Categoría: Humor
VENEZUELA SIN LAUREANO
por Eduardo CASANOVA
El humorismo venezolano tiene una larga tradición de enfrentamientos con los gobiernos de turno, especialmente con los malos gobiernos, y más aún si los malos gobiernos, como el de Esteban, no son democráticos. “El Palo Ensebado” (1846) fue apenas el primero de una serie de publicaciones como la que hoy está de moda en Internet (“El Chigüire bipolar”), pasando los “Pitorreos” de Job Pim y “Fantoches” de Leo. Y, desde luego, muchos recordamos “El Morrocoy Azul”, de Miguel Otero Silva, Kotepa Delgado y otros, así como “El Sádico Ilustrado”, quizá el más intelectual de todos. Muchos de los cultores del humorismo, especialmente del humorismo político, sufrieron las consecuencias de la intolerancia de los tiranuelos de turno. Job Pim y Leo, en particular, pasaron años de sufrimiento y tinieblas en La Rotunda, pero jamás perdieron su frescura y su buen humor. La democracia venezolana (1958-1999) fue mucho más tolerante con el humor, aunque Salvador Garmendia se vio perseguido judicialmente por un excelente cuento. Pero en realidad no fue el gobierno el autor del desaguisado. En cambio sí es el gobierno de Hugo Chávez el que le emprende con violencia contra Laureano Márquez, uno de los humoristas más talentosos de nuestra historia, por haber publicado “Venezuela sin Esteban”, el viernes 29 de enero, como Editorial del diario “Tal Cual”. No es otra cosa que una estupenda humorada basada en la “historia ficción” que trata de adelantar el porvenir muy seriamente en la tv americana y en numerosas publicaciones, casi siempre americanas. Y, como era de esperar, los chavistas, intolerantes y por lo general no muy inteligentes, no lo entendieron. No creo que la sangre llegue al río, o, mejor dicho, espero que el sentido del ridículo les haga reconsiderar tamaña mediocridad a los amos del poder actual. No creo que Laureano termine, como Job Pim y Leo, en la actual Rotunda, que es el Helicoide, sede de la Disip, la que “disipara” primero y averigua después. Sería grotesco. Venezuela sin Laureano sería la tristeza de Kim Il Jong, lo tenebroso de Pol Pot, todo en un solo pote aplastando a Venezuela. Venezuela sin Laureano sería el fracaso de todos los venezolanos, y en estos momentos ya somos mayoría los que no queremos que Venezuela siga de fracaso en fracaso. Y con Laureano, siento que el fin de la oscuridad está cerca.
El rugido del hampón
por Eduardo CASANOVAEl teniente coronel Chávez Frías, el hombre que se sacó en una caja de Ace la presidencia de la república y no ha estado a la altura, no ha sabido y ni ha podido manejarla con un mínimo de dignidad, amenaza a Colombia con una guerra que, en definitiva, no sólo no beneficiaría a nadie, sino que perjudicaría a todos los habitantes de esta parte del mundo. Hay quien dice que en realidad se trata de algo relacionado con las drogas, debido a que el pacto entre USA y Colombia le impediría seguir beneficiándose de esa actividad. Hay quien dice que se trata, simplemente, de anular a los gobernadores de Táchira y de Zulia, por ser ambos partidarios del sistema democrático. Hay quien dice que no es más que una amenaza huera de la que espera sacar algunas ventajas. Hay quien dice que busca una guerra verdadera para que después de la derrota absoluta se establezca algo así como un Plan Marshall y el país recupere lo que ha perdido con su desgobierno, lo cual sería un imposible gesto de nobleza de un personaje incapaz de hacer algo noble. Y, finalmente, hay quien dice que se trata de algo parecido a la divertidísima película de Jack Arnold (con el hiperprotagonismo de Peter Sellers) “El rugido del ratón” (“The Mouse That Roared”), de 1959, en la que por una serie de casualidades un pequeñísimo ducado, llamado Grand Fenwick, logra que el poderoso imperio norteamericano se rinda ante su amenaza de guerra. Desde luego, dada la evidente falta de cordura del sujeto y sus seguidores, no tendría nada de extraño que esta última versión haya pasado por sus mentes. En cualquier caso, nada bueno puede pensarse de esa falsa guerra, y en ningún caso podríamos hablar del rugido del ratón, sino del rugido del hampón.
