Categoría: Ciencia
El escritor con Dengue y la Computadora con sobredosis
por Guillermo CASANOVAEn Venezuela no hay dengue, ni Tuberculosis, ni mal de Chagas, ni Leishmaniasis… esos son inventos de los medios opositores controlados por la CIA y por Uribe. Los médicos que han visto a mi Mamá y a mi Papá, también son de la CIA. Por eso inventaron que tenían Dengue Clásico y por medio del huequito ese que tienen los aparatos de DirecTV les envían ondas para hacerles creer que tienen fiebre y que les duele el cuerpo, les arden los ojos y que les falta energía. Inclusive, por el mismo huequito del decodificador controlan los termómetros y los espejos y los termómetros suben de temperatura cuando los usan mis padres y los espejos hacen ver como que el cuerpo, hasta ahora el de mi Mamá, tiene una ligera erupción en el torso y los antebrazos. Pero todo eso es virtual, inducido por la tecnología de la CIA aplicada desde el huequito del decodificador de DirecTV.
Hay un problema sin embargo. Mis padres no tienen DirecTV, tienen Intercable. Pero seguramente esa empresa también tiene su huequito. Es cuestión de ponerse a buscarlo.
Más hacia el occidente y en tierras más frías, dónde los recibos de luz se jactan de decir que la electricidad ahora es de todos (antes, en el Pacto de Punto Fijo, esos bichos se repartieron hasta la física y la química; la electricidad le tocó a los adecos), la electricidad es como la bolita de la canción que “me sube y me baja", y por mucho que mi computadora acepte MP3, AVI, WMA, OGG y todos esos formatos de video y música, aún no comprende la música que es transmitida por los cables de la electricidad (¡me sube y me baja!), y es así como mi Disco Duro principal fue alcanzado por una terapia de electro shock desde la electricidad de Mérida y, como típica consecuencia de este tipo de terapias, perdió la memoria.
Afortunadamente, yo tengo dos disco duros, y el segundo; por esas cosas del destino, estaba desconectado y no le alcanzó el efecto terapéutico de la electricidad de Mérida por lo que aun conserva su memoria, pero como es un Disco Duro más jóven, todavía no tiene los mismos conocimientos que el anterior, y eso nos ha obligado, al segundo Disco Duro y a mi, con la ayuda de una empresa de computadoras, a inyectarle recuerdos y conocimientos al disco duro principal para que vuelva a vivir normalmente.
Debo decir que vamos por buen camino. Habrá cosas que el disco duro no podrá recordar pues ni el segundo ni yo lo recordamos tampoco, pero queremos creer que esas cosas no son importantes.
Bueno. ¿Y a qué viene todo esto? Dirán algunos. La respuesta es simple.
Mi Papá, Eduardo Casanova Sucre, tiene Dengue Clásico y está en cama sintiéndose muy mal. Y yo me quedé sin computadora por varios días y no he podido ayudarlo a publicar en el blog.
Esperamos recuperarnos, ambos cuatro, próximamente.
¿Fue el Libertador envenenado en San Pedro Alejandrino?
por Roberto J. LOVERA DE SOLAEscribió, en los años treinta del siglo XX, el maestro Santiago Key Ayala (1874-1959): ”A la sombra propicia de esas deficiencias, asuntos esclarecidos ayer vuelven a ser temas de discusión, renacen y prosperan leyendas que se hubiera creído bien muertas y se malgasta trabajo y tiempo en volver a dilucidar lo que estaba dilucidado” (Series hemero-bibliográficas, ed. 1933, p.VIII). Esto viene a cuento por el hecho de haber propalado este 17 de diciembre de 2007, desde el Panteón Nacional, el presidente Hugo Chávez la idea, que anda por allí dando vueltas hace días, según la cual el Libertador fue asesinado en San Pedro Alejandrino. Respondemos el punto aquí, basados en nuestra historia. Esto ya lo había expresado Chávez antes porque así lo pudo recoger la periodista Vanessa Davies (Simón Bolívar: ¿asesinado?, El Nacional, Caracas: diciembre 16,2007).
