolera deberá ser vuelta a llamar, a pagarle todos sus salarios caídos y devolverles sus ahorros robados, mientras no podremos seguir produciendo el petróleo que el país necesita para armar su desarrollo. Y te reitero lo que te dije el día que nos dimos la mano por vez primera: tú y tus compañeros petroleros son los que siempre nos ha dado aliento en medio de estos días trágicos.
Estos son mis comentarios a tu e-mail de ayer, sobre mi artículo “El onceno de Chávez”, ahora como “Chávez: once años en el poder” (www.analitica.com: Febrero 29,2010) uno de mis intentos de interpretar estos terribles días, tan lejanos de lo que siempre ha sido la vida de Venezuela desde muy atrás. He intentado escribirlo lejos del elogio y de la diatriba como en él lo digo: única manera de cultivar la historia de lo contemporáneo.
Estas son apenas unas reflexiones más a lo leíste en mi trabajo, son complementos a partir de tus ideas. Nunca hay que olvidar hasta que punto hemos estamos inmersos en estas dolorosas vivencias, yo desde el propio 4 de Febrero de 1992 cuando me opuse al pronunciamiento, más aun más cuando escuché el “Por ahora”: ¡cómo podía un oficial vencido con las armas en la mano hablar así e incluso convocar a un nuevo golpe usando los canales oficiales!. Y además: cómo le habían permitido hablar, eso nunca lo hace ningún gobierno con un insurgente vencido armado. Contradijeron incluso un principio de Maquiavelo, sabio como todos los suyos. Escribió el florentino en El Príncipe:”quien procura que otro devenga poderoso se arruina”. Hoy sabemos, para nuestra desgracia que los generales, en contra de la orden presidencial, también errada, lo dejaron hablar porque ellos, incluso el general Ministro de la Defensa, estaban en el complot. Lee el libro del general Herminio Fuenmayor “Estos Hombres enterraron la democracia”, publicado bajo mi cuidado, y verás los elementos que encuentras. Lo que explica las observaciones que el general Ochoa Antich dice en sus memorias “Así se rindió Chávez”, solo, en este caso, sin argumentar con verdaderas pruebas válidas que pudieran probar su supuesta inocencia.
La democracia venezolana el 4 de Febrero de 1992 estaba aquejada de grandes males. Pero el camino del golpe no era el necesario. A poco apareció el libro “Cuando se jodió Venezuela” en donde está un ensayo mío, “Las vicisitudes y el desasosiego de un país”, junto con otros de personalidades como Teodoro Petkoff y maestros venezolanos como el doctor Ramón J. Velásquez donde analizábamos el suceso. Yo condené en el mío el golpe: esa no era el camino. Ese trabajo está también en mi libro “El oficio de ser venezolano” (1992). Los males de la democracia se combaten sino con más democracia. Si deseas leer mi trabajo, ya que ambos libros están agotados, dímelo para mandártelo por estas vías del ciber-espacio.
Ahora, en orden cronológico: en verdad el presidente Rafael Caldera, de forma muy discreta pero contundente como era su manera de ser, dijo las palabras que señalo. Y además por ello fue el único en protestar dentro de su forma peculiar de ser, se puede ver claramente en el video cuando le dice al presidente del Congreso que le ponga la banda él. De todo esto tengo constancia directa pues a lo largo de toda mi vida, hasta este 24 de Diciembre pasado en que falleció, siempre me mantuve al lado del doctor Caldera, y ello desde 1964 cuando tenía dieciocho años, no fui al único que dijo que aquel día había sido para él “horroroso”: él había sido el presidente de la Comisión que redactó la Constitución de 1961, la surgida como consecuencia del Pacto de Punto Fijo (1958) que nos dio la estabilidad política (y el crecimiento económico) de cuarenta años de que gozamos y el régimen más largo de todo nuestra historia (más que el paecismo, el guzmancismo y el gomecismo). La Constitución aquel día no estaba “moribunda”, estaba en vigencia plena. Imagínate como se sentiría además el doctor Caldera en aquella hora, un hombre a quien siempre rodeó el respeto en la política, incluso entre sus opositores y adversarios, y en nuestra vida cultural, no olvides que además de jurista destacado, fue uno de los redactores, ¡a los veinte años!, de nuestra primera Ley del Trabajo, asunto que era su especialidad jurídica. Fue también nuestro primer bellista del siglo XX. Y tuvo discípulos entre los que me honro en pertenecer. Y tuvo millones de seguidores políticos que lo llevaron dos veces a la presidencia, fue por ello el político que más tiempo ejerció la presidencia, por elección popular, en el siglo XX. Aquel día de la “moribunda” fue tan estelar para él como la tarde del 4 de Febrero de 1992 cuando pronunció su célebre discurso, todavía objeto de controversia. Tan demócrata fue que nos dejó como legado, entre los mil de su personalidad, el pedido de no aceptar honores públicos a la hora de su deceso, a los que tenía derecho no sólo como presidente sino por ser una de las cinco grandes figuras de nuestro siglo XX (Uslar, Betancourt, Velásquez, Prieto Figueroa). Pero no los quiso tener, como lo han escrito sus hijos, porque consideró que el gobierno actual “deshora de continuo los valores de nuestra historia y que representa lo contrario de la lucha de su vida por la democracia, la libertad, la justicia social, la paz y el Estado Derecho” como se lee en el folleto “En las exequias de Rafael Caldera”, editado por su familia, que circuló esta semana.
Coincido contigo que en 1999 los diputados y senadores democráticos, que eran la mayoría, fueron incapaces de frenar a Chávez. Y ello por una dolorosa razón: nuestra clase política estaba muerta, ya no tenía ni siquiera mensaje e ideales. Por ello sigue urgiendo la reforma de los partidos, sin ellos no puede haber vida democrática.
En cuanto al 11 de Abril que pasó de ser, por la gran manifestación, una insurrección popular, como la calificó Jorge Olavarria, a la tragedia de la masacre, a la supuesta renuncia de Chávez o la gran comedia montada en aquella gravísima hora por los militares y Carmona, que para ser presidente lo único que tenía era la cara. Nada más.
Tú dices, mi estimado Eddie, que más culpa tuvieron los militares. Lo creo. Y por partida doble o triple. Primero por algo que nunca podré entender: cómo fue posible que los oficiales de un ejército latinoamericano, el venezolano lo es, no supieran como dar un golpe de Estado. Segundo porque no se ha respondido por qué no se formó la Junta cívico militar que se ofreció crear cerca de las 8 de la noche del 11 de Abril cuando se supo que Chávez se iba. Ese era el camino. El proceso de una transición constitucional ya había estudiado y preparado por el doctor Enrique Tejera París, constitucionalista de excepción. Y ello fue dejado de lado. ¿Por qué? Fue el segundo golpe de aquella noche y madrugada. Esa Junta debió ser presidida por Tejera. Tercero: ¿quien tomó la decisión de colocar en la presidencia a un solo hombre, el más inepto, ni siquiera era político, como Carmona?, sin duda el Alto Mando Militar. Por ello lo que sucedió fue una “Carmonada”, todo risible. Grave error de Carmona no fue solo la grotesca auto juramentación sino el “Acta constitutiva”, que circulaba por Caracas hacia días, y que al leerla Jorge Olavarría les dijo a los que preparaban el golpe que “aquello era un adefesio jurídico”. No debió ser usada, sus consecuencias las conocemos. Pero hubo más: Carmona por prejuicios de empresario servidor de la gente rica de Caracas, era apenas un empleado de los Pérez Recao, maltrató a quienes eran uno de los sostenes de aquel paso, junto con Fedecámaras y la Iglesia: los sindicalistas, representados por Carlos Ortega. Siempre he pensado que cuando Carlos Ortega fue a Miraflores a entrevistarse con Carmona y se fue de Miraflores y de Caracas al no poderse entender con él de hecho en ese momento cayó Carmona, esto no ha sido examinado como se debiera. Y en las horas que faltaban siempre que los periodistas se acercaban a Carmona para preguntarle de sus decisiones respondía “eso lo resolveremos mañana”, cosa imposible en aquella circunstancias, había que decidir inmediatamente. Además, esto tampoco se lo señala, pero lo observó un psiquiatra amigo que estaba presente en Miraflores: los oficiales del ejército se pasaron el día tomando y estaban más que borrachos cuando Carmona habló y se juramentó así mismo.
El fatídico 15 de Agosto de 2004 tú dices que Carter y Gaviria no les quedó más remedio. Pero, sé de buena fuente, que ese momento el asistente de Gaviria, al comprender lo que estaba sucediendo en el CNE llamó a Enrique Mendoza y lo conminó a sacar a la gente a la calle en ese mismo momento, esa misma madrugada. Era lo que había que hacer. Pero Mendoza y los demás no se atrevieron: ¿qué hubiera sucedido? No lo sabemos, está confinado al cementerio de los sueños.
Y termino: sigo creyendo que la abstención del 2005 fue un error porque significó la renuncia a la voz presente de la oposición en el parlamento. Muchos de nuestros políticos están arrepentidos de haber tomado aquella decisión. Acuérdate que en el 2007 volvieron a predicar la abstención y la gente no los escuchó sino que fue a votar: y ganamos. Tan triunfamos que el CNE nunca ha dado el resultado final, aunque lo conocemos gracias a la gente de Súmate.
En fin: estas son mis observaciones a tu reflexiones, estimado amigo.

Roberto J. Lovera de SolaROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.

 
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La Alborada del Tirano

por Eduardo CASANOVA

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

III

El Paraíso Desperdiciado

(Venezuela después de la Independencia)