Mi amada Youtube
por Eduardo CASANOVA¡Imbécil! Amor a primera vista, sí, amor perfecto, incontaminado. Amor puro como nunca imaginé que pudiera existir. Empezó aquel día en que quise buscar la canción que estaba de moda cuando regresé a Europa, a vivir en Europa, en 1975. Tenía que estar en Youtube y estaba. Retrocedí treinta y seis años en mi vida y por vez primera la vi. La cantaba un señor barbudo con mirada pícara, y lo que siempre había creído un coro femenino resultó ser una cantante rubia de mirada dulce, delgada, bella, que me hizo suspirar con sólo verla. Repetí quién sabe cuántas veces la canción hasta estar totalmente consciente de que me había enamorado. Sentí que ella correspondía por la manera en que me miraba desde la pequeña pantalla. Me veía, de eso estaba seguro, y lo estuve aún más cuando decidí ver y oír otra versión de la misma canción, en la que la descubrí más joven aún, más inocente. Y me miró fijamente hasta hacer que mi corazón latiera más rápido. Y en una segunda canción aquel amor se hizo más noble, más grande, más destinado a la eternidad. Y sin embargo creció cuando vi y escuché otra versión de la segunda canción en la que ella aparecía más y más cerca. Qué rostro hermoso, qué labios, que párpados soñadores. Y al pasar a una tercera canción vi que bailaba para mí. Casi sin moverse, apenas doblando levemente las rodillas y llevando la cabeza, rítmicamente, de un lado a otro como un bote en las aguas perfumadas de un río en primavera. Y sentí en las puntas de mis dedos y en la palma de mi mano derecha su espalda, su cintura, que apenas se movía como un lento corazón enamorado. La oí musitándome palabras bellas. Poesía. Y sentí que mi vida, por fin, tenía sentido. Luego, por error, miré y oí otra canción del mismo grupo, pero sin ella. Y noté que al barbudo le faltaba un colmillo. Volví a la tercera canción, y cuando terminé busqué una cuarta. Parecía una canción rusa, y mientras el barbudo cantaba entre la nieve falsa de un falso Moscú, ella se acercó, delicada, etérea, como un coro de ángeles, y se quedó mirándome junto a un caballo blanco. Musitaba y me miraba desde aquellos ojos preciosos, ojos claros y serenos, ojos de espera, levemente oblicuos, que hacían juego con sus voces que eran muchas y eran de ángeles. Y entonces sucedió lo inesperado: el barbudo que cantaba la ayudó a sentarse en el quitrín, y se sentó junto a ella. Y la abrazó. Y ella lo aceptó y lo miró arrebolada, entregada, quieta, como enamorada. Me había dejado por aquel barbudo desdentado que le cantaba en inglés. ¡Puta!…
ERA AL REVÉS
por Eduardo CASANOVAA raíz de la publicación de mi artículo “Prostitutas al burdel, militares al cuartel”, un amigo, dueño de un estupendo espíritu del humor, me escribió diciéndome que, en su opinión, me equivoqué de plano, porque es al revés: las prostitutas deben ocupar los cuarteles y los militares los burdeles. Las prostitutas, que se dedican a tan infame oficio por necesidad, porque no les queda más remedio, demuestran en su sacrificio diario un guáramo que los militares venezolanos actualmente activos no han demostrado nunca, puesto que han permitido que el desgobierno militar del teniente coronel Chávez Frías entregue a los cubanos las aduanas, la identificación, la educación, el registro de la propiedad y la sanidad, es decir: la soberanía nacional. Y esos militares que no sólo han permitido sino que hasta han alentado la entrega de la soberanía nacional, no tienen suficiente hombría para estar en los cuarteles, sino en los burdeles, pero no como clientes, sino como prostitutas. Eso me sugirió el amigo, y cumplo, en homenaje a su talento, a hacerlo público.