Sin embargo, no podemos comenzar sin negar que esta es una nueva tentativa realizada por el actual gobierno de supresión de la historia que dijo Manuel Caballero en insigne página (Contra la abolición de la historia, ed.2005,p.32,40-44), de borrarla, de alterarla, de cambiarla por otra que sirva a sus intereses ideológicos. Por ello Germán Carrera Damas ha expresado en el prólogo a la segunda edición (2006) de su obra Venezuela: proyecto nacional y poder social que nunca ha estado tan amenazada como hoy la investigación histórica entre nosotros. A ello añadiríamos que también peligra ahora la interpretación serena y documentada de esa misma memoria colectiva.
Para llegar a nuestro asunto: la enfermedad de la cual murió Simón Bolívar (1783-1830) debemos primero que nada decir que sus huellas durante todo aquel año 1830 han sido estudiadas paso a paso, hay incluso todo un libro del doctor Diego Carbonell (1884-1945) dedicado a ese año y cuyo título es precisamente: 1830. (París: Le Livre Libre,1931. XXIX,239 p.). Pero hoy recomendamos consultar pausadamente las tres últimas tres biografías de Bolívar: la de Tomás Polanco Alcántara: Simón Bolívar (1994), la de José Luis Silva Luongo: Bolívar, herencia de todos (2003) y la de John Lynch: Simón Bolívar (2006) para observar a través de estos tres muy rectos y claros investigadores el proceso de todo el año de 1830 en Bolívar, su viaje a través del río a la costa Atlántica y el proceso final de su existencia iniciado con su llegada a Santa Marta el 1 de diciembre de 1830. Estaba aquella tarde en tan mal estado de salud que debió ser bajado de la embarcación que lo trajo desde Barranquilla en silla de manos. Junto a ello está toda la correspondencia del Libertador durante aquel año que se encuentran, al menos de su salida de Bogotá el 8 de mayo, que son los papeles suyos que más interesan para la exploración que aquí practicamos, en sus Cartas y Proclamas. Hay que consultar también los relatos, en misivas o memorias, de los testigos. Entre es la epístolas es muy significativa la enviada por Perú de Lacroix a Manuelita Saenz el 16 de diciembre o el recuento del entierro en las Memorias de O’Leary. Además hay que señalar, refiriéndonos a los planteado por el comandante Chávez, que el asesinato o envenenamiento del Libertador es imposible concebirlo porque siempre Bolívar estuvo rodeado desde su salida de Bogotá y a lo largo de todo aquel llamado “trágico viaje a San Pedro Alejandrino” que dijo el cardenal José Humberto Quintero (Discursos, ed. 1972,p.177-207), por gente de su afecto, oficiales fieles que mucho lo querían y de gente que siempre había sido leal a él.
La documentación sobre Bolívar en 1830 es tan amplia que ella le permitió a Gabriel García Márquez concebir su bella novela histórica El general en su laberinto (1989) la cual se puede leer también para entender todo el asunto que tratamos. Existe también sobre este tópico el relato de Alvaro Mutis: “El último rostro” (verlo en La muerte del estratega, ed. 1988, p.89-103).
Pero si faltara algo para rebatir tan infeliz especie bastaría consultar, y no sería la primera vez que se lo hace, el Diario que su médico de cabecera Alejandro Próspero Reverend (1796-1881) llevó desde que ambos se encontraron en Santa Marta al atardecer del 1 de diciembre de 1830. Allí están sus anotaciones día a día. El libro de Reverend es La última enfermedad, los últimos momentos y los funerales de Simón Bolívar Libertador de Colombia y del Perú por su médico de cabecera… (París: Imprenta Hispano Americana de Cosson y Compañía, 1866. 88 p.) no sólo ha sido editado numerosas veces después de su edición príncipe (Bogota, 1930 y 1983; Maracaibo 1921; Caracas 1980 y otras tres ediciones en 1983 en la misma ciudad) y es muy bien conocido, sino que él mismo Reverend le hizo la autopsia al Libertador y de su Protocolo se dilucida claramente que la causa del fallecimiento del Héroe fue por tuberculosis, una enfermedad de vieja data en su familia, la cual incluso, añadimos nosotros, le pudo ser también contagiada por su novia y amante Josefina Machado muerta de ella en Achaguas en 1820. La Autopsia hecha por Reverend fue analizada modernamente por el anatomopatólogo e historiador Blas Bruni Celli quien llega a conclusiones satisfactorias sobre el trabajo cumplido por Reverend al hacerla Estudios históricos, ed.1964,p.265-269). Allí está la verdad y el Diario de Reverend es el mejor mentís a la peregrina idea proclamada ahora que los estudiosos del Libertador debemos combatir.