La Alborada del Tirano

William I. Buchanan, Alto Comisionado de los Estados Unidos, llegó a las costas venezolanas con una considerable fuerza de la Armada a brindarle a Gómez, que lo había pedido, todo el respaldo de Washington a cambio de un giro dramático en la política del país con relación a las inversiones extranjeras. Y el entendimiento se dio de inmediato. Gómez era distinto, era más civilizado que el salvaje Castro y respetaría las normas internacionales para que el capital, especialmente el norteamericano, se sintiera a gusto.
Gómez, que va a ser el sepulturero de los partidos, no se opone, aparentemente a la existencia de partidos. Pero la realidad distorsiona lo que hasta 1899 había existido. Ya no parece haber liberales y godos ni amarillos y mochistas, sino unionistas y no-unionistas, es decir, gomistas y antigomistas. Todos son ardientemente anticastristas, y se percibe en el aire una sospecha que se traduce en repudio a la idea de la dictadura, lo que a su vez parece canalizarse en un apoyo al planteamiento de que debe buscarse una reforma de la Constitución vigente que había sido la base del poder castrista.
Y el agosto de 1909 se produjo una reforma constitucional que acortó el período presidencial a cuatro años y creó un Consejo de Gobierno en donde participarían varios de los retornados al país. Se estableció igualmente un período provisional hasta el 19 de abril del 10, fecha en la cual entraría en vigor la reforma. Para variar, Juan Vicente Gómez es elegido presidente provisional de la República, el 11 de agosto, para que cubra el lapso que va hasta que se nombre un nuevo presidente constitucional que, extrañamente, será Juan Vicente Gómez, designado además general en jefe y comandante de los ejércitos venezolanos, lo cual, en la antigua Roma, se llamaría Emperador. Con las variantes del caso, ese será el esquema que usarán varios de los tiranos de la América Latina, hasta el chileno Augusto Pinochet. Es el sistema de los gobiernos totalitarios, autoritarios e unipersonales de nuestra pobre América.
Ya en 1909, a pocos meses de la defenestración de Castro, el compadre Gómez empezó a sacar las uñas. Pocas son, pero evidentes, las muestras que lo prueban. La más clara fue una reunión convocada para el 7 de marzo de 1909 por el gobernador de Caracas, Aquiles Iturbe, a la que debieron asistir los jefes de los periódicos de la capital, y en la que se les dio a entender que cada día se les cerraría más el ámbito de sus libertades. Como se hará mucho tiempo después, el gobierno se sentía molesto ante “el extravío y exageraciones de algunos periodistas,” cuenta Manuel Caballero. Ya entonces la “información veraz” preocupaba a quienes tenían que someterse al escrutinio de los periodistas. Pronto empezarían a solucionarlo de manera radical: Aquel que dijera algo que no le gustara al jefe o a sus colaboradores, iría preso sin contemplaciones.
Poco después la realidad pondría a prueba el sistema. El 25 de septiembre de 1909 Eleuterio García, tachirense y pariente de Juan Vicente Gómez, asesinó en la esquina de Carmelitas a Enrique Chaumer, concejal, intelectual y, sobre todo, hombre de una probidad intachable. Chaumer había denunciado públicamente a García por las irregularidades graves que éste cometió como administrador de rentas de la municipalidad de Caracas, irregularidades que habían sido descubiertas por Vicente Marturet, sucesor de García. Chaumer demostró en el Concejo la culpabilidad de García y eso le costó la vida. Tenía sesenta y tres años. El parentesco de García con Gómez, la irregular absolución del primo Eustoquio y la filiación liberal de Chaumer, además de su merecida fama de hombre honrado, hicieron del caso algo de primera importancia, y casi todos los periódicos lo comentaron hasta la saciedad. Sólo El Universal se abstuvo de convertir el tema en dominante. Gómez reacciona pidiendo la armonía y el apaciguamiento de la exaltación. Gómez es “el hombre de la paz. El hombre que no conoce enemigos entre sus compatriotas, que quiere gobernar con los mejores, cualquiera que haya sido su partido, incluso si ese partido era el de los anti-andinos de la Revolución Libertadora. Su único enemigo es Castro,” narra también Caballero. Esa tesitura durará hasta que esa libertad de expresión se oponga a los intereses inmediatos del jefe.
Una de las bases de esa Pax gomana es la preparación de la guerra (Si vis pacem, para bellum; o, para los puristas: si vis pacem, bellumpara), que en este caso es simple y sencillamente la posibilidad de guerras internas. Gómez, mediante su fiel seguidor Félix Galavís y con la ayuda del coronel chileno Samuel Mac Gill, traído al país especialmente para eso, creó la Academia Militar, para formar un cuerpo de oficiales profesionales, “científicos” les dirían en su tiempo, capaz de contrarrestar plenamente a los que como él y su compadre se improvisaron en la lucha más guerrillera que guerrera. Galavís y Mac Gill también organizaron el ejército nacional, que acabaría con las montoneras y, por ende, con los caudillos locales y las guerras civiles. Pronto fueron virtualmente ocupadas y desarmadas varias regiones del país y derrotadas todas las intentonas de viejo estilo, como las de Horacio Ducharne, Juan Pablo Peñaloza, Emilio Arévalo Cedeño, Patrocinio Peñuela, Rafael Simón Urbina, Gustavo Machado, José Rafael Gabaldón, Norberto Borges y unos cuantos más. Y la que más se prestaría a una novela de aventuras o a una película bien hecha: El triste intento de invasión de Cumaná a bordo del Falke, en el que participaron dos generaciones y muchos anacronismos, además de Román Delgado Chalbaud, Panchito Alcántara, José Rafael Pocaterra, Armando Zuloaga, Rafael Vegas y, desde tierra, Pedro Elías Aristeguieta y su familia. Con el Falke y el alzamiento de Gabaldón, ambos en 1929, finalizarían los últimos restos de una forma de hacer política en la nación venezolana. El general Gómez, para defenderse, había creado así, por vez primera y para siempre, la institución armada de Venezuela que tanto daño le ha hecho al país. Su período presidencial, de acuerdo a la nueva Constitución, sería de 1910 a 1914. Y en 1913 empezaron de verdad los problemas y se terminó la Alborada. La sucesión y el continuismo, las mismas enfermedades provocadas por el veneno de la ambición en Páez, en Monagas, en Guzmán Blanco, en Andueza Palacio, en Crespo, se convirtieron en el detonante de un cuarto de siglo de tiranía. La Alborada había sido un espejismo.
Sin embargo, independientemente de su condición de dictador, hay que reconocerle a Gómez su increíble habilidad para seleccionar gente capaz y ubicarla en puestos en donde rendirían grandes beneficios para el país. Tal fue el caso de Román Cárdenas (1862-1950), ingeniero tachirense a quien Gómez nombró Ministro de Obras Públicas en 1910 y en 1912 quiso designar Ministro de Hacienda. Cárdenas, antes de aceptar, pidió que se le permitiera estudiar lo relativo a las finanzas públicas en Londres, y así lo hizo antes de encargarse del Ministerio de Hacienda en enero de 1913. Fue el verdadero creador de la Hacienda Pública, y entre sus muchísimos otros logros está el haber establecido la unidad del tesoro y haber creado un fondo de estabilización macroeconómica que le permitió a país, entre otras cosas, no sufrir las consecuencias de la I Guerra Mundial, y que por mantenerse durante muchísimo tiempo sirvió también para palear las consecuencias de la Gran Crisis de 1929. La muy sana política hacendística de Cárdenas duró hasta la década de 1970, cuando la aparente bonanza petrolera acabó con la prudencia y catapultó el país hacia el desastre.
No hay que descartar, desde luego, lo que con mucho acierto señala Tomás Polanco Alcántara: La dictadura unipersonal de Gómez se inicia en tiempos en los que el idealismo del presidente norteamericano Woodrow Wilson pone en jaque a las dictaduras latinoamericanas, y buena parte de las acciones y omisiones de Gómez en esos años tienen esa causa. Esa situación hará crisis en 1917, en plena Gran Guerra, cuando, habiendo renacido el fantasma de las ganas alemanas de ponerse en la Isla de Margarita y ante la germanofilia de Gómez, la diplomacia venezolana tiene que hacer milagros, y los hace, para que el general tachirense no vea su país invadido y pueda seguir adelante, según Tomás Polanco Alcántara.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz
La primera Sociedad
La Niña enferma
La otra villa rival
La Carta sobre la mesa
La niña muerta
El héroe de la película
Un Bolívar, ida y vuelta
El malo de la película
El circo de Belcebú
La Campaña Abominable
Las dificultades del hombre
El héroe local
El Infierno desde adentro
Los días del Purgatorio
“De la Gloria los orbes están llenos”
El santo de América
En la cumbre de la guerra y de la paz
Tiempos de júbilo
El comienzo del fin
La inquieta paz de los cementerios
La etérea puerta del Limbo
El limbo y el laberinto
El verdadero fin de la fiesta
El alegre triunfo de la muerte
Coda

El Paraíso Desperdiciado
(Venezuela después de la Independencia)

Obertura
Los Primeros Días de la Noche
El Primer Ataque de la Bestia
Astrea se pasea cantandito por Venezuela
El Medio-mantuano
El Mantuano secundón
El hermanito
El camino del infierno
En la alegría del Infierno
Peor que el Infierno
Tiempo de bostezos
El Gran Arquitecto del Universo
Heredarás los vientos
El Supremo Director de la Patria que lo Aplaude
El Agachadito
Más te Valiera Estar Duerme
Abajo el Continuismo… Viva la legalidad…
¡Viva el Mocho Andrade!
La Muerte del Siglo
Duendecillo entre titanes
La Campaña Deleznable
La Batalla Deleznable
La corte de los milagros
El Pirro Tropical, o Garibaldi ¡Pum!
La Cordillera Partida
El Preludio de La Alborada
La Alborada del Tirano

 

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Del turismo rural y vivencial de Hatun Kolla (Pueblo Grande) en la región Puno - Perú

por Régulo VILLARREAL DOLORES

I

Los días 16, 17 y 18 de Julio 2009, estuve en Puno en compañía de mi pequeño grupo familiar danés, que había viajado conmigo al Perú. Del Cuzco partimos en bus. Durante el viaje los ojos a dialogaron con el imponente paisaje andino; y, luego de unas horas agradables de viaje, arribamos de noche, a la ciudad de Puno. En el terminal de buses de la ciudad fuimos recibidos por el Coordinador General de la Unidad Operativa de la Red Peruana Europa en Puno y Director de IDRA, profesor Eliseo Fernández.

No conocía personalmente a Eliseo sino a través de los múltiples correos electrónicos cursados recíprocamente relacionados con nuestra Institución. Eliseo es un hombre andino de mediana edad, estatura, 1.62, estándar en los peruanos, de piel cobriza, de mirada amigable, de movimientos pausados y de hablar parsimonioso. Como sabía que iba delicado de salud (en estado de convalecencia luego de una operación en el colon) el buen compañero Eliseo y su esposa, me habían esperado con la idílica ofrenda fraternal traducida en medias, guantes, bufandas y gorros de lana (para 8 visitantes que conformaba mi comitiva) para enfrentar mejor el inclemente frío de 3.860 msnm de su región. Durante el tiempo que estuvimos en Puno, recibimos en todas partes, ese mismo trato cordial de amigos que nos deparó Eliseo y su familia en el terminal de buses de Puno.

Para el siguiente día de nuestra llegada a Puno, Eliseo nos tenía organizado un tour a la isla Taquile. En el trayecto que dura aproximadamente dos horas Lago Titicaca adentro, pasamos compartiendo vivencias con los Uros, en sus islas flotantes. Degustamos la parte tierna, blanca, la que está en contacto con el agua, de la infalible totora, que sabe casi, a espárragos frescos; compramos artesanías e hicimos paseos en los famosos caballitos de totora (pequeñas balsas a remo). En mi visita de julio 2009 al mítico Lago y sus misteriosos habitantes, noté un cambio reconfortante en relación a mi pasada visita del año 2004. Los pequeños poblados por donde pasamos, no eran los mismos de antes estando en el mismo lugar (El Lago). El botón de muestra del cambio que saltaba a la vista era la presencia de unos paneles solares para capturar calor, y, antenas satelitales, que conectan ahora, vía internet, a los Uros con el resto del mundo.

A mi regreso a Puno, comentando con Eliseo sobre mi observación, éste me informó que debido a los abusos de las agencias de turismo, los enroscamientos de los guías turísticos con algunos restaurantes y hospedajes que privilegiaban con los ingresos generados por el turismo, dejando al margen de la participación, a la mayoría de los habitantes del lugar, las autoridades, por presión de los pobladores organizados, habían determinado beneficiar a todos los pueblos al interior del Lago, canalizando por turnos, los pasos de las pequeñas embarcaciones que transporta a turistas con destino a Amantan o Tequila, las islas más grandes dentro del Lago Titi Caca. Así pues, ahora no son las agencias, ni los guías que deciden a qué restaurante conducir a sus grupos, sino, un comité de administración que fija los turnos de una manera democrática, comunitaria, compartimentada, de los beneficios generados por el Lago Titi Caca, patrimonio de todos los puneños.

En ese aspecto, Puno ha superado a otros destinos turísticos del sur del Perú, como Cuzco y Arequipa, en donde los ingentes ingresos de divisas dejadas por el turismo, solo beneficia a los empresarios del sector y condena a la inmensa mayoría de su población, a la humillante condición de pedigüeños implorando “one dollar” a los turistas, para subsistir.

La experiencia democrática en la administración colectiva de los recursos y legados culturales emprendida por Puno, debería cohesionar más en todo el País, en donde la población organizada, exija, a las empresas de turismo, a separar, por lo menos el 25% de las utilidades netas a favor de la población de las regiones. El dinero que ingresaría por ese rubro, serviría para generar trabajo para la población; mejorar las infraestructuras, proteger los santuarios, mejorar las escuelas, crear y subvencionar guarderías infantiles y casas de ancianos/as desprotegidos/as, entre otras cosas. Esa falencia de organización y conciencia de respeto por usufructuar recursos del país sin invertir y sin aportar, se ha visto claramente, en la reciente tragedia sufrida por los habitantes de Aguas Calientes de Cuzco. Es inconcebible que las empresas turísticas del lugar, no tengan un fondo de socorro inmediato para su región, separando aunque que sea el 1% de los millones de dólares que ingresa (más que a ninguna parte del Perú) al Cuzco, por concepto de turismo.

II

Durante el Estado Confederado de los Incas, Atún Kolla (Pueblo Grande) fue la capital del Collasuyu, los vestigios arqueológicos (en Sillastani, Patas, Cacsi) sembrados en forma de chullpas cilíndricas o los Intiwatanas (Lugares en donde se amarraba el sol para aprehender su luz y calor) en las vastas estepas del Departamento altiplánico del Perú, son las evidencias del garbo como sello grandioso del pasado cultural e histórico del lugar. Por alguna razón que nunca se sabrá; del enigmático Lago Titi Caca surgieron las expresiones culturales más grandes de nuestro país y continente, las mismas que han quedado graficadas en la arquitectura, cerámica, agricultura planificada, domesticación de auquénidos, de tubérculos, etc.