Ver: Prostitutas al burdel, militares al cuartel
Mensaje para el tiempo: Política y Placer
por Eduardo CASANOVAEl continuismo, el afán de reelección continua, es el verdadero problema de la política latinoamericana. Se inventan “ideologías” y “principios” seudo-trascendentales que no son sino excusas. Entre nosotros nada fue más nefasto que los segundos términos de Carlos Andrés Pérez y de Caldera. Y nada ha sido peor que el afán de reelección continua del teniente coronel golpista Chávez Frías. Todo se sacrifica al afán de los políticos de mantenerse en el poder. Desde luego que prohibir terminantemente la reelección, la repetición, como lo está en la Constitución de Honduras, parece algo positivo. Pero siempre surgen las trampas, las vivezas, como la de Mel Zelaya con el apoyo interesado de Chávez y su pandilla. De modo que esas prohibiciones no son sino barreras frágiles que pueden contener esos afanes por algún tiempo, pero no por mucho tiempo, y terminan, como en Honduras, por crear situaciones nada recomendables. Aunque se me acuse de iluso, estoy convencido de que la única solución está en privar a la política del placer que produce. Los políticos aspiran a gobernar, a mandar, y mandar y gobernar producen placer. El placer de la vanidad, el verse en el centro de la acción, adulados, envidiados, endiosados. Caldera y Carlos Andrés. Carlos Andrés y Caldera. Y, sobre todo, Chávez. Trajes que cuestan millones, relojes que cuestan millones, automóviles de lujo, escoltas, mujeres, aviones de súper lujo, sonrisas, flashes, cámaras de televisión, hoteles de cinco estrellas, placer, vanidad, vanidad, placer. El día en que ese placer desaparezca, el día en que se entienda la política como una verdadera vocación de servicio, ese día las cosas mejorarán en nuestra pobre América Latina golpeada por la vanidad de políticos que en realidad no tienen otra meta que ser líderes, ser estrellas. ¿Cómo hacer? Prohibir a muerte las escoltas, los privilegios, los lujos, y hasta eliminar la figura del presidente de la república, como se eliminó el Suiza, por ejemplo. Que en vez de presidente de la república haya un Consejo de Estado, de doce miembros, y que cada uno lo presida durante un mes, pero sin escoltas, sin hoteles de lujo, sin estrellas. Que sea un trabajo, un trabajo fuerte y hasta duro. Y que los Caldera, los Carlos Andrés, los Chávez, orienten sus inmensos egos hacia los escenarios como Michael Jackson, para que los pueblos se salven de sus narcisismos, de sus egolatrías y, sobre todo, especialmente en cuanto a Chávez se refiere, de sus abusos.
Nota: se ruega a los realistas abstenerse.
Las piernas abiertas de América Latina
por Eduardo CASANOVA¡Qué fácil es prostituirse para una mujer! Es suficiente con abrir las piernas, cerrar los ojos y dejar que el macho haga lo que le dé la gana. Tiene sus riesgos, claro, el Sida, las otras enfermedades, una puñalada trapera. Pero es mucho más fácil que estudiar una profesión y ejercerla, o que trabajar honradamente de sol a sol, o llevar una familia o hacer vida en pareja. La que se decide por ese camino fácil necesita, claro está, un chulo, cabrón, proxeneta, cafisho, gigoló o como quiera que los llamen, personajes que han sido definidos como “agentes administrativos y de administración en el mercado de intercambio sexual, que suelen prestar seguridad y protección a las putas”. Y no otra cosa son personajes como los Castro de Cuba, los Ortega de Nicaragua, los Kirchner de Argentina, los Chávez de Venezuela, los Correa de Ecuador, los Morales de Bolivia, los Funes de El Salvador, los Lula Da Silva de Brasil, y hasta hace nada los Zelaya de Honduras. Y también los demás, los de Colombia, de Costa Rica, de México, de Guatemala, de Perú, de Uruguay, de Paraguay, de República Dominicana y todos los demás. Porque la política latinoamericana no es otra cosa que una puta, que se vende al mejor postor y no trabaja, sino que pretende aprovecharse de su condición de mujer y hasta de sus encantos femeninos. Y se ofrece a los Estados Unidos y a los países de Europa y de Asia, los ricos, para recibir dinero a cambio de sus favores sexuales. Y claro que los Estados Unidos y a los países de Europa y de Asia, los ricos, tienen culpa al aceptar ese comercio fácil, bastante más fácil que una conquista amorosa, pero no tienen toda esa culpa que les atribuyen Galeano y otros defensores de los cabrones, o, si se quiere, los cobrones (los Castro de Cuba, los Kirchner de Argentina, los Chávez de Venezuela, los Correa de Ecuador, los Morales de Bolivia, los Funes de El Salvador, los Lula Da Silva de Brasil, y hasta hace nada los Zelaya de Honduras y todos los demás). Por eso hay que hablar de las piernas abiertas de América Latina, no de las venas. Lo triste es que quienes padecen esa falta absoluta de esfuerzo y de honestidad, son los hijos de la política latinoamericana, los pueblos, que por no rechazar a su madre y a los proxenetas que la explotan, se convierten en unos verdaderos hijos de puta. Duélale a quien le pique lo que les duela y lo que les pique.