Pero si faltaran argumentos contemporáneos bastaría estudiar las interesantes actas del Coloquio Médico histórico sobre la enfermedad y muerte del Libertador. (2ª.ed.Caracas: Oficina Central de Información, 1976. 301 p.), llevado a cabo en Caracas (diciembre 17,1962 y junio 25-26, 1963) en el cual nuestros mejores médicos historiadores, estudiosos del pasado, bibliógrafos y escritores discutieron todos estos asuntos y llegaron a las conclusiones que exponemos: el Libertador tuvo buena atención médica en su última enfermedad, Reverend le aplicó a sus padecimientos los conocimientos propios de la medicina de su época, su muerte fue por tuberculosis. Pero de esa ocasión surgió también el volumen El Libertador enfermo (1963), una de las ponencias presentadas, en donde el académico y galeno Oscar Beaujon estudió a Bolívar como enfermo a todo lo largo de su vida. También el psiquiatra Moisés Feldman presentó allí los aspectos psicológicos de los padeceres del Libertador en 1830 que se pueden leer hoy en su libro, lleno de sabias enseñanzas, Las crisis psicológicas de Simón Bolívar, especialmente en el capítulo “Influencias psíquicas y morales en la evolución de la última enfermedad del Libertador” (ed.1992,p.81-96). En la discusión médica e histórica de los años sesenta, decisiva para el conocimiento de este asunto, fueron ponentes grandes autoridades médicas venezolanas, sus solos nombres bastan para formar una galería de lo mejor del espíritu venezolano en el siglo XX: como los doctores Ricardo Archila, quien fue quien ideó el encuentro, Alejandro Príncipe, Beaujon, Feldamn, José Ignacio Baldó, Marcel Granier Doyeaux, Bruni Celli, Foción Febres Cordero, José María Llopis, Gabriel Trompiz, Miguel Zúñiga Cisneros, Franz Conde Jahn, quien coordinó la reunión, y Alberto Silva Alvarez. Los historiadores Mario Briceño Perozo, Manuel Pérez Vila, Angel Franciso Brice, Pedro Pablo Barnola, J.A.Cova, Lino Iribarren Celis y hasta un poeta: Mercedes Bermúdez de Belloso. En ese libro están los más grandes argumentos, sólidos y angulares, para contradecir las fantásticas invenciones de estos días sobre un hecho que está ampliamente documentado, como lo declaró el académico Elías Pino Iturrieta a Vanesa Davies, tanto por sus particulares testigos como los estudiosos de ese hombre solar que fue el Libertador.
Diciembre 19, 2007
ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.
Lya Imber de Coronil
por Eduardo CASANOVA
En 1956, cuando apenas tenía dieciséis años, me incorporé en un carnaval a un grupo de adolescentes que solía reunirse no a organizar “picoteos”, que era como se llamaban las fiestas de muchachos en aquel entonces, ni a emborracharse ni a perder el tiempo, sino a oír buena música, a hablar de literatura y de historia y a soñar con un mundo mejor. Giraba el grupo en torno a tres niñas: María Antonia Frías, bella y talentosa pianista que, desgraciadamente, murió unos seis años después a causa de una diabetes infantil que en esos días era una enfermedad indomeñable, María Elena Coronil y Beatriz Gerbasi. Casi siempre nos reuníamos en la casa de los Frías, en Chacaíto, o en la de los Coronil, en La Florida. Y la dueña de la casa de La Florida era una doctora en medicina, amable y dulce, que para todos nosotros era una verdadera madre: Lya Imber de Coronil.