Así mismo quedará flotando en la imaginación como una bola de cristal de acertijos, porqué la zona Atún Kolla, especialmente Sillustani, fue escogido como el lugar del eterno descanso de Tiawanacos, Qollas y Quechuas. Se considera a Sillustani - ¿Reposo de las garras o Asiento delicado cogido con la yema de los dedos? (Sillu = Uña + Tani = Asiento o Reposo) uno de los necrópolis más grandes del mundo, que guarda celosamente signos de historia y se hace inolvidable para cualquier visitante, por sus enormes torres funerarias. Los españoles al ocupar militarmente la capital del Tawantinsuyu, no encontraron cementerios que justiciasen la Capital de un Estado poderoso como el de los Incas; y la creencia apunta a que Sillustani, como el Campo Santo real de los creadores del Estado Confederado de los Incas .

Partimos de Puno con dirección a Atún Kolla, en dos camionetas. La ruta que tomamos fue hacia Juliaca, hasta un lugar de desvío a Sillustani; y, de ahí, continuamos hacia el lugar de nuestro destino, por un camino asfaltado. Atún Kolla queda a unos 30 Km al norte de la ciudad de Puno.

Sillustani, luego de invitar a una caminata entre piedras y silenciosos insulares, empuja de repente al sorprendente impacto de las cristalinas aguas la laguna Umayo (a lo mejor ¿Lago con Cabeza? Uma = Cabeza, sufijo Yo, como genitivo = De o Con). Y, como todo en los Andes se explica mediante mitos y leyendas, los lugareños aseguran que la laguna es el resultado de las lágrimas de una desconsolada princesa que había llorado hasta exprimirse totalmente y quedar convertida en una piedra. Nadie dice porqué, ni por quien lloraba la pobre princesa, a lo mejor por su príncipe, porque este se decidiera estudiar para sapo, para despertar luego con besos pegajosos, a las bellas durmientes. La Laguna Umayo misma, parece una bella durmiente, retozando de vez en cuando con los románticos vuelos de las garzas. El caso es que el color azul del lago, en medio en una planicie con protuberancia de cerros como rostros quemados por el frío y el sol, penetra al espíritu con la fuerza seductora de una mirada nórdica, encandilando cielos y soledades.

El paquete turístico que ofrece el tour a Atun Kolla comprende: Visita a museos de sitio; Caminata con Llamas, Participación en la elaboración de artesanía, Preparación de comida con productos del lugar; competencia a remo en la laguna Umayo, participación en labores agrícolas y, socialización con los pobladores del lugar participando de sus fiestas. Mis compañeros daneses quedaron fascinados por el lugar, la experiencia de comer pan de quinua, papas con queso fresco y carne de alpaca; y, sobre todo, el buen trato de los compañeros del Turismo Rural Vivencial de Atun Kolla. Nuestra anfitriona en Sillustani fue la casa Alli Wasi (Buena Casa) de la señora María Valdivia Chávez y esposo. El joven Abelyan Roque Valdivia, hijo del matrimonio, estudiante de turismo, nos acompañó todo el tiempo juntamente con Eliseo; informándonos e indicándonos lugares y hechos interesantes de su comunidad.

En Sillustani nos cupo la suerte de participar en la multitudinaria y colorida fiesta de la Virgen de la Candelaria, con varios grupos de danzantes de diabladas, llameradas, cullahuadas etc., enmarcados dentro de un ambiente competitivo comunal que exalta el trabajo en equipo, el prestigio de su colectivo en los vestuarios de sus danzantes, el profesionalismo de sus músicos, e incluso, en el mejor trato a sus visitantes. Las competencias comunitarias que inciden mucho en la emulación, son totalmente diferentes a la “competitividad” rapaz y salvaje del capitalismo que desencadena envidias, odiosidades y venganzas por ser el endiosamiento del individualismo ramplón, cuya máxima aspiración es la ganancia monetaria a como de lugar, sin importar ni métodos ni medios para lograrlo.

Las competencias comunitarias manifestadas en sus fiestas populares, empiezan a aplicarse en el control colectivo de los bienes y recursos naturales e históricos de las comunidades y en la generación de Turismos rurales y vivenciales. No cabe duda que sólo los pueblos organizados y en movimiento, detendrán la corrupción que genera pobreza e injusticias en nuestro país. De los pobres saldrá la respuesta contra la pobreza y no de los políticos rastreros, ni de los gerentes del hambre, los economistas neoliberales. Y es obligación moral de los peruanos de adentro y de afuera, alentar, estimular y ayudar a crecer experiencias como la de Puno, cuya iniciativa tiende a generar fuentes de trabajo por los propios peruanos. Y la forma de apoyar esas iniciativas colectivas, es solidarizándonos, recomendando a amigos y conocidos de Europa, Asia, Norte América, etc., para que vayan visitar a nuestros pueblos, que conozcan nuestra cultura, que paguen a nuestros hermanos por sus servicios, en lugar de enviar representantes con sueldos en dólares, sólo para sacar fotos de la pobreza material de nuestros pueblos y exhibirlos luego, en lugares de lujos, con ínfulas de “redentores”.

Lo destacable y aleccionador del Turismo Rural Vivencial de Atun Kolla para todo el Perú, es la participación colectiva y comunitaria en el cuidado de su fauna y flora locales, y, la explotación racional de sus recursos y herencias arqueológicas.

Si bien es cierto que los lugares arqueológicos del país, en su vigilancia y guardianía legal está a cargo del Estado peruano a través del INC, el cuidado y mejoramiento de caminos de acceso, seguridad y mantención de limpieza de los santuarios y buen trato a los visitantes, etc. es cosa de los habitantes de cada lugar, región o zona, por ser permanentes y directos responsables de sus legados, y no de los yermos burócratas temporales sin otro interés que calentar sus asientos y refrescarse con la esperanza mensual de sus sueldos.

En ese contexto, la Asociación Asturis e IDRA Perú, hacen un trabajo loable para su región. La comunidad organizada ha construido hospedajes vivenciales consistentes en 15 casas (por ahora) de aspectos rústicos, de piedras y barro, pero, muy cómodos y funcionales interiormente. Los hospedajes, pequeños, con techos bajos, concebidos para amortiguar el frío kollawino, son muy agradables, con dormitorios con baños privados. Y lo mejor de esa experiencia de turismo rural y vivencial, es que los anfitriones, a pesar de su excelente amabilidad, cuidan la intimidad de sus familias. Los turistas se llevan la imagen y el recuerdo del buen trato y la mejor acogida, y no el morbo de haber convividos con gente muy pobre. En muchos lugares observé con indignación y dolor, cómo, los arrogantes guías turísticos, por comunicarse en inglés con los visitantes, se creían diferentes y con derechos a mostrar, sin ningún pudor y sin el consentimiento de los anfitriones, las intimidades de las familias, metiéndose hasta la cocina en donde se refugian los cuyes por no entender idiomas extraños, para decir “así viven estos indios”.

Es un honor para la Red Peruana Europea, tener al compañero Eliseo Fernández y su organización Idra Perú, como Coordinador de su Unidad Operativa en Puno. Idra Perú, juntamente con la Asociación Asturis y las diferentes comunidades campesinas del lugar, están impulsando el dignificador Turismo Rural Vivencial en Atun Kolla y ojalá se extendiera por todo el altiplano, primero, por todo el país, después. Las organizaciones de peruanos en el exterior están invitadas a participar en estas cruzadas concretas de lucha contra la pobreza y la corrupción, en lugar de fabricar órdagos triunfalistas u oraciones de consuelos anuales en forma de chocolatadas de la caridad, que no conducen a ninguna parte, ni a los caritativos, ni a los destinatarios de la lástima.

Régulo Villarreal Dolores
Coordinador Colegiado de la Red Peruana Europea y Red Peruana Mundial, Dinamarca.

Contacto con Turismo Rural Vivencial en Atun Kolla- Puno.

Contactos:
Idra Perú idraperu@hotmail.com
Julio Vilca qollawasi@hotmail.com
Serafín Colca Ayrampuwasi@hotmail.com
Román Paredes rumiwasi@hotmail.com
Santiago Monteagudo santiwasi@hotmail.com
María Valdivia Chávez Alywasi@hotmail.com
Hugo Colca Cel. 051-951502640
Martín Montiel martinwasi@hotmail.com
Nicolás Colca arcowasi@hotmail.com

Régulo Villarreal DoloresRÉGULO VILLARREAL DOLORES nació el 30 de marzo 1949, en el Departamento Ancash, Perú. Muy joven, luego de seguir estudios en el Instituto Superior de Periodismo JAIME BAUSATE Y MESA, en Lima, emigró a Dinamarca, en donde se estableció definitivamente. Es Co-fundador del Grupo Cultural NUCLEO DE POETAS Y ESCRITORES RADICALES - NEPER- Lima, y ha obtenido, entre otros, el 1er Premio de poesía en los JUEGOS FLORALES del Colegio Nacional Nocturno San Marcos, Lima 1972, el 1er Premio de poesía XXXIII Aniversario del Ministerio de Salud Pública, Lima. Es Miembro de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas - ANEA – Lima, Perú y de la Asociación de Escritores Daneses.

 
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El Preludio de La Alborada

por Eduardo CASANOVA

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

III

El Paraíso Desperdiciado

(Venezuela después de la Independencia)