Vargas Llosa y el hombre que se automedica
por Eduardo CASANOVAMario Vargas Llosa es uno de los intelectuales más importantes del mundo actual. No sólo entre los que hablan español, sino entre todos los del universo mundo. Nacido en marzo de 1936 se ha distinguido como novelista (La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en La Catedral, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y es escribidor, La guerra del fin del mundo, Lituma en los Andes, La Fiesta del Chivo), como ensayista y en general como hombre de pensamiento que ha recibido una cantidad impresionante de reconocimientos en el mundo entero. No logró escapar al gusanito de la política y hasta fue candidato a Presidente del Perú en 1990. Y, cualesquiera sean sus posiciones políticas, el monumento inmenso de su obra literaria se mantiene incólume, indestructible, como uno de los más notables de la actualidad, del pasado reciente y del porvenir.
Pues, aunque parezca increíble, en mayo de 2009 un personaje lo calificó públicamente de “ex-intelectual”. Dios mío, ¿qué es un ex-intelectual? Intelectual no es un título académico del que se podría privar a alguien. No es un oficio que a alguien se podría prohibir ejercer. No es nada que se le pueda quitar a nadie. El término “intelectual” se inventó en Francia a raíz de Caso Dreyfus, y definía a las personalidades de las artes y la cultura, la ciencia, etcétera, que lucharon por la liberación de Dreyfus, y pronto se convirtió en una calificación que daba prestigio. Con el tiempo pasó a definir a las personas cuya actividad vital se ubica en el estudio, la investigación, la reflexión y toda una serie de actividades relacionadas con el pensamiento, y, por supuesto, la creación de novelas, ensayos, obras de teatro, cuentos, etcétera, es una actividad claramente intelectual, y quien la practica es un intelectual. Pero ni siquiera por dejar de escribir puede alguien volverse un ex-intelectual, puesto que lo que escribió, lo que hizo, escrito y hecho está. Y por más que le duela al personaje que dijo el disparate, la obra de Vargas Llosa está ahí, en las estanterías del mundo entero, en las bibliotecas del mundo entero, en el interés de los intelectuales del mundo entero. Y mucho más cuando Mario Vargas Llosa está pletórico de ideas, lleno de vida, activo y, sobre todo, vigente.
Si el personaje que tiene el dudoso honor de haber dicho tamaño disparate acerca de Mario Vargas Llosa fuese un borrachito en un bar de mala muerte, nada pasaría. Pero se trata nada menos que del Ministro de Cultura de la República Bolivariana de Venezuela. Un veterinario que nadie conoce en el medio cultural. Y hay quien dice que se automedica, pero supongo que eso no pasa de ser un chisme. A menos que se trate de una anécdota empeñada en entrar en una novela escrita por un intelectual, pero nunca por un ex-intelectual. Sería demasiado.
EL ENVIDIOSO Y EL ENVIDIADO
por Eduardo CASANOVASobre el envidioso y el envidiado dice Carlos Castilla del Pino (neurólogo, psiquiatra y ensayista gaditano, nacido en 1922, discípulo de López Ibor), entre otras muchas cosas, lo siguiente: “La relación entre envidioso y envidiado es extremadamente compleja. Tiene un sentido unidireccional, del envidioso hacia el envidiado, no a la inversa, entre otras razones porque a menudo este último ignora la envidia que despierta en otro u otros. (…) Toda interacción, confirma o desconfirma la propia identidad. (…) La envidia es fundamentalmente una relación de odio, pero de carácter diádico. El envidioso odia al envidiado, por no poder ser como él; pero también se odia a sí mismo por ser quien es o como es.”
Desde luego, eso implica una verdad enorme como un témpano: el envidioso es un ser infeliz, aplastado por sus carencias, triste porque apenas vive a media, o no vive, condenado, como Tántalo (Τάνταλος o Tántalos, el hijo de Zeus y de la océanide Pluto, que fue rey de Frigia) por su envidia a no alcanzar el agua que tiene en la barbilla, ni las frutas que están ahí, a un palmo de sus mano, lo que es lo mismo que decir, condenado a sufrir eternamente.