Lya Imber de Coronil nació en un pueblecito de lo que poco tiempo después se convertiría en la Unión Soviética, en marzo de 1914. A los dieciséis años pudo salir, con sus padre, Naúm Imber y Ana Barú, y su hermana menor, Sofía, de la enorme prisión en que se estaba convirtiendo aquella amalgama de países aplastados por el naciente “socialismo real”, y, por fortuna para Venezuela, vino a tener a nuestro país. Casi al llegar se inscribió en la Escuela de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, y en 1936, cuando Venezuela empezaba a transitar los caminos de la democracia, se convirtió en la primera mujer que obtuvo el título de médico en el país. Se especializó en pediatría y puericultura, luego de haber hecho prácticas con el Doctor Gustavo H. Machado. Trabajó en la Consulta Externa de Pediatría del Hospital Vargas y en el Hospital de Niños que dirigía el Doctor Machado. En 1938 se casó con otro médico ilustre, el Doctor Fernando
Rubén Coronil. Poco antes, junto con los doctores Gustavo Machado, Pastor Oropeza, Simón Gómez Malaret, Guillermo Hernández Zozaya, Ernesto Vizarrondo, Julio Murzi D´Alta y otros, estuvo entre los fundadores del Hospital de Niños “J. M. de los Ríos”, cuya dirección asumiría, con su enorme sentido del deber, en la década de 1950. También fue fundadora, en 1941, de la Liga Venezolana de Higiene Mental, publicó numerosísimos artículos sobre Puericultura y fue la primera mujer en figurar en la Junta Directiva del Colegio de Médicos del Distrito Federal. Toda su vida conservó un leve acento extranjero, que no hacía otra cosa que agregar encanto a su personalidad, que a pesar de su carácter decidido y fuerte, irradiaba bondad y dulzura. En septiembre de 1981 se fue de este mundo a causa de un cáncer que no supo respetar la utilidad de su vida.
15/11/2007
La verdadera razón del atraso
por Eduardo CASANOVA
Gracias a la amabilidad de mi primo Rafael Díaz Casanova pude leer un artículo muy interesante de Andrés Oppenheimer, en el que habla de la mediocridad educativa en América Latina, primera causa del atraso de la región, y en especial, de Venezuela. “En América latina, los gobiernos están demasiado concentrados en construir escuelas y muy poco preocupados por la calidad de lo que se enseña dentro de ellas. Muchos países -incluyendo la Argentina, Venezuela y Cuba- frecuentemente se niegan a participar en exámenes internacionales estandarizados, o lo hacen pero luego se niegan a dar a conocer sus resultados”, dice, y demuestra que ni siquiera los alumnos de los mejores colegio privados de nuestra América pueden compararse con los peores de los países importantes de Asia, Europa y otras regiones que crecen día a día. Y una de las razones es la negativa, abiertamente demagógica, a someter a los estudiantes a evaluaciones serias y a formas de competencia. O la negativa también demagógica a que se deje de usar la memoria y haya que utilizar el trabajo y la investigación para escalar posiciones en el sistema educativo. En el trienio adeco (1945-48), el Decreto 321 y la Promoción Golilla fueron claras demostraciones de esa tendencia, que poco a poco se fue haciendo más notable, hasta que ahora, en el gobierno fascistoide de Chávez, se pretende dar énfasis a una doctrina política y dejar de lado las materias difíciles.
Ya en la década de 1950 el Doctor Rafael Vegas, que había sido Ministro de Educación y cuyas ideas fueron desplazadas por las de los del trienio adeco, que prefirieron una especie de masificación, es decir, aumentar la cantidad a costa de la calidad, lo sabía. Como quiera que la dictadura 1948-1958, lejos de solucionar el problema lo agravó, el Doctor Vegas trató de hacer algo a nivel privado y local, y en los primeros años del Colegio Santiago de León de Caracas, fundado por él en 1950, se daban clases adicionales, distintas a lo que señalaba el Programa Oficial, para compensar las muchas falencias existentes, y se exigía mucho a los alumnos. Pero el Ministerio de Educación de la época prohibió esas prácticas y obligó al Dr. Vegas a no seguir adelante con su plan. El Colegio tenía que convertirse en una fábrica de salchichas mediocres o lo cerrarían. Desgraciadamente, la Democracia del 58 al 98 no corrigió esa tendencia facilista y mediocrizante, y en buena parte por eso vivimos la crisis que vivimos y el país se atrasa cada día más.