El Preludio de La Alborada

Parecería que uno de los objetivos de la “Aclamación” es el de enterrar la cabeza, como los avestruces, ante la realidad del país. Ruptura de relaciones diplomáticas con Colombia, suspensión de servicios a causa de la deuda pública, una imagen horrible fuera de las fronteras. Todo conforma un cuadro nada halagüeño mientras se gastan recursos enormes en aquella absurda y falaz fiesta colectiva, en aquel “plebiscito” que anuncia, agorero, una caricatura que se producirá algo más de medio siglo después. Fiestas, óperas, arcos de triunfo, estreno de valses, toda una explosión de alegrías que no dicen nada. Ni podrán evitar lo que ya está en marcha.
No es sólo la caída política, sino la física de Castro, lo que aquellas falsas fiestas no podrán disimular. El doctor José Rafael Revenga, médico de cabecera del pequeño dictador, se volvió uno de los hombres más poderosos del país. A comienzos de agosto ya no era posible disimular que el hombre tenía los riñones en muy mal estado. Producto de sus excesos y sus locuras. Fue a Macuto a buscar una salud que lo había abandonado. Revenga lo acompañaba, e hizo viajar a Macuto varias veces a los mejores médicos disponibles. La economía de la nación se paralizaba día a día. Dependía en buena parte de la bacinica del señor presidente de la república. La política también. Y empezaron a perfilarse candidaturas, por si acaso. Gracias a la actitud altiva y digna de doña Zoila, Juan Vicente Gómez crecía. Cuando los ambiciosos y serviles se quedaban afuera porque el presidente no atendía a nadie, el compadre estaba adentro conversando con la señora. A Gómez, sin duda, lo había picado ya la extraña ponzoña que riega en las venas la ambición y hace que los hombres cambien, que se conviertan en personas distintas, capaces de traicionar a sus propias madres por alcanzar esa tal “gloria” que los hace verse héroes invencibles.
Había ya una guerra soterrada con múltiples formas de desarrollarse. Los tachirenses, quiérase o no, o son castristas o son gomistas. Y los demás tendrán que seguir a quien gane la guerra.
La fractura andina se hará ya inevitable, y hasta definitiva, con el llamado Movimiento de la Conjura. Porque es entonces cuando extraños hacen quebrar una amistad de años y siembran la desconfianza y hasta el odio entre dos compadres paisanos y coetáneos, que hasta entonces se habían complementado a la perfección. Los “conjurados” se han propuesto conseguir que, en caso de que falle la augusta ciencia de Revenga, no sea Gómez el sucesor de Castro, sino Panchito Alcántara. Los principales alentadores del movimiento, además de Panchito, son el propio Revenga y Román Delgado Chalbaud.
Las cosas se complican más aún con el asesinato del gobernador del Distrito Federal, Luis Mata Illas, margariteño nacido en 1865, que era médico y fue cónsul de Venezuela en Cúcuta cuando Castro estuvo exiliado, ocasión en la que se hicieron amigos. Después de ocupar varios cargos, entre los que llama la atención el que haya sido ministro de Obras Públicas, fue nombrado gobernador de Caracas. Fue uno de los más activos organizadores de la Aclamación de Castro, y quizá por ello lo buscó en un botiquín de Puente hierro Eustoquio Gómez, que gritaba vivas a su primo. Después de matar al gobernador, el primo del Vicepresidente, acompañado por una nutrida escolta de tachirenses armados, se fugó por los lados de El Valle. Poco después fue capturado y condenado a quince años de prisión, pero apenas estuvo en La Rotunda algo más de dos. Fue liberado por su primo hermano en 1909, mediante en viejo y actual recurso de influir en una decisión de la Corte Suprema (que anuló el veredicto de primera instancia) y con el nombre de Evaristo Prato, quedó encargado de una lóbrega prisión del Zulia, el famoso Castillo de San Carlos. Tales fueron sus desafueros, que debió dejar el cargo y refugiarse en Maracaibo. Luego será gobernador del Táchira, la tierra de los Gómez, en donde paralelamente hizo un gobierno de algún progreso material y de la más feroz represión, al extremo de que nuevamente su primo debió separarlo del cargo. En 1929, a raíz del alzamiento del general José Rafael Gabaldón, fue nombrado gobernador de Lara con instrucciones de no dejar títere con gorra. A la muerte de su primo, fue protagonista de uno de los hechos más importantes de aquel momento, del que hablaremos a su debido tiempo. En aquel febrero de 1907, al Gobernador Mata Illas lo sustituyó inmediatamente su segundo, el general Domingo Antonio Carvajal, que murió de un infarto a las pocas horas, en pleno velorio de su antecesor, por lo que el Gobierno designó Gobernador al Doctor Ángel Carnevali Monreal (que moriría preso en La Rotunda muchos años después). Circuló entonces en Caracas una divertida copla de humor negro, que decía: Mataron a Mata Illas / y se murió Carvajal; / y tenemos en capilla / a Carnevali Monreal.
Y quizá haya sido producto de aquel florecimiento de violencia la decisión radical de Castro de hacerse operar. El 9 de febrero de 1907 los doctores Pablo Acosta, José Antonio Baldó, Adolfo Bueno, Eduardo Celis, Lino Antonio Clemente, David Lobo y José Rafael Revenga tomaron en sus asépticas manos la vida de la nación. Con éxito. Pero apenas tres días después el enfermo decreta su propia muerte política cuando ordena, desde su cama el asesinato del general Antonio Paredes, el único enemigo que no le ha pedido cuartel, que ha sido apresado con quince oficiales en El Rosario, cerca de Morichal Largo, por los lados del Orinoco. Un extraño telegrama que dice DECADACTILO, UTERINO, DATA, INMINENCIA, OREBEL, DEBILMENTE, FUSTE, ABADEJO, PARURO, HUSMEO, SUBCLASE, OFRECIMIENTO. Aviseme recibo. HUSMEO CUÑA. D. y F. Cipriano Castro, fechado el 13 de febrero de 1907 se va a convertir poco después en la prueba central de que el presidente ordenó el asesinato. Vertido a lenguaje abierto el telegrama dice: Debe usted dar inmediatamente orden de fusilar a Paredes y su oficialidad. Avíseme recibo. Y cumplimiento. D. y F. Cipriano Castro. Otro telegrama miente al pretender que Paredes y los suyos intentaron escapar y murieron en el intento, como para ratificar que había culpa en quienes los mataron. Héctor Luis Paredes, hermano del general asesinado, no le tiene miedo al que mató a su hermano y se convierte en tenaz acusador del Cabito. En cierta forma se logra un equilibrio ante la historia, porque si valencianos fueron los del triste “Círculo” que encumbraron y desviaron a Castro, valencianos eran los hermanos Paredes, que desde un círculo de valentía lo bajaron de su ridículo pedestal. Y en ese camino, la figura de Juan Vicente Gómez empieza a crecer como el anti-Castro. Poco más de un mes después de su operación, el 18 de marzo, Castro está de nuevo en Miraflores. Pero en verdad no ha recuperado la salud. Ni la física ni la espiritual. Según Picón Salas, “parece un neurótico personaje de Suetonio; un César enfermo de fiebre y hastío.” Quizá lo persigue la maldición de Antonio Paredes. Pronto se formaliza la acusación ante la Corte Federal y de Casación contra Cipriano Castro “por el homicidio intencional ejecutado en la persona del general Antonio Paredes y de varios individuos de tropa en la madrugada del 15 de febrero de 1907.” Manuel Paredes, otro hermano de Antonio, lleva adelante el proceso, en el que se probará más allá de toda duda la culpabilidad de Castro, aunque formalmente no se le haga pagar condena alguna, salvo el terrible fracaso que desde entonces le pesará como un Potosí sobre su exilada y enferma cabeza.
No hay que perder de vista que Castro, lejos de representar un cambio de rumbo de la Venezuela del fin del siglo XIX, es la exacerbación de todos los vicios que tanto daño le habían hecho al país. No sólo no cumplió con aquellos de “Nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos”, sino que todo lo que hizo fue ratificar y hasta aumentar lo viejo. El sencillo y centrado Juan Vicente Gómez se fue convirtiendo, poco a poco, en algo así como la antítesis de Castro, y ello explicado mucho de lo que pasó entonces.
Pésimas relaciones con el extranjero, un brote de peste bubónica, la supuración renal de Castro, jalonan el año de 1908. Parecería como si su buena suerte se hubiera alejado para siempre. Doña Zoila insiste en que su marido debe ir a buscar salud a otras latitudes y dejar al compadre, que es andino y no centrano, a cargo de la ponzoñosa silla. Cuidándosela para cuando regrese ya curado. Y el 24 de noviembre de 1908, a bordo del buque francés “Guadaluope”, el Cabito parte rumbo a Europa. A despedirlo baja hasta el “Zig-Zag” de la carretera el compadre Juan Vicente. El Cabito ha dejado públicamente sus instrucciones: “Rodeadlo y prestadle vuestra consideración como si fuera a mí mismo, y habréis cumplido con vuestro deber.” Gómez, de quien se afirmaba que cuando un tachirense iba a quejarse de algo que le habían hecho Castro o los “centranos” le decía: “Esta la ganamos de a pa’trás, ya las ganaremos de a pa’lante”, el 19 de diciembre de 1908, cuando se completó el proceso de desplazamiento de su compadre, las ganó todas de a pa’lante. La excusa, si es que la hubo, fue un telegrama apócrifo que se dijo le había dirigido Castro a Pedro María Cárdenas, gobernador del Distrito Federal, con un texto que, evidentemente, no se parece a los de Castro: La culebra se mata por la cabeza. Todo indica que en ningún momento Castro envió el mensaje, y aun si lo hubiese enviado, ¿por qué ese refrán tan común y campesino tenía que ser una orden para que se asesinara a Gómez? Se ha dicho que quien dirigió aquella conspiración, quien llevó de la mano a Juan Vicente Gómez a la silla, fue su tío José Rosario García Bustamante, cucuteño, hijo legítimo de su abuelo paterno, abogado y sibilino, y tres años menor que su sobrino, puesto que nació en Cúcuta en 1860. Fue buen asesor de Gómez, aunque posiblemente se haya exagerado en cuanto a la influencia que en realidad ejerció. Pero, en cualquier caso, parece ser que sí fue él quien inventó el famoso telegrama ofidio.
Cierto o falso el telegrama, real o imaginaria la amenaza de Castro, Juan Vicente Gómez, compadre, amigo y sucesor de Castro que apartó del camino con muchas dudas, el 19 de diciembre de 1908 a su amigo, compadre y antecesor. Seis días antes, como parte de ese proceso hamletiano y en medio de las presiones que lo conminaban a dar el gran paso, prácticamente fue obligado a salir al balcón de la Casa Amarilla porque en la plaza el pueblo se había concentrado para auparlo y a rechazar al viajero, y que entonces pronunció el discurso más breve que haya dicho un político en Venezuela. La parquedad del discurso (¡Pues cómo le parece a los amigos que el pueblo está callado!, según Pocaterra, o El pueblo está en calma, el pueblo está tranquilo, según otros (Manuel Caballero), puede haberse debido a esas dudas, a ese no decidirse a darle el zarpazo a Castro, no sólo porque era su amigo y su compadre, su pariente espiritual, sino porque no dejaba de tenerle respeto a la habilidad de aquel que sabía capaz de urdir cualquier trama, y todo podía ser una celada. “El pueblo está callado”, o “el pueblo está tranquilo”, aun cuando Leopoldo Baptista y Juan Pietri hacían de Madariagas e incitaban a ese pueblo a manifestar el apoyo que ellos aseguraban tener, bien podría indicar que no veía ese entusiasmo del que le habían hablado los conspiradores. Los testimonios que hay sobre el momento no son muy de confiar y es algo que no podrá saberse jamás, pero que fue, como dice Manuel Caballero “uno de esos momentos decisivos en los que nadie quiere decidirse.” Dado el golpe, ganado todo de a pa’lante, para facilitar el reconocimiento exterior, discretamente hace llegar a la Corte Suprema el material sobre el intento de asesinato dispuesto por Castro y acelera el proceso que se le sigue al viajero de Berlín por el asesinato de Antonio Paredes. La Corte (no será la primera ni la última vez) obedece al jefe del ejecutivo y pronto la destitución de Castro estaría arropada por un manto de legalidad. Y hasta se le dictará auto de detención al hombre de los riñones supurantes, que ya ha sido suspendido del cargo de presidente, por el homicidio del honorable y valiente general asesinado en el Orinoco.
Consumado todo, mucha gente creyó que la luz había vuelto al país, entre ellos Rómulo Gallegos, sus amigos, y el gobierno de los Estados Unidos. En el Superego de los venezolanos había un rechazo al militarismo (Ya Venezuela no quiere guerra / porque esta tierra se va a arruinar…), y a Gómez, a pesar de su título de general, no se le percibía como un militar, sino como una ganadero, una hacendado parco en palabras y fértil en hijos (97, y hasta 100, dicen que tuvo, y llevaba un registro casi contable de todas las mujeres con las que tuvo relaciones, indicando en cada caso los hijos que le habían dado), la contrafigura de Castro, que desde entonces y hasta su muerte, que fue en Santurce, Puerto Rico, el 5 de diciembre de 1924, vagó como un ánima en pena perseguido por la saña de los norteamericanos, los europeos y su compadre y trató por todos los medios de explicarse, de hacerse ver como el que quiso salvar a la América humana sin que lo dejaran.
Y en verdad los primeros días de Gómez fueron de equilibrio y hasta de luz. Por esas extrañas piruetas de la política, en su primer gabinete había viejos castristas, viejos gomistas, liberales amarillos, mochistas, personajes de la “Revolución Libertadora” y hasta integrantes de la célebre “Conjura” (nada menos que Panchito Alcántara). Bien se podía hablar de una auténtica reconciliación nacional que se hacía, además, en medio de un ambiente de libertad de prensa y de tolerancia. Volvían los exilados, salían los presos de las cárceles. Todo era sonrisas. Se conjugaban el deseo de paz (Ya Venezuela no quiere guerra…) y el contraste de personalidades existente entre Gómez y Castro.
Prácticamente todo el mundo estaba convencido de que Venezuela había logrado la perfección: el gobierno de un padre sabio y bondadoso. Pocos, muy pocos, fueron los capaces de prever lo que se les venía encima.
La Alborada, que fue como calificaron Rómulo Gallegos y sus amigos aquella Luna de miel inicial, pronto se convertirá en antesala del infierno, cuando el hacendado, el kulak de La Mulera, haga del país su feudo.
La diosa Caudilla, llamada también Ambición, volvía a triunfar en el Olimpo venezolano.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz
La primera Sociedad
La Niña enferma
La otra villa rival
La Carta sobre la mesa
La niña muerta
El héroe de la película
Un Bolívar, ida y vuelta
El malo de la película
El circo de Belcebú
La Campaña Abominable
Las dificultades del hombre
El héroe local
El Infierno desde adentro
Los días del Purgatorio
“De la Gloria los orbes están llenos”
El santo de América
En la cumbre de la guerra y de la paz
Tiempos de júbilo
El comienzo del fin
La inquieta paz de los cementerios
La etérea puerta del Limbo
El limbo y el laberinto
El verdadero fin de la fiesta
El alegre triunfo de la muerte
Coda

El Paraíso Desperdiciado
(Venezuela después de la Independencia)

Obertura
Los Primeros Días de la Noche
El Primer Ataque de la Bestia
Astrea se pasea cantandito por Venezuela
El Medio-mantuano
El Mantuano secundón
El hermanito
El camino del infierno
En la alegría del Infierno
Peor que el Infierno
Tiempo de bostezos
El Gran Arquitecto del Universo
Heredarás los vientos
El Supremo Director de la Patria que lo Aplaude
El Agachadito
Más te Valiera Estar Duerme
Abajo el Continuismo… Viva la legalidad…
¡Viva el Mocho Andrade!
La Muerte del Siglo
Duendecillo entre titanes
La Campaña Deleznable
La Batalla Deleznable
La corte de los milagros
El Pirro Tropical, o Garibaldi ¡Pum!
La Cordillera Partida
El Preludio de La Alborada

 

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La guerra con Colombia

por Gonzalo PALACIOS G.