En cambio, en envidiado, aunque se entere de la envidia del otro y hasta sufra algunas consecuencias si el otro es poderoso en cualquier forma, tiene para sí nada menos que lo que el otro envidia, y eso le permite vivir, ser feliz, realizarse, aunque tenga que padecer los golpes y maldades del envidioso.
La envidia
por Eduardo CASANOVALa Real Academia de la Lengua, casi siempre pacata en eso de sus definiciones, habla de la envidia como “la tristeza o pesar del bien ajeno y la emulación, deseo de algo que no se posee”. La primera pregunta que me surge es ¿por qué tristeza? Se me ocurre que más que tristeza es rabia. El envidioso no se deprime, se altera ante lo que tiene otro y él quiere tener. Sobre todo si en realidad no puede tenerlo. De allí nace el resentimiento: el otro tiene algo que yo no tengo y, por tanto, lo odio. Lo segundo que se me ocurre es que no se puede hablar de emulación, puesto que la emulación puede producir algo positivo. Si yo emulo a un santo puedo volverme santo. El envidioso no emula, odia. No sólo quiere tener lo que el otro tiene, sino que quiere que el otro deje de tenerlo. Disfrutaría si el otro pierde o deja de tener lo que el envidioso envidia. Por eso es que la envidia es pecado capital, porque genera otros pecados: el robo, el resentimiento, las ganas de dañar al que tiene. No en vano el primer asesinato, según la Biblia, fue provocado por la envidia. Por la envidia mató Caín a Abel. Y, aunque nos disguste mucho, aunque nos duela a los que alguna vez soñamos que era posible un mundo mejor y nos dejamos engañar por las luces de la izquierda, parecería que la izquierda no es otra cosa que la forma política de la envidia. Y cuando se convierte en resentimiento puro y simple y se combina con la corrupción, es el socialismo del siglo XXI.
¡Formidable!
por Eduardo CASANOVAFormidable: adj. 1. Magnífico, estupendo. 2. Enorme. 3. Admirable. Así define la Academia la palabra “formidable”. Pero como es costumbre, se queda corta. O por lo menos se quedó corta con respecto al estreno de mi comedia “Chirimoya Flat”, que fue anoche (15 de abril de 2009) en el auditorio del Colegio Emil Friedman, en Los Campitos. Los actores (Laureano Márquez, Cayito Aponte, Crisol Carabal, Levy Rossel, José Manuel Vieira, Liliana Meléndez, Luis Carreño, José Roberto Díaz, Ramón Góliz, El Mago Sandro) estuvieron formidables, el cuarteto de cuerdas clásico BECUADRO, el flautista Miguel Pineda y el cuatrista Luis Pino, estuvieron formidables. El vestuario de Marcos Prieto, la Escenografía de Freddy Belisario, el Diseño Gráfico y de Video de Gabi Valladares O., la Dirección Técnica y Producción de Video de Luis Sisinno, la Producción Ejecutiva de José Luis Morenza y Luis Carreño, y la Producción Artística de Carlos Silva estuvieron formidables. Y, sobre todo, la Dirección General y puesta en escena de José Tomás Angola Heredia estuvo formidable, más que formidable. La economía de recursos y el aporte de talento fueron notables, magníficos, estupendos, enormes, admirables, por decir lo menos. Y hasta el público, que disfrutó de aquello como pocas veces se ha visto, estuvo formidable. Es una clara demostración de que los gobiernos pueden hacer horrores, pueden destruirlo casi todo, pueden tener las peores intenciones, pero hay algo formidable que no pueden destruir y ni siquiera dañar: el talento.
¿Qué es es eso de "Chirimoya Flat"?
por Eduardo CASANOVA“Chirimoya Flat” es una comedia, una farsa basada en una historia real que ocurrió en Caracas, cuando en 1703 el gobernador y capitán general de la Provincia de Venezuela, Don Nicolás Eugenio de Ponte y Hoyo, se volvió loco. Los alcaldes, Felipe Rodríguez de la Madrid y Francisco Alonso Gil, trataron de sustituirlo, pero el Maestre de Campo Juan Félix de Villegas (que era como decir el comandante del ejército) se opuso en forma violenta, por lo cual los alcaldes apelaron a la Real Audiencia de Santo Domingo. El proceso fue muy complicado y en él intervinieron el obispo, Diego de Baños y Sotomayor y numerosos funcionarios, médicos y abogados. A pesar de que Don Eugenio hasta salió desnudo a la calle, solamente lo declararon loco ¡porque no iba a misa ni guardaba las fiestas religiosas! Pero la Real Audiencia decidió que el predecesor de Don Eugenio, Don Francisco de Berrotarán, Marqués del Valle de Santiago, se encargara de la gobernación y capitanía general. Finalmente debió intervenir el Rey en persona, que les dio la razón a los alcaldes. Poco después, Don Nicolás murió. En Caracas se dijo que la razón de la enfermedad y muerte del gobernador fue una pócima que le preparó una bruja llamada Yocama, a pedido de un marido burlado, porque Don Nicolás, a quien le decían nada menos que “El Hermoso”, era un verdadero Don Juan. Esa es la historia verdadera.