Oppenheimer remata su artículo con algo que debería preocuparnos de verdad: “El país latinoamericano que más está retrocediendo en materia educativa es Venezuela, donde Hugo Chávez acaba de anunciar un nuevo currículum dirigido a crear un ‘hombre nuevo’ socialista. Mientras China y la India apuestan a las matemáticas, Venezuela va a enseñar ideología”. Solamente eso debería obligar a la sociedad a expulsar de su seno a ese grupo que tanto daño le está haciendo al país y a su porvenir. Un grupo que se enriquece en dinero a costa del atraso que genera. Un grupo que no es otra cosa que un tumor maligno, y debería ser extirpado para que se encare, de una vez por toda, la ingente tarea de corregir el rumbo educativo, rumbo errado que es la verdadera causa de nuestro terrible atraso.
1/11/2007
Tobías Lasser
por Eduardo CASANOVA
Nacido en mayo de 1911 en una región bucólica, en Agua Larga, un pueblecito de la Serranía de Coro, hijo de padre inmigrante y de madre criolla, Tobías Lasser fue, junto con Francisco Tamayo, uno de los más aventajados discípulos y colaboradores del sabio Henri Pittier. Fue fundador del Jardín Botánico de Caracas, de la Escuela de Biología y de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela. Graduado de Médico Cirujano en la UCV, en 1935, poco tiempo después viajó a los Estados Unidos en donde obtuvo una Maestría en Ciencias de la Universidad de Michigan. Trabajó con el Dr. Pittier y fue docente universitario y en el Instituto Pedagógico, Individuo de Número y Presidente de la Academia Venezolana de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, así como Presidente de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales y, en especial, primera figura de la botánica y el conservacionismo en Venezuela, con fama internacional que le valió numerosas distinciones y condecoraciones. Fue también autor de varios libros, no sólo científicos, sino de poesía, y hermano de un buen novelista y dramaturgo: Alejandro Lasser. Yo lo conocí en mi infancia y adolescencia, por su gran amistad con Julia Brandt de Márquez y Augusto Márquez Cañizales (Julia, en especial, tenía vivo interés por el conservacionismo), y lo traté muchas veces a lo largo de mi vida. Entre 1983 y 1991 fuimos vecinos de la misma cuadra, y durante sus caminatas cotidianas, siempre tocado con sombrero de fieltro, pasaba frente a mi casa y se detenía unos instantes a comentar conmigo lo cotidiano, público y privado. Siempre grato, siempre culto, siempre discreto. Su vitalidad era extraordinaria, y se mantuvo realmente activo hasta una edad muy avanzada. Murió el veinticinco de mayo de 2006, un día después de cumplir noventa y cinco años.
30/10/2007
Vencedores y Derrotados
por Eduardo CASANOVA
Muchas veces me he preguntado por qué el llamado “Socialismo real” fracasó como fracasó, y luego de toda una vida convencido de que el llamado “Socialismo utópico” era algo deseable, y hasta de creer que en Escandinavia, donde viví seis años, había sido aplicado con éxito, he tenido que reconocer que el Socialismo, real o utópico, termina siempre en fracaso, en frustración, en fiasco. Al principio creí que se debía a la naturaleza humana, a que el egoísmo es esencial a la vida misma y, por lo tanto, sólo una minoría exigua tendería a aceptar ciertos sacrificios que son necesarios para que el Socialismo funcione, pero, de repente, me encontré con una realidad científica, prácticamente irrefutable, que viene a demostrar que no se trata de egoísmo, sino de una realidad de origen genético, científicamente comprobada, que obliga al fracaso inevitable del Socialismo. Se trata de dos experimentos llevados a cabo con todo rigor por varios científicos. En el primero, a un grupo de ratones se les ubicó en un espacio con corriente eléctrica y a unos se les dio la posibilidad de interrumpir la corriente mediante una tecla y a otros no, y los que lograron interrumpirla, es decir, triunfar, sobrevivieron y hasta mejoraron su calidad de vida, en tanto que los otros, tanto los que no podían interrumpir el suplicio, como los que no lo lograron, terminaron deprimiéndose y muriendo. Así quedó demostrado que los triunfadores progresan, y los derrotados se atrofian. En otro experimento se le implantó a un grupo