VENEZUELA XXI: La Revolución de la Estupidez es el título del libro más reciente de Gonzalo Palacios Galindo. Lo que sigue es continuación de VENEZUELA XXI: CHÁVEZ Y SUS ARMAS NUCLEARES (LITERANOVA, 20 febrero 2010).

Como decía más arriba, la ESTUPIDEZ se cura en silencio, adueñándonos de la Realidad a nuestro alrededor por medio de la acción del intelecto, que es una actividad espiritual, es decir, del alma (psyche) y no del cuerpo (soma). El cuerpo hace todo tipo de ruidos cuando funciona (bien o mal); no así el alma. Los ruidos del cuerpo interrumpen las actividades del alma. Buscar la incógnita de una simplísima ecuación (2x=4), la respuesta a una fácil pregunta de literatura (¿Porqué no especificó Cervantes el “lugar de la Mancha”?), o la fecha en la que Bolívar tiró la toalla (“he arado en el mar”) implican un breve momento de silencio en el que nuestro intelecto encuentra la solución archivada entre las neuronas cerebro.1 Basta que alguien pee en ese instante, así sea el que está pensando, para que esa acción somática interrumpa el silencio de la psíquica, ya sea por su ruido o por su olor. En tal caso, se deshace el proceso curativo de la inteligencia y se afianza aún más la ESTUPIDEZ. Así le ocurre a Hugo Chávez en relación a Colombia:
“Cada vez se está hablando más de una posible guerra con Venezuela. ¿Cómo se llegó a semejante insensatez?”2

Se ha escrito hasta la saciedad sobre el estado mental del dictraidor Chávez, que si sufre de paranoia, de delirios de grandeza, complejos de inferioridad o superioridad, esquizofrenia, demencia, o, como decimos los viejos venezolanos, que “perdió la chaveta:” simplemente es un ESTÚPIDO. Cuando las relaciones entre los dos países se reducen a las comerciales, por las que todos nos beneficiamos, la tranquilidad reina en la frontera colombo-venezolana. Recuerde el lector que la ESTUPIDEZ no soporta el silencio ni la tranquilidad que nos permite pensar; entonces el nuevo “cabito” de la VENEZUELA XXI, abatido por la enfermedad que lo acosa, la ESTUPIDEZ crónica, grita y vocifera que vamos a la guerra con nuestros hermanos colombianos 3. Suenan las armas, se escucha el ruido de los aviones, del temblor de los tanques de guerra, y hasta un mal entonado Himno Nacional interrumpen el silencio de la paz auténticamente bolivariana, esencial para curarnos en salud. La ESTUPIDEZ del dictraidor contagia al que fuera un bravo pueblo:
¿Guerra con Venezuela? Hasta hace muy poco esa noción era totalmente absurda para cualquier colombiano. Un conflicto armado con un país hermano con el cual se tiene una dependencia comercial y vínculos históricos que datan desde la independencia, no tiene ni pies ni cabeza. Sin embargo, al comenzar 2010 ese imposible comienza a ser objeto de discusión. Y sin que nadie entienda muy bien por qué [la definición de ESTUPIDEZ], en los últimos días se está hablando más y más de guerra.4

Hugo Chávez, un ESTÚPIDO no puede regir a Venezuela: ¡RENUNCIE YA!

Las actuaciones del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela son las de un ESTÚPIDO a quien le “falla el coco”. Todos esos artículos escritos por médicos psiquiatras 5, por psicólogos y por reconocidos intelectuales venezolanos y extranjeros prueban claramente que “Chacumbele” 6 dejó de razonar, que ya no entiende ni su propio discurso pues lo contradice casi a diario.7

DEPENDER: INDEPENDENCIA y DEPENDENCIA de la ESTUPIDEZ.

Hablemos un poco sobre Bolívar. Mi primo cuarto de pendejo no tenía un pelo; lamentablemente, como muchos oligarcas, por flojo y díscolo permitió que su inteligencia dejase de funcionar en numerosas ocasiones. ¿De qué o de quiénes dependía la ESTUPIDEZ de Simón Bolívar y la frecuencia de sus manifestaciones? Sí, amigo lector, el Padre de la Patria cometió tamañas ESTUPIDECES que legó a quienes nos consideramos sus descendientes. Sin tener los conocimientos científicos para identificar cabalmente las razones por las cuales el cerebro de este gran hombre dejase de funcionar de vez en cuando y de cuando en vez 8, podemos afirmar que desde niño la personalidad de Bolívar era tipo Alpha 3. 9


Ingenio de Bolívar,
San Mateo, Estado Aragua.

La muerte de su esposa, la joven española María Teresa Toro (1803), lo obligó a guardar un breve y doloroso silencio durante el cual Don Simón ejercitó su cerebro y llegó a conclusiones inteligentes y hasta sabias (juramento en el Monte Sacro, 1805). Estaba en Francia cuando la cacofonía de los triunfos militares de Napoleón quien en 1805 había cometido las ESTUPIDECES de auto-coronarse, y de instalar a su hermano José como rey de España, en lugar de informar al joven viudo lo que hizo fue aturdir el cerebro del Libertador. El hecho es que al regresar a Venezuela (1807) no ejecutó su promesa de “no descansar” hasta ver la libertad de su tierra natal y más bien evitó involucrarse en el quehacer político y militar que había iniciado Miranda desde 1806. Tampoco participó nuestro Héroe en la Conspiración de los Mantuanos en Caracas (1808), refugiándose en su hacienda en San Mateo (Estado Aragua) hasta verse obligado a seguir los consejos de sus maestros Andrés Bello y Simón Rodríguez de dedicarse a la causa de la Independencia.

1 “El pensamiento supone siempre un repliegue, un retraimiento o retiro a las soledades de uno mismo, a su intimidad silenciosa,” Julián Marías, El Oficio del Pensamiento, Austral, 1969, pag. 12.

2 Así abre BOMBA DE TIEMPO, excelente artículo, en Semana, 12/01/2010.

3 BOMBA DE TIEMPO: “El primer interrogante es si Chávez está loco o no. Según Néstor Marchant, presidente de la Asociación Argentina de Siquiatras, en entrevista con La Noche, el Presidente de Venezuela “no es un alienado mental. Que se hace el loco, sí, se hace el loco, pero no entra en la categoría de alienado mental. Donde sí entra es en la sicopatía de los trastornos suaves o graves de la personalidad".

4 Ibid.

5 Por ejemplo: “Los PSICÓPATAS CARISMÁTICOS: son mentirosos encantadores y atractivos. Por lo general están dotados de uno u otro talento, y lo utilizan a su favor para manipular a otros. Son generalmente compradores, y poseen una capacidad casi demoníaca de persuadir a otros para que abandonen todo lo que poseen, incluso hasta sus vidas. Los líderes de sectas o de cultos religiosos, por ejemplo, podrían ser psicópatas si conducen a sus seguidores a causar su propia muerte:” Robert Hare, siquiatra. Dudosa proveniencia, el autor.

6 “Cuando desde TalCual lo apodamos “Chacumbele” queríamos subrayar que, como en la guaracha cubana, “él mismito se mataba", con su incapacidad, su irresponsabilidad y sus desatinos. Lo hemos hecho para mostrar el camino del barranco en el cual terminaría por hundir al país de continuar administrando con tal falta de sindéresis.” Teodoro Petkoff.

7 El 15 de enero del 2010, ante la Asamblea Nacional, “Chacumbele” declara que en su Gobierno “no están dispuestos “a callar ante la arremetida de un grupo de obispos en Venezuela”, que se subordinan a la “burguesía venezolana…” y a continuación contradice el ataque a la Iglesia: “Esta revolución es profundamente cristiana”. El 17 de enero, en “ALO Presidente” Chávez plantea un argumento para expropiar un importante centro comercial que contradice el motivo que dio para su expropiación inicial ya que señaló que, como centro comercial, causaba daños urbanísticos en la zona de la Candelaria. La instalación de Comerso generaría el mismo supuesto problema.

8 “…la infrecuencia del pensamiento lo hace cada vez más infrecuente;” Marías, op. cit. pag. 16.

9 El tipo con personalidad activa/práctica siempre está ocupado con varias actividades y o con la búsqueda de metas al mismo tiempo. Es una personalidad con poco interés por los sentimientos de los demás. Tienden a ser super-ejecutivos sin importarles las reglas y normas burocráticas. Sacrifican amistades y relaciones personales por dedicarse a su trabajo. Son personas intensas a quienes les gustan los desafíos y se fastidian a menos que confronten relaciones dinámicas y cambiantes. Los hombres con personalidad tipo A-3 dan por alto sus relaciones personales. Psychology of Relationships by Roger Moore.

Capítulos publicados:
VENEZUELA XXI, y la Revolución de la ESTUPIDEZ
VENEZUELA XXI: Chávez y sus armas nucleares

 

Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.

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La Cordillera Partida

por Eduardo CASANOVA

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

III

El Paraíso Desperdiciado

(Venezuela después de la Independencia)