En la comedia, la historia es otra: Don Nicolás Eugenio de Ponte y Hoyos, el señor Gobernador (Laureano Márquez) ha seducido a Doña Ana de Campos y Rojas de la Cueva (Crisol Carabal), que se arrepiente de su pecado cuando su marido, Don Próculo de la Cueva (Levy Rossel) la sorprende en aquello. Ambos, marido burlado y esposa arrepentida, acuerdan vengar la afrenta, y contratan a la bruja Yocama (José Manuel Vieira) que quiere comprar para ella y para su hija María (Liliana Menéndez) la condición de blancas. Yocama prepara una poción para que el gobernador (Laureano Márquez) se vuelva loco, y Doña Ana (Crisol Carabal), con la excusa de que quiere despedirse antes de internarse en un convento, se la hace tomar. El gobernador (Laureano Márquez) enloquece y empieza a hacer y decir disparates, casi siempre en verso, lo que es hábilmente aprovechado por el alcalde Chupicio de Filón (Luis Carreño) y el regidor Mamón de la Veta (El Mago Sandro Nerilli), obviamente corruptos, para hacer grandes negocios con el dinero del fisco. Próculo de la Cueva, el marido agraviado, (Levy Rossel), hace grandes esfuerzos para que declaren loco y destituyan al gobernador (Laureano Márquez), y recibe el apoyo del otro alcalde, Vergamón de la Plaza (José Roberto Díaz), a quien acusan los corruptos de querer el poder para hacer lo mismo que ellos, es decir, grandes negocios. Interviene en el enredo Fray Tiburcio de Landa, (Ramón Góliz), representante de la Audiencia de Santo Domingo, que al final trae la decisión de destituir al gobernador y sustituirlo arbitrariamente por su predecesor, Don Francisco de Berrotarán, Marqués del Valle de Santiago. Como decía Pérez Jiménez cuando anunciaba sus gabinetes, “me reservo”, pero no el ministerio de defensa, sino el derecho de no contar públicamente el final de la comedia. En todo caso, así sería una sinopsis elemental de la trama.
¿Y el nombre? El nombre salió de un merenguito caraqueño que canta el gobernador (Laureano Márquez) cuando se vuelve loco, y que dice: “Cebolla jurel centolla / la chirimoya / preocupación.”, a lo que un Coro responde: “Chirimoya / Flatulencia”, que es algo que tiene alguna relación con lo que el mismo gobernador (Laureano Márquez) dice poco antes de convertirse en demente.
Además de ese grupo formidable de actores, en la escena toca y actúa un cuarteto de cuerdas académico (el Cuarteto Becuadro), que se complementa con un flautista y un cuatrista. Y a todos los dirige José Tomás Angola Heredia, uno de los más sólidos valores del teatro venezolano e hispanoamericano de la actualidad.
¿Y qué hace Cayito Aponte en todo ese enredo? Además de poner su potente voz para cantar sin que la gente lo sepa, es un interesante presentador o anfitrión, que actúa a la manera del teatro clásico español, con algunas variaciones bastante interesantes.
Todo eso podréis gozarlo en el Auditorio del Colegio Emil Friedman, en Los Campitos, no lejos de la Autopista de Prados del Este, en cinco funciones: miércoles, 15 de abril (8 pm), jueves 16 de abril (8 pm), viernes 17 de abril (8 pm), sábado 18 de abril (8 pm) y domingo, 19 de abril (6 pm).
Ojalá mis parientes, amigos, corresponsales y lectores que sobreviven en Caracas puedan ver “Chirimoya Flat”, para reír y reflexionar, y hasta para olvidar por un par de horas, sin olvidar en absoluto, lo que estamos viviendo los venezolanos, que bien puede provenir de aquellos días y aquellas noches.