de ratones un mecanismo para medir el grado de placer que experimentan y a algunos se les provocó el placer desde fuera. Sin excepciones, aquellos que pudiendo generar su propio placer, recibían “placer” impuesto desde afuera, lo rechazaron abiertamente, lo que debía ser placentero se les convirtió en castigo y llegaron a la autodestrucción, en tanto que los que consiguieron su propio placer sin intervenciones ajenas, sobrevivieron y también mejoraron su calidad de vida. Así se probó que los organismos vivientes, entre ellos los humanos, necesitan triunfar por sí mismo, o se deprimen y tienden a la autodestrucción. En definitiva, lo que demostraron los experimentos es que todo ser viviente necesita triunfar o tiende a la depresión y la muerte, y esa calidad de triunfador debe obtenerla de su propio esfuerzo y por su cuenta, no puede ser impuesta desde afuera. Allí está, sin lugar a dudas, la verdadera causa del fracaso aplastante del Comunismo. Y, por desgracia, del Socialismo. No se trata, pues, del triunfo del egoísmo, sino de la naturaleza, de la evolución, que durante millones de años ha venido creando una realidad que no podría ser destruida sino en millones de años. Y eso sí que no lo tenemos. Curiosamente, allí está también la causa del frecuente fracaso de los hijos de millonarios, malcriados y consentidos, y de un país como Venezuela, cuya riqueza no proviene del trabajo y el esfuerzo de sus habitantes, sino que es una verdadera maldición impuesta por dioses malvados y corruptores que, de paso, también quieren ahora rematar su obra destructiva imponiendo el Socialismo del Siglo XXI.
25/10/2007
Henri Pittier
por Eduardo CASANOVA
No lejos de Ginebra, en pleno campo, en un pueblecito del Cantón de Vaud, llamado Bex, en Suiza, nació en 1857 Henri François Pittier, destinado a dejar una huella inmensa en Venezuela, luego de haberla dejado en Costa Rica, en los Estados Unidos y en el mundo entero. Lo recuerdo como un hombre alto y corpulento, con una voz más bien aguda y una presencia que imponía. Para todo el mundo era el Doctor Pittier, o el sabio Pittier, para mí era “el viejo” Pittier, suegro de mi tía Berta Sucre de Pittier, padre de mi tío Emilio y, sobre todo, abuelo de mi primo hermano Emilio Pittier Sucre, que desde que tengo uso de razón ha sido más bien mi hermano mayor, muy querido, que mi primo. Tendría yo diez años cuando aquel señor, de verdad imponente, que tenía noventa y uno, me invitó con una sonrisa a subir al Ávila, proeza que hoy, a mis casi sesenta y ocho, yo sería incapaz de lograr. Hoy sé que era Ingeniero Civil y Doctor en Filosofía graduado en Alemania y en Zurich, y que fue profesor en colegios y universidades antes de atravesar el Atlántico para establecerse en Costa Rica a los treinta años. Que en Costa Rica fundó el Observatorio Meteorológico y desarrolló una labor científica de primera importancia. En 1901 se fue a Estados Unidos, y en 1907 publicó una obra llamada “Primitia Flora Costaricencis”. Como botánico se interesó vivamente en las plantas tropicales, y en 1913 visitó por vez primera Venezuela, para asesorar la instalación de una escuela de agricultura en Maracay. Luego de cuatro años de ausencia, regresó a nuestro país en 1917, y por último, se instaló entre nosotros en 1919, para iniciar un trabajo titánico y formar una auténtica escuela de
científicos, entre quienes destacaron Francisco Tamayo y Tobías Lasser. Se encargó por algún tiempo del Observatorio Cajigal, y desde 1936, gracias al gobierno de Eleazar López Contreras, se convirtió en Jefe del Servicio Botánico del Ministerio de Agricultura y Cría. Fue el creador del Parque Nacional de Rancho Grande, hoy Parque Henri Pittier, y publicó muchísimas obras, entre las que destaca el “Manual de las Plantas Usuales de Venezuela”, publicado inicialmente en 1926 y que es una obra clásica que aún es de uso fundamental para quien quiera saber algo sobre la flora venezolana. Pero su bibliografía llega a unos 300 títulos. Esa fue su vida pública, que se cortó con su muerte en enero de 1950, a los noventa y dos años. La privada también fue ejemplar, y le dejó a Venezuela una familia Pittier que, con gran orgullo y alegría para mí, es parte importantísima de mi familia inmediata.