La Cordillera Partida

Juan Vicente Gómez, el tercero de los “cuatro ases” de Francisco Herrera Luque (los otros son Páez, Guzmán Blanco y Betancourt) nació oficialmente el 24 de julio de 1857. Uno de sus mejores biógrafos, Manuel Caballero, lo pone en duda, o lo convierte en tema de discusión con razones bastante sólidas. Esa fecha se haría muy importante para el modus vivendi de los adulantes, al extremo de hacer cambiar una antiquísima costumbre: la de celebrar el santo, puesto que antes de que los incensadores de Gómez impusieron el 24 de julio como fecha natal del Libertador, la importante era el 28 de octubre, día de San Simón, que era la que el propio Bolívar y sus amigos y parientes celebraban. Para exaltar la coincidencia de días se dejó de lado la costumbre y se adoptó la nueva, apoyada en la adulancia a Gómez. Y a los norteamericanos.
Su infancia y su juventud fueron las normales de un propietario rural de la zona fronteriza entre Venezuela y Colombia. Tenía parientes y amigos a ambos lados de la frontera y se ganaba la vida vendiendo los productos de sus tierras, que heredó a los veintidós o veintitrés años de su padre, Pedro Cornelio Gómez, que era hijo natural de un colombiano, José Rosario García Bustamante, quien a su vez era sobrino de un prócer de segunda línea neogranadino. Junto con las tierras, Gómez heredó la responsabilidad de ser jefe de familia y producir para el mantenimiento de la madre y ocho hermanos (Indalecia, Juancho, Elvira, Regina, Ana, Pedro, Emilia y Aníbal). Tenía cerca de treinta años cuando conoció a Castro, que ya se había convertido en un personaje local y localista, y aún tardó varios años en entrar en la política (que en ese tiempo era casi sinónimo de guerra) como firme y fiel segundo del Cabito. Su “bautizo de fuego”, que fue en la bellísima ciudad de Colón, al Norte de San Cristóbal, se produjo a los treinta y cinco años, y su camino en firme hacia el poder, cuando ya su entorno excitó abiertamente su ambición y ya pasaba largamente los cuarenta.
El joven Gómez apenas recibió una educación elemental, pero no era, como quisieron hacer ver sus enemigos políticos, analfabeta. Caballero le atribuye “una letra clara, firme y vigorosa, incluso al final de su vida, aunque su ortografía y su sintaxis sean pésimas.”
Como hemos podido ver, Juan Vicente Gómez acompaña a Cipriano Castro en toda su gran aventura, desde el exilio hasta el Capitolio Nacional en Caracas. En febrero de 1901, cuando la asamblea nacional constituyente aprueba la constitución castrista, designa a Cipriano Castro presidente de la república, a Ramón Ayala primer vicepresidente y a Juan Vicente Gómez segundo vicepresidente. Jerárquicamente, su compadre ha puesto a un general liberal, guzmancista, continuista y que a última hora se unió a la “restauración”, nacido en Falcón en 1850, por encima de Gómez. Un mes después Castro corrige el desaguisado y nombra primer vicepresidente a Gómez, pero sabe que es algo transitorio, y en julio el hombre de la Mulera deja su cargo, pero no su posición de segundo hombre del régimen. Pronto tendrá otros bastante más importantes.
Mucho se ha hablado del proceso que llevó a Gómez a tumbar a Castro. Se ha dicho que Gómez actuó agazapado y de acuerdo a un plan. Se ha dicho que Castro humilló a Gómez y generó en él un resentimiento que se materializó en el golpe de mano. Se han dicho demasiadas cosas para explicar algo que no necesita explicación. Manuel Caballero sostiene una tesis que es, por decir lo menos, muy atractiva: “Gómez y Castro no son dos personas diferentes: Son una sola.” Tomás Polanco Alcántara (Juan Vicente Gómez, aproximación a una biografía, Ediciones Ge, C.A., Caracas, Venezuela, 1995), por su parte, describe con mucha agudeza el proceso del montañés que sabe esperar a que pase la neblina y no se precipita nunca, que es, en realidad, lo que hizo Gómez en ese complicado período de espera, de cacería, de búsqueda.
Castro, que era unos meses menor que Gómez, lo consideraba su hombre de confianza, su discípulo y su amigo, pero siempre su subalterno, su segundo. Gómez, a pesar de ser unos meses mayor que Castro, lo consideró su maestro, su mentor, su superior, durante mucho tiempo, hasta que cambió y resolvió dar el paso adelante y desplazarlo. Muchos fueron los factores de ese cambio, pero creo que el más importante fue el concepto que uno y otro tenían de los andinos. Hay muchas manifestaciones de esas ideas, entre las cuales es especialmente importante la contenida en la correspondencia de Gómez a Castro durante el ejercicio del poder local de Gómez Táchira, cuando se atreve a colocar a Castro en la disyuntiva de escoger entre él y Celestino Castro, hermano de Cipriano y enemigo de Gómez. Allí Gómez no sólo expresa opiniones propias y, como dice Caballero, se pone de igual a igual con su compadre, sino que demuestra que, para él, el tachirismo es un partido político que genera obligaciones. Castro, que había dicho “no cobro andinos ni pago caraqueños,” no prefirió a los andinos para gobernar. Al contrario, se apoyó en caraqueños y “centranos”. Gómez, en cambio, tenía a los andinos por mejores, por superiores al resto de los venezolanos. Es obvio que le molestaba que su compadre gobernara con los no andinos y en muchas formas lo manifestó, con el resultado de que se convirtió en el jefe de la mayoría tachirista cuando los andinos se dividieron. Cuando volvió al Táchira como jefe civil y militar, después del triunfo de la “restauración”, no se cansó de proclamar su tachirismo, y ese tachirismo fue creciendo en la medida en que su compadre y mentor le iba encomendando misiones. En todo informe que pasa al gobierno, Gómez destaca a los tachirenses por encima de todo. Por cierto que aquí se nos presenta otra de esas paradojas que jalonan la historia de quinientos años de Venezuela: Gómez fue el que integró al país, no solamente por medio de las vías de comunicación, sino que un poco al estilo de los tiempos más antiguos, movió poblaciones y repartió andinos por todo el territorio; pero, paralelamente, creó una grave división entre andinos y no andinos, entre tachirenses y el resto de la población. Ese tachirismo tendrá graves consecuencias para el país, no sólo durante la vida de Juan Vicente Gómez, sino hasta después de su muerte: en 1945 y en 1952. Y hasta en 1992.
En otro plano, los triunfos de Gómez contra la “Libertadora”, exaltados por el propio Castro, le dieron a Gómez una dimensión que muchos quisieron y supieron explotar. La quisieron explotar los gomistas para llevar a la cumbre a su jefe y la quisieron explotar los castristas para adular al suyo y tratar de apartar del camino al otro. La más clara manifestación de lo segundo fue la “Aclamación” de Castro, que en cierta forma fue el punto de partida para que se cumpliera lo primero.
La historia de la “Aclamación” de Castro es caricaturescamente simple y se parece a cualquiera de las otras “aclamaciones” que se han producido en el mágico mundo de nuestra América humana: un Cipriano Castro física y realmente enfermo, pero rodeado de adulantes y trepadores, decidió dejar por un tiempo la presidencia y encargar a su compadre del cargo. El 9 de abril de 1906 anunció, mediante una alocución pública un tanto decimonónica y cursi, que se veía en el “imprescindible caso, para la conservación de mi salud quebrantada, de separarme de la Primera Magistratura”, por lo que llamaba “al ejercicio del Poder al señor general Juan Vicente Gómez, meritísimo ciudadano, de virtudes cívicas conocidas, que en mi ausencia llenará a cabalidad los deberes de mi cargo.” Todo lo cual se ve coronado con una lacrimoso y pedantísimo autoelogio en la más pedestre de las prosas: “Quien así ha laborado tiene derecho aunque sea a un ligero descanso el cual no puede verificarse sino en el seno del retiro y de la soledad.”
El 10 de abril en el primer tren partió, como un ciudadano cualquiera y ligero de equipaje, desde la estación de Palogrande rumbo a Los Teques. El general Gómez fue a despedirlo sin pompa alguna. Castro era un pasajero más en aquel tren que iba por túneles y barrancos, subidas y montañas, al pueblo salutífero que después será capital del estado Miranda y finalmente perderá su perfil y hasta su clima al convertirse en ciudad dormitorio de Caracas.
Picón Salas, en un arranque que tiene mucho de humor del bueno, lo pinta en busca de los balsámicos efluvios de los pinares tequenses; el oxigenado aire fresco que le evoca el de sus montañas de Capacho; la larga siesta al Sol en el corredor enladrillado mientras la vista se fuga deleitosamente por el dorado horizonte de colinas, y el festival de luz, música y frescura que esparcen por el patio los verdes helechos, los bravos turpiales cantores de la pajarera, las trinitarias y el vivo manchón de orquídeas que se revientan y parecen volar como pájaros, a lo que agrega una bonita pizca de mala intención para ponerlo a oír en el fonógrafo “de corneta” un fragmento de zarzuela o cierta canción que le recuerda los melancólicos bambucos de su juventud:
Pajarillo errante que anda perdido
que anda perdido, que anda perdido.

Pero el cuadro bucólico se rompe rápidamente cuando interviene la malvada diosa política con sus sacerdotisas, la ambición y la codicia y siembran, para cosechar ganancias, la discordia. El “Círculo valenciano”, que ha ido ampliándose hasta convertirse en “Círculo centrano,” (dice Manuel Caballero) empieza a calentarle la oreja a su jefe, oreja que debe haberse enfriado por el clima de Los Teques. Empieza a rumorearse que la enfermedad de Castro puede ser más grave de lo que se ha dicho, y a plantearle al enfermo que su compadre está agazapado y forma su propio ejército político. Castro, cansado del eglógico paisaje tequeño se muda a La Victoria, y con él se mudan las intrigas. Se comenta que Gómez cambió gabinete y puso de ministro del interior a Leopoldo Baptista. Algo hay detrás de aquello. Se habla también de que Gómez está acopiando material bélico quién sabe con qué propósitos.
Y el 23 de mayo, glorioso aniversario de la invasión de los sesenta, estalla la tragicomedia. Circula un volante firmado por Castro con el título de Ofrenda a mi Patria, en el que entre otras cursilerías dice: “La fatiga necesaria y hasta el hastío, si así se me permite decirlo, me obligaron a separarme transitoriamente del Poder, única y exclusivamente con el objeto de adquirir un reposo indispensable a mis fuerzas y ánimo un tanto decaídos” (pero la gratitud de los pueblos) “no se hizo esperar en el sentido de excitarme a volver lo más presto posible a regir los destinos de la república.” La petulancia y la prosa ramplona se mezclan explosivamente en una pésima imitación de Bolívar, cuando dice: “si mi retiro que acaso pueda ser temporal, contribuye a la unión y confraternidad de todos los venezolanos, para el completo engrandecimiento de la Patria,” está dispuesto a prolongarlo. Y el dardo contra el compadre y su grupo, su propio partido, viene en seguida, cuando plantea que todo ese amor de los pueblos y ese efecto hacia su persona debe herir “susceptibilidades cuyo desarrollo podría traer consecuencias fatales y acaso hasta la paralización de la Causa de la Restauración y con ella la de la República.” Cerca del mediodía de ese 23 de mayo de 1906 se produce la mascarada organizada por Panchito Alcántara, presidente de Aragua e hijo del “Gran Demócrata”. Desfiles, cursísimos discursos de Ramón F. Bastidas, M. E. Toro Chimíes y dos hombres del pueblo. El Concejo de La Victoria convoca a todos los de la república a realizar un plebiscito para exigir al héroe de Tocuyito y La Victoria que regrese a su puesto, que se siga sacrificando por la patria, et-cétera & compañía.
El 28 de mayo Gómez invita a Castro a un almuerzo en Los Teques para fundir todo aquello en un nuevo abrazo viril. El 27 Castro había llegado al extremo teatral y ridículo de ofrecerse como secretario de Gómez. Gómez quiere que se encuentren “sin doctores”, y sin “centranos”. Castro evita la confrontación y ni siquiera le contesta a su compadre, y ante aquella realidad Gómez reacciona con inteligencia: decide movilizarse a La Victoria acompañado sólo con su edecán, el también tachirense Félix Galavís, y, como dice Picón Salas, “Allí se perfecciona la gran farsa nacional de la Aclamación.” El ahora aclamado de los pueblos regresará a la presidencia luego de que se lo “rueguen” las asambleas legislativas y los ayuntamientos, amén de centenares, miles de particulares. Y hasta el presidente encargado, su compadre Juan Vicente Gómez. En La Victoria se concentra aquella apoteosis de la adulación, con las inevitables cursilerías de Toro Chimíes y de muchos otros que cantaban loores al héroe, al caudillo indispensable. Se equivocó, definitivamente, don Jorge Manrique: Cualquiera tiempo pasado no fue mejor.
Para Manuel Caballero Gómez salió humillado y fortalecido a la vez, y lo demostró en 1908, cuando se fracturó la cordillera del Táchira.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz
La primera Sociedad
La Niña enferma
La otra villa rival
La Carta sobre la mesa
La niña muerta
El héroe de la película
Un Bolívar, ida y vuelta
El malo de la película
El circo de Belcebú
La Campaña Abominable
Las dificultades del hombre
El héroe local
El Infierno desde adentro
Los días del Purgatorio
“De la Gloria los orbes están llenos”
El santo de América
En la cumbre de la guerra y de la paz
Tiempos de júbilo
El comienzo del fin
La inquieta paz de los cementerios
La etérea puerta del Limbo
El limbo y el laberinto
El verdadero fin de la fiesta
El alegre triunfo de la muerte
Coda

El Paraíso Desperdiciado
(Venezuela después de la Independencia)

Obertura
Los Primeros Días de la Noche
El Primer Ataque de la Bestia
Astrea se pasea cantandito por Venezuela
El Medio-mantuano
El Mantuano secundón
El hermanito
El camino del infierno
En la alegría del Infierno
Peor que el Infierno
Tiempo de bostezos
El Gran Arquitecto del Universo
Heredarás los vientos
El Supremo Director de la Patria que lo Aplaude
El Agachadito
Más te Valiera Estar Duerme
Abajo el Continuismo… Viva la legalidad…
¡Viva el Mocho Andrade!
La Muerte del Siglo
Duendecillo entre titanes
La Campaña Deleznable
La Batalla Deleznable
La corte de los milagros
El Pirro Tropical, o Garibaldi ¡Pum!
La Cordillera Partida

 

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Venezuela XXI: Chávez y sus armas nucleares

por Gonzalo PALACIOS G.