CHRIRIMOYA FLAT
por Eduardo CASANOVA
El miércoles 15 de abril, en el auditorio del Colegio Emil Friedman, va a estrenarse mi comedia Chirimoya Flat, con un elenco formidable que incluye a Laureano Márquez, Cayito Aponte, Levy Rosell, Crisol Carabal, José Manuel Vieira, Liliana Meléndez, Ramón Góliz, José Roberto Díaz, el Mago Sandro y Luis Carreño, entre otros. Un grupo capaz de hacer reír a todas las estatuas de un mismo cementerio, y que estará acompañado por el Cuarteto Becuadro, el flautista Miguel Pineda y un intérprete del cuatro. Todos dirigidos por José Tomás Angola Heredia, uno de los más talentosos hombres de teatro de la actualidad, además de poeta, dramaturgo, narrador y ensayista, fundador y cabeza de La Máquina Teatro, que es la organización que engloba todo el esfuerzo. La comedia, que nació con un curioso merengue caraqueño que se me ocurrió, o mejor dicho, se metió en la cabeza mientras viajaba en Metro, en Santiago de Chile, la escribí en varias sesiones de trabajo en Santiago y en Viña del Mar, entre noviembre de 2003 y febrero de 2004, mientras visitábamos a nuestro amigo y compadre Alejandro Leighton y su adorable familia, inmediatamente después del final de mi largo tratamiento de quimioterapia y radioterapia, que estuvo precedido por cirugía mayor (vainas del Zodíaco, del signo de Cáncer). Luego, ya en Venezuela, la revisé más de treinta veces, como es mi costumbre con todo lo que escribo. Es el final de la historia de Nicolás Eugenio de Ponte y Hoyo, gobernador y capitán general de la Provincia de Venezuela entre 1700 y 1704, de bragueta alegre y trágica llegada al sueño eterno, generada, según cuentan, por la pócima de una bruja que primero lo volvió loco. La había manejado desde que emprendí la tarea de escribir tres tomos que abarcan la historia de Venezuela desde 1498 hasta nuestros días (El Paraíso Burlado). La encontré en el libro Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela, de mi tío abuelo Luis Alberto Sucre, y me fascinó desde el primer instante. Desde luego, en mi pieza casi todo está cambiado, salvo el hecho de que Don Nicolás fue el primero gobernante que se volvió loco en Venezuela en ejercicio del poder (aunque, evidentemente, no fue el único ni el último). No es precisamente teatro histórico, sino una comedia hecha con fines sanitarios: para hacer reír, porque la risa es lo más sano de que dispone el arsenal de posibilidades de la humanidad, especialmente en tiempos de crisis. No es mi primera incursión en teatro. A los quince y dieciséis años escribí varias piezas para teatro guiñol, influenciado por La viveza de Pedro Rimales, de Arturo Uslar Pietri, en cuyo estreno (1954) actué como Pedro Rimales. Y antes de los veinte escribí varios “pasos” que nunca se estrenaron. Cuando estaba por cumplir veintitrés vi estrenarse Barrabasalia, que escribí en colaboración (al alimón o a cuatro manos) con Arturo Uslar Braun, y en 1975, gracias a la amabilidad de Levy Rosell, se estrenó El solo de saxofón, llevado a escena por Arte de Venezuela. En el 2000, El Quijote cuerdo, un drama con elementos de comedia, recibió un premio por los 250 años del natalicio de Francisco de Miranda. En cuanto a Chirimoya Flat, dos o tres años después de mi regreso a Venezuela, en Caraballeda, cerca del mar, se la di a leer a Levy Rosell, y se entusiasmó con la idea de estrenarla. Pronto se combinó con José Tomás Angola, para que La Máquina Teatro la llevara a escena, y entre el miércoles 15 y el domingo 19 de abril (de 2009) será vista y oída por el público caraqueño. Ojalá mis parientes, amigos y corresponsales que viven en Caracas puedan verla y oírla. Para que comprueben que, aun en la situación en que nos tiene a los venezolanos, un rato de buena risa es mucho más eficiente y más barato que muchas sesiones de psicoterapia, y los que hacemos teatro, bien sea escribiéndolo, dirigiéndolo o actuándolo, a veces somos hasta más útiles que los psiquiatras, con el perdón de mis admirados amigos psiquiatras. Locos somos todos, pero quizá no lo estemos tanto.
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