16/10/2007
El Cáncer Hoy
por Eduardo CASANOVASi yo hubiera tenido en mis manos el libro El Cáncer Hoy, de Eduard Ferrand, no habría tenido que pasar por todo lo que tuve que pasar entre abril de 2003 y hoy. No estoy citando uno de esos testimonios que vemos en la televisión por cable y que rematan con un “¡Llamme yaaa!”, sino recordando mi propia experiencia al leer el libro de Ferrand. El 1º de abril de 2003 fui operado de un cáncer de colon relativamente avanzado, y entre mayo y noviembre debí someterme a tratamientos severos de quimioterapia y radioterapia, que me han dejado una serie de secuelas que, en todo caso, no son agradables. La habilidad, la profesionalidad y la calidad humana de Armando Martín Vegas, cirujano, y en especial de Esther Arbona-Roche, oncóloga, así como la profesionalidad del grupo de médicos de la Clínica La Floresta en el que trabaja la Doctora Arbona, me permiten no sólo haber sobrevivido, sino el haber sobrevivido bien, y aún cuando me falta algo más de un año para que me den de alta, sé que mi organismo ha reaccionado bien y no tengo que esperar nada que sea de lamentar. Pero si hubiese leído el libro que comento, en el que se describen muy bien los síntomas y los tratamientos de prácticamente todos los tipos de cáncer, me habría dado cuenta mucho antes de que tenía un problema y la lesión cancerosa no me habría llegado al grado al que me llegó. Esos libros de divulgación, escritos en lenguaje sencillo y accesible a todo el mundo, son de capital importancia para la conservación de la salud. Ahí sí que puede hablarse de auténtica autoayuda, pues no pretenden sustituir al médico, sino ayudar al común mortal a que se ocupe de sí mismo y vaya a ver al médico antes de que sea tarde. El Cáncer Hoy es, además un libro que está al alcance de cualquier bolsillo. Valga la cuña de alguien que se siente con pleno derecho a hacerla. Lo venden en Locatel y en muchas librerías.

7/10/2007
Energía Universal, de Carlota Figueredo
por Eduardo CASANOVAHomo sum, humani nihil a me alienum puto (Soy humano, nada de lo humano lo creo ajeno), dijo Terencio. La Energía Universal es una de esas cosas que, por humana, me llama la atención. Se ha dicho que es como una religión, o que es la mejor forma de medicina, pero ni es religión ni es medicina. Es ciencia, y podría interpretarse como un complemento a la medicina basado en hechos que aún no se han comprendido del todo. Ese es el tema del libro “Energía Universal”, de Carlota Figueredo. En él, en un lenguaje sobrio y accesible, se explica lo que es en realidad la Energía Universal, que no es nada relacionado con magia ni pretende sustituir a la medicina. Es, y allí se demuestra, algo que deriva de la ciencia, de la verdadera ciencia como se entiende en el siglo XXI. Está relacionada directamente con la Mecánica Cuántica y se apoya en muchos de los postulados de la Física contemporánea. En el libro se habla de Max Planck, de las Supercuerdas, de John Bell, de Alain Aspect, de Werner Heisenberg, Schrödinger y de muchos de los más recientes descubrimientos científicos, y se demuestra la relación existente entre esos descubrimientos y la Energía Universal. Adicionalmente, en el libro se aclaran muchas cosas relacionadas con las grandes religiones de la humanidad. Superstición y religión apartes, hoy es un hecho demostrado que la mente humana tiene un papel decisivo en la salud, y en buena parte es ése el tema del libro. Se trata, pues, de una obra de divulgación que debería ser leída por todo el que tenga deseos de ayudarse a sí mismo. Está a la venta en Locatel y en muchas librerías. Vale la pena buscarlo.
23/9/2007














ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.
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