¿Habrase visto ESTUPIDEZ más grande, Venezuela con armas nucleares? 1


¿Caracas? ¿Qué necesidad tienen de armas
nucleares?

Tan sólo desear que la nación adquiera la capacidad tecnológica de asesinar a cientos de miles de seres humanos, hermanos y hermanas en nuestro propio país y en los vecinos, es desearle el peor de los males a la Patria. Si se tratase de una familia, abuelos, padres y cinco hijos, es como si la abuela tomara en sus manos una ametralladora, lista para disparar. Había sido un regalo para que se defendiera de los “malandros”. Sólo que ahora la abuela sufre de demencia senil y ya ni sabe quién es ella ni los miembros de su familia. “¿Para qué servirá esto?” se pregunta la anciana en su aposento y lleva el arma al comedor donde el resto de su familia está a punto de almorzar. “Miren esto,” dice la viejita y al levantarla, el arma se dispara matando o hiriendo a más de uno…

Quizá Chávez no sufra de demencia senil pero la ESTUPIDEZ le robó la capacidad de pensar lógicamente desde muy temprana edad. Como la viejita del cuento, el dictraidor venezolano no se conoce a sí mismo por lo menos desde que era un adolescente: no supo decidir si tenía condiciones para ser beisbolero, o cantante popular, o agricultor, o soldado. Con su cerebro ya afectado por la ESTUPIDEZ, es evidente que Hugo Chávez se aleja cada día más de la realidad. Ahora confunde mesianismo con narcisismo, patriotismo con subversión, audacia con temeridad, a sí mismo con personalidades de la historia universal.2 Ni del dictraidor ni de sus compinches podemos esperar un comportamiento guiado por la inteligencia y la voluntad iluminadas por la Verdad (la expresión espacio-temporal de la Realidad).

Un aspecto de la Realidad, siempre presente, es que la autoridad (moral) puede conferir poder (militar, por ejemplo) pero lo contrario es una ESTUPIDEZ. Es decir, el poder no confiere autoridad, sino temor y terror. El Autor de la Realidad (la/el/lo Presente) que experimentamos, permanece presente en toda nuestra existencia temporal. El Presente (Autor) nos mantiene en el movimiento del espacio-tiempo (la Creación) producto de su voluntad creativa. Quien desee armarse – nuclear o convencionalmente – no sabe distinguir entre el poderío (militar, temporal, material) y la autoridad (moral, eterna, espiritual). Del poderío resulta la opresión: de la autoridad, la libertad de lo creado. Ninguna nación (ente creado, temporal y material) tiene Autoridad (ente Creador, eterno, espiritual) para causar la muerte a sus congéneres, inocentes o criminales. El poderío de una nación no es otra cosa que su capacidad de opresión y de eliminar la libertad: los ESTÚPIDOS lo confunden con la Autoridad, la cual confiere libertad a los ciudadanos. Quienes sostienen que una sociedad o su gobernante tiene autoridad sobre la vida y la muerte de sus conciudadanos han dejado de pensar lógicamente y cometen una grave ESTUPIDEZ. Sobre la vida y la muerte de los seres humanos no tiene autoridad ningún gobierno nacional, que sí tiene el poder de promover su bienestar o de condenarlos a muerte. Solamente el Autor del proceso creativo, la Evolución Cósmica, que literalmente anima a cada ser humano, tiene autoridad sobre la vida y la muerte de sus criaturas. No existe raciocinio válido que concluya en la pena capital o que justifique la guerra en el siglo que vivimos. La inutilidad de algunos sistemas de justicia contemporáneos hace que los ESTÚPIDOS sean incapaces de reconocer la venganza o la injusticia. Le cambian el nombre, pensando que ese truco semántico justifica sus ESTÚPIDAS acciones (la pena de muerte y la guerra): civil justice (en Estados Unidos), sharia (mundo islámico), ley del talión (tradición judía), o confunden la ira (deseo de venganza) con la pasión erótica (deseo de amar).

En suma, ni en Venezuela ni en ningún otro país se nos garantiza la paz ni el bienestar social con el poderío de las armas. Mientras más capacidad de opresión adquiera un gobierno, menos libertad tendrá la ciudadanía y menos dinero se podrá invertir para eliminar la ESTUPIDEZ. La educación y la alimentación son instrumentos esenciales para que la nación regrese a la cordura, para que el pueblo deje de creer las ESTUPIDECES que dictraidorzuelos como Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Fidel Castro confunden con la Realidad. ¡¿Habrase visto ESTUPIDEZ más grande que Venezuela con armas nucleares?!

1) “Los acuerdos secretos entre Chávez y Ahmadineyad […] encaminado al desarrollo de armas nucleares para los arsenales de ambos países.” Carlos Alberto Montaner, “La Amenaza Chavista.”

2) “La gran frustración de Chávez es su ineptitud como militar, la profesión con la que sustituyó su deseo de llegar a la Grandes Ligas o de convertirse en animador de TV o en actor de teatro. Su fracaso como militar, a pesar de haber llegado a la presidencia, lo atormenta. Paracaidista al que tuvieron que dar una patada en el trasero para que se lanzara del avión. Burla de todos sus compañeros. Golpista frustrado en una operación militar que, afortunadamente, fracasó gracias a su ineptitud militar y a su cobardía personal.” EL PATTON DE SABANETA, Joaquín Chaffardet

Capítulos publicados:
VENEZUELA XXI, y la Revolución de la ESTUPIDEZ

 

Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.

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De cómo escribí el libro "Rafael Vegas"

por Eduardo CASANOVA

Este jueves 18 de febrero de 2010 se presenta en El Nacional mi libro “Rafael Vegas”. Es mi vigésimo tercer libro, pero quizás sea el que me da mayor satisfacción por lo que representa: porque es el pago parcial de una deuda impagable que adquirí con Rafael Vegas cuando, en 1953, entré al Colegio Santiago de León de Caracas. Era yo entonces un adolescente rebelde e indisciplinado, firme candidato a delincuente juvenil o a simple inútil. Pero el joven que salió años después del Colegio ya era alguien orientado a ser útil a su sociedad, a su país, que a la larga ha sido capaz de publicar veintitrés libros, y que hoy está jubilado después de haber servido en numerosos cargos, no sólo en el Servicio Exterior, sino en la administración cultural de Venezuela, y no solamente en el sector público, sino también en el sector privado. Y esa transformación se debe exclusivamente a la mano fuerte y amable a la vez de Rafael Vegas. Lo que sí nunca imaginé es que me iba a convertir en su biógrafo. Esa aventura empezó el 6 de junio de 2008, cuando faltaban unos meses para que se cumpliera el Centenario del nacimiento del más ilustre de los educadores que ha tenido el país (4/12/2008). Recibí ese día de junio un e-mail de Diana Zuloaga, educadora y una de las personas que más cerca estuvo del Doctor Vegas, que decía: “Eduardo: esta tarde estuve revisando tu sitio y me encontré con la breve biografía del Dr. Vegas. Desde hace tiempo he pensado que eres la persona adecuada para escribir esa biografía en la Colección Biblioteca Biográfica Venezolana. Me consta lo cerca que estuviste del Dr. Vegas y lo mucho que conversaste con él. Más de una vez comentábamos tus charlas. Ojalá pudieses escribir todo lo que tú bien sientes y conoces. Harías una justa historia del Dr. Vegas y a la vez de esa Venezuela que ahora estamos perdiendo. Mil cariños para Natalia. Un abrazo Diana”. El mensaje me llegó al alma, porque era cierto lo de mis diálogos de horas, todos los sábados, entre principios de 1971 y fines de 1973, es decir, desde que Natalia y yo regresamos de Dinamarca (en donde fui Primer Secretario de nuestra Embajada, y la muerte del Doctor Vegas, que fue el 30 de diciembre de 1973). Natalia, que se graduó de Bachiller en el Colegio en 1961, trabajaba en el Santiago como Cajera-Administradora, y los sábados llegábamos ambos muy temprano, ella se instalaba en su oficina a trabajar y yo en cualquier parte a conversar con mi antiguo maestro y segundo padre. Y a medio día nos reuníamos, Natalia, Diana Zuloaga (que se había convertido en Directora cuando el Doctor Vegas tuvo que dejar el puesto por su salud comprometida), el Doctor Vegas y yo, y los cuatro almorzábamos en la oficina que el Doctor tenía en la Planta Baja. Antes de que Natalia y yo en 1964, nos fuéramos a Buenos Aires, en donde yo fui Segundo Secretario de la Embajada inicialmente y luego Cónsul de Primera en el Consulado General, también solía visitar al Doctor Vegas los sábados por la mañana, de modo que era una costumbre vieja para ambos. Y en esos encuentros, ciertamente, me contó en detalles toda su vida, que quedó registrada en mi memoria, que él más de una vez calificó de asombrosa. Esa costumbre pervivió hasta que el Doctor Vegas ya no pudo volver al Colegio y debió quedarse en su apartamento en Caurimare a esperar una muerte que le llegó pronto. Pero entonces estuve, con Natalia, Diana, la Doctora Abigaíl Salgado, Antonio Silva Sucre y Friedrich Fanhert en el grupo de apoyo que se formó para que no estuviera solo ni un segundo y que se organizó en turnos de cuatro horas. En una de esas tenidas de cuatro horas, ya cuando era evidente que el final estaba muy cerca, me dijo que la única persona que de verdad estaba enterada de todo lo que él había vivido era yo, lo que bien podría interpretarse como que yo era el único que en verdad podía escribir su biografía, tal como me lo sugirió Diana en su amable e-mail del 6 de junio de 2008, que me hizo decidirme a emprender aquello de escribir una biografía, género que jamás me había tentado. Para hacer el cuento corto, sin dudar un instante me senté a escribir el libro, y el 24 de julio, es decir, poco más de mes y medio después, le escribí a Simón Alberto Consalvi proponiéndole la idea de que El Nacional lo incluyera en su estupenda Biblioteca Biográfica. Previamente Diana me había hecho una corrección importante de enfoque y Pedro José Mora, uno de los más importantes antiguos alumnos y hoy día Presidente de la Fundación Rafael Vegas, que es la propietaria del Colegio, me había dado todo su apoyo. Pocos días después recibí un e-mail de Diego Arroyo Gil, Coordinador de la Biblioteca Bibliográfica, en el que me anunciaba su anuencia y la de Simón Alberto y me informaba las condiciones por ellos impuestas para las biografías. Luego intercambiamos varios correos que sirvieron para que mi libro se adaptara perfectamente a esas condiciones, que son, por lo demás, muy sensatas. El 7 de enero de 2009, luego de algunas consultas con Francisco Kerdel Vegas, médico, científico y sobrino de Rafael Vegas, que me aportó muchos detalles a su vez ofrecidos por otros parientes, y de algunas correcciones aportadas por Diana Zuloaga y Pedro José Mora, pude enviarle a Diego Arroyo Gil el texto definitivo y final del nuevo libro, que fue publicado como el número 104 de la Biblioteca Biográfica de El Nacional y se presenta este jueves 18 de febrero de 2010 en la sede del periódico, a las 7 y media de la noche, con la intervención de Miguel Henrique Otero (que fue alumno del Colegio Santiago de León de Caracas), de Carlos Hernández Delfino (Presidente de la Fundación Bancaribe, que financia esa notable iniciativa del diario), mía y de otro antiguo alumno de destacada vida pública y privada: Eduardo Mayobre. Esa es la pequeña historia detrás de mi vigésimo tercer libro, única biografía que escribiré en mi vida, porque los libros que he escrito sobre Bolívar, Sucre y Miranda, no son biografías propiamente dichas, sino ensayos con más énfasis en la época de los personaje que en los personajes propiamente dichos. Y en ellos no hay ni la milésima parte de la carga emocional que hay en mi libro “Rafael Vegas”.

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El Pirro Tropical, o Garibaldi ¡Pum!

por Eduardo CASANOVA

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

III

El Paraíso Desperdiciado

(Venezuela después de la Independencia)

El Pirro Tropical, o Garibaldi ¡Pum!

El punto más bajo y más alto del gobierno de Cipriano Castro es la Revolución Libertadora, de la que puede decirse que fue de victoria en victoria hasta la derrota final. El solo inicio de las acciones bélicas ya da mucho que pensar: el banquero, político y hasta militar Manuel Antonio Matos, casado con María Ibarra Urbaneja, hermana de Ana Teresa Ibarra Urbaneja, la esposa de Guzmán Blanco, y nacido en 1847 en una hacienda de su padre en la zona de Carabobo, fue un hombre de mérito, pero, como el general Paredes, de mala suerte. Por lo menos en cuanto a su figura histórica. Molesto con Castro luego del incidente en que los banqueros fueron exhibidos como monos de circo, y acicateado por las infaltables fuerzas ocultas de los Estados Unidos y otras potencias, se dedicó a organizar partidas de billar en su casa de Caracas o en la que tenía en Macuto, muy cerca de La Guzmania, y en ellas fue reclutando gente para su causa, muy especialmente caudillos militares derrotados, caudillos de provincia y personas ligadas a las altas finanzas, con lo que logró uno de los ejércitos más disparatados que pueda uno imaginar. Aquella “revolución” podría haber sido una más entre muchísimas, a no ser porque estaba impulsada por la General Asphalt, a través de su filial venezolana, New York and Bermudez Co., que otorgó a Matos un crédito blando de ciento cuarenta y cinco mil dólares, de los cuales éste utilizó cien mil para comprar un barco, el Ban Righ, por medio del colombiano Rodolfo de Paula, que le sirvió de testaferro. A la empresa americana se sumaron, entre otras, la Compañía Francesa del Cable Interoceánico y la alemana del Gran Ferrocarril de Venezuela, que darían apoyo logístico al movimiento. Ello, evidentemente, significa que, conscientemente o no, Matos no era otra cosa que una pieza en el juego de ajedrez de quienes se preparaban a convertir al país en parte de algún auténtico imperio. Para la operación Matos requirió la colaboración del gobierno colombiano, que hastiado de las locuras de Castro y en pago al intento de invasión por La Guajira, se prestó a decirle a los ingleses que sí eran ellos los compradores del barco, pues a las autoridades londinenses no les gustó nada aquello de que en el Victoria Dock de Londres se convirtiera un simple carguero de 1.500 t., construido para la Aberdeen Steamship Company, en buque de guerra. Así, con una tripulación bajo engaño y a cargo del capitán C.L. Willis, que tampoco sabía la verdad, el Ban Righ se hizo al agua el 21 de noviembre del año 1901, para navegar hacia Colón, en Panamá, con un toque previo en Amberes, Bélgica. En ese puerto recibió una carga de doscientas sesenta y tantas toneladas, y cuando el capitán Willis descubrió que se trataba de armas y municiones estuvo a punto de crear un incidente serio, a pesar de que De Paula le aseguró que se trataba de un cargamento comprado por el gobierno colombiano para proteger la zona del futuro Canal de Panamá. Poco después, en Fort de France, en Martinica, subieron a bordo casi seiscientos hombres entre oficiales y tropas de la revolución y el 1º de enero de 1902, en ceremonia especial, se le cambió el nombre por el de Libertador. Empezó entonces a descargar armas, municiones y hombres en diferentes puntos de la costa venezolana. A fines de enero debió llegarse hasta Cartagena de Indias, en Colombia, por una avería, y allí aprovechó para escapar el capitán Willis, que un año después publicará un folleto titulado The cruise of the Ban Righ or how I became a pirate ("El viaje del Ban Righ o cómo me convertí en pirata"). El 21 de mayo, Matos desembarcó por fin en Güiria, en el estado Sucre (extremo nororiental de Venezuela) y desde allí se desplazó en plan de conquista hacia el centro del país. Quería, posiblemente, igualar la hazaña de Castro desde la otra punta de la geografía venezolana. Pero no le fue posible. Generalmente se le presenta con guantes y ropas carísimas, protegido del Sol por una sombrilla y oteando el horizonte con un cierto gesto de bwanna en la meseta africana. Es lo que impusieron sus enemigos, pero no es justo. Debió usar la sombrilla, sí, pero por orden médica, a causa de una neuralgia que lo acosaba día y noche. De eso dio fe su yerno don Enrique Pérez Matos, en una entrevista periodística en 1983 (Ver: Pérez, Ana Mercedes, Entre el cuento y la historia – 50 años de Periodismo. Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas, Venezuela, ¿1984?). Era un hombre de carácter, pero nunca llegó a dominar aquel mundo de salvajes, más acostumbrados que él a los golpes físicos, de frente o a traición. Luciano Mendoza, Antonio Fernández, Luis Loreto Lima, Domingo Monagas, Nicolás Rolando, Zoilo Vidal, Horacio Ducharne, Gregorio Segundo Riera, Amábile Solagnie, Juan Pablo Peñaloza y Rafael Montilla, el Tigre de Guaitó, fueron los generales de la nueva contienda. Todo un anacrónico museo de dinosaurios del siglo XIX que llegaron, aunque boqueando, al XX.
Castro no se equivocó: prácticamente le encargó la defensa de su gobierno a Juan Vicente Gómez, con el grado de general de División. Gómez movió cielo y tierra e hizo verdaderos milagros. Hasta resultó herido en acción. Llegó un momento en que todo parecía perdido para Castro y los suyos: sólo controlaban los Andes y Zulia, y, aunque con muchas dificultades por la presencia de guerrillas, Miranda, Aragua y Carabobo. El 5 de julio de 1902, Castro, con gran aparato y pompa, anuncia a la nación que queda encargado de la Presidencia de la República el general Juan Vicente Gómez porque él sale en campaña hacia Oriente, a dominar a los facciosos. Su expedición es un desastre y debe regresar, presuroso y con la cola prensil entre las piernas, a presentar un frente defensivo, casi desesperado, en La Victoria. Entretanto, ha soltado al Mocho Hernández, que en una nueva demostración de inconsistencia, le presta su apoyo y pierde así el que él tenía (después será Ministro Plenipotenciario en Washington, renunciará peleado, se aliará con Gómez y también se peleará, y finalmente morirá con pena y sin gloria en Estados Unidos, en agosto de 1921, a los sesenta y ocho años). En Villa de Cura, Matos y los suyos, cargados de optimismo, se preparan al asalto final. Matos llega a creer que en cualquier momento se presentará ante él alguien a cumplir el mismo papel que él cumplió con Castro en Valencia. Pero nadie llega. En La Victoria espera Castro con los suyos, Diego Bautista Ferrer, Leopoldo Baptista, Manuel Salvador Araujo, Régulo Olivares, Emilio Rivas, Pedro María Cárdenas, a quienes se une el comienzo de la batalla Juan Vicente Gómez. A pesar de que el veterano Domingo Monagas, ya en trance de morir, le aconsejó enfáticamente a Matos que no pasara por La Victoria, que hiciese un rodeo y llegara a Caracas por los Valles del Tuy porque “la culebra se mata por la cabeza” (refrán que tiempo después tendrá una gran importancia, no para Matos sino para Castro), Matos prefirió seguir el consejo de los que quedaron vivos y marchó con ánimos de liquidar las fuerzas del gobierno, quizá pensando que ocurriría lo mismo que en Tocuyito. Y ocurrió lo contrario. Veintitrés días duró el combate, que se convirtió en la más importante de todas las batallas de guerras civiles venezolanas. Y fue la derrota final de Matos. Se inició el 12 de octubre, día del descubrimiento de América y del cumpleaños de Castro, y concluyó el 3 de noviembre de 1902. Castro siguió titulándose “Presidente de la República en Campaña” y “Comandante en Jefe de los Ejércitos", sobre todo porque el 9 de diciembre de ese mismo año, quince buques ingleses y alemanes asaltaron el puerto de La Guaira, y en los próximos días tomaron también Puerto Cabello y otros puntos de la costa venezolana. El Káiser alemán tenía planes de apropiarse de la Isla de Margarita, lo cual fue impedido por presión de los Estados Unidos, pero a la larga los alemanes y sus aliados se aprovecharon de la deuda venezolana para intentar ponerse en Venezuela por otra vía. Fue entonces cuando Castro lanzó su célebre proclama en la que dijo: ¡Venezolanos!: La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria. En cambio su propio suelo, su piso político, aumentó con aquel bárbaro intento anglo-alemán al que se sumaron como aves de rapiña los italianos, seguidos por franceses, holandeses, belgas, españoles y mexicanos. Hay en el país un verdadero brote espontáneo de nacionalismo que se convierte en apoyo a Castro, con lo cual su régimen se afianza y se consolida, en tanto que sus enemigos se convierten, virtualmente, en traidores a la patria. En toda la América del Sur y buena parte de Centroamérica se producen fuertes manifestaciones de apoyo a Castro, y el gobierno argentino protesta expresamente mediante un documento que suscribe su Canciller, José María Drago, que dará nombre a una doctrina en contra del cobro de deudas por la fuerza. Una proeza venezolana es celebrada como homérica, cuando desde los viejos cañones del Castillo de San Carlos, a la entrada del Lago de Maracaibo, se averió seriamente al buque Panther de la armada alemana, que trató, junto en el Vineta, de forzar el paso. Los alemanes, en venganza, bombardearon con toda su artillería el castillo y lograron dañarlo y hasta incendiarlo parcialmente, pero no pudieron pasar. Los Estados Unidos intervienen en defensa de Venezuela y el 13 de febrero de 1903 se firma el Protocolo de Washington que pone fin al bloqueo. Matos ha escapado hacia Curazao, de donde regresa, por Tucacas, en un intento por revivir la Revolución, que llega a su final el 23 de mayo de 1903, cuando el general Juan Vicente Gómez le propina la última derrota, el 3 de junio de 1903, en Matapalo. A su paso quedan dos vencedores: Castro, que por la intervención imperialista se afianzó como presidente de la república, y Gómez, que al combatir la Revolución Libertadora se estableció como el liquidador del caudillismo en el país e inició su avance incontenible a la presidencia de la república. De ella salieron los andinos divididos en castristas y gomistas, lo cual convirtió, curiosamente, a Gómez, en el verdadero jefe de la oposición desde el poder.
Manuel Antonio Matos soportó cinco años de exilio y la confiscación de sus bienes como traidor a la patria. Una patria que no la pasa muy bien. Las orgías y los abusos del “Círculo Valenciano” del Cabito Castro, sus manejos turbios, sus locuras, despedazan su gobierno, que cae el 19 de diciembre de 1908, cuando su compadre Juan Vicente Gómez, da un golpe con apoyo de los Estados Unidos y de varias potencias extranjeras. Durante la Alborada de Gómez, que se ha convertido en el gobernante con más apoyo real de la historia, las puertas se abren de nuevo para Matos, que será Ministro de Relaciones Exteriores de 1910 a 1912 y finalmente se retirará para dedicarse exclusivamente a sus actividades de banquero y escribir, de paso, sus Memorias. Murió en París, en mayo de 1929.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz
La primera Sociedad
La Niña enferma
La otra villa rival
La Carta sobre la mesa
La niña muerta
El héroe de la película
Un Bolívar, ida y vuelta
El malo de la película
El circo de Belcebú
La Campaña Abominable
Las dificultades del hombre
El héroe local
El Infierno desde adentro
Los días del Purgatorio
“De la Gloria los orbes están llenos”
El santo de América
En la cumbre de la guerra y de la paz
Tiempos de júbilo
El comienzo del fin
La inquieta paz de los cementerios
La etérea puerta del Limbo
El limbo y el laberinto
El verdadero fin de la fiesta
El alegre triunfo de la muerte
Coda

El Paraíso Desperdiciado
(Venezuela después de la Independencia)

Obertura
Los Primeros Días de la Noche
El Primer Ataque de la Bestia
Astrea se pasea cantandito por Venezuela
El Medio-mantuano
El Mantuano secundón
El hermanito
El camino del infierno
En la alegría del Infierno
Peor que el Infierno
Tiempo de bostezos
El Gran Arquitecto del Universo
Heredarás los vientos
El Supremo Director de la Patria que lo Aplaude
El Agachadito
Más te Valiera Estar Duerme
Abajo el Continuismo… Viva la legalidad…
¡Viva el Mocho Andrade!
La Muerte del Siglo
Duendecillo entre titanes
La Campaña Deleznable
La Batalla Deleznable
La corte de los milagros
El Pirro Tropical, o Garibaldi ¡Pum!

 

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