Categoría: Crónica
El rol del Folklore en la Red Peruana en Europa
por Régulo VILLARREAL DOLORES
En el I Congreso de Residentes peruanos en Europa, celebrado en la ciudad de Sevilla- España en junio del año 2007, se puso de manifiesto, una vez más, que el folklore y los cultores de esa manifestación de la nacionalidad, siguen siendo los crespones fosforescentes para llamar la atención de los actos sociales, como aperitivo, unas veces o como digestivo en otras y superados los momentos de apremio, el folklore y los folkloristas vuelven a ocupar sus lugares de siempre: convidados de piedra en las discusiones y decisiones del destino del país.
El arte, más que ninguna otra actividad humana, genera riqueza, abre las puertas de las relaciones y fortalece las amistades. Los peruanos en Europa, organizados en la RED, rescatando y proyectando el Folklore en su verdadera resonancia, podríamos ayudar, incluso, a organizar a las desorganizadas empresas turísticas, que ahora sólo están dedicadas a ganar dinero, sin respeto ni por los turistas, ni por el patrimonio cultural de todos los peruanos, que constituyen las “materias primas” de sus negocios.
El folklore, como fragancia de nacionalidad, al resumir los múltiples aromas de nuestra idiosincrasia y rezumar las nostalgias balsámicas y esperanzas recónditas de cada peruano, apunta a ser el vector de la nueva actitud política del Siglo XXI. Porque, para bien o para mal, la política interna de un país termina girando en torno al péndulo de los factores externos. En tal virtud, una organización de peruanos en el exterior, con clara visión de la realidad y consciente de las necesidades del país, puede ayudar a cambiar de rumbo a las políticas cortoplacistas y clientelistas de los gobernantes de turno del Perú, más preocupados en amasar riquezas personales, de la pobreza de nuestros pueblos que buscar soluciones a partir de las propias necesidades y con los propios recursos.
El Folklore, como la verdadera religión de la peruanidad, puede lograr el milagro de la unidad para el progreso sostenido, tendiendo puentes sensibles a todo el archipiélago de los egoísmos, las envidias y las frustraciones que nos dividen, debilitan y empequeñecen nuestra estatura moral como nación, razones “malignas” que justifican, la trepidante corrupción que reina en el país, atando a nuestros pueblos a la pobreza y a una mayor dependencia.
La RED peruana en Europa, para lograr la verdadera unidad de la colonia, creando y aceptando intereses de todos, con objetivos claros y proyectos de envergadura histórica, debe sentar las bases de un nuevo humanismo a partir de la amplitud generosa del arte, porque no hay acción humana más democrática y pluralista que el arte; no obstante, que el o los artistas, como individuos, pueden ser mezquinos.
Rescatar y dignificar el folklore y sus cultores como razón de identidad nacional, es un imperativo de la época, porque ellos, junto a nuestras reliquias arqueológicas como Machu Picchu, Chanchán, Choquequiraw, Sacsayhuamán, el Tumi o, el Cóndor Pasa y las Vírgenes del Sol en la música, son nuestros mejores y dignos embajadores o los máximos salvoconductos culturales en el exterior y, gracias a esos testimonios de organización y sensibilidad dejado por nuestros mayores, los peruanos podemos asumir la globalización, manteniendo nuestra personalidad cultural peruana.
Ninguna organización política o social de peruanos en el exterior, está pensando en hacer algo a favor de los creadores y difusores de la cultura nacional, y cambiar eso puede ser, no sólo el gran mérito, sino el mejor acierto de la política de la Red: transformar el Folklore nacional en sus múltiples manifestaciones, en el factor aglutinante de los connacionales de aquende y allende los mares, en bien del Perú.
Los folkloristas, interpretes del estro creador de nuestro pueblos, hombres y mujeres que plasman la polifonía en sus voces y recrean la policromía en sus vestuarios, deben ser los ejes en torno a los cuales deben organizarse la política como servicio y la economía como utilidad en favor de las grandes mayorías.
En tanto que el Folklore, asumido como la columna vertebral de la confederación de peruanos en Europa, daría un impulso diferente a las colonias en el exterior, con una imagen pluralista y de unidad en la acción, la RED, enarbolando la cultura nacional, ennoblecería la política y orientaría los esfuerzos colectivos a la creación de LA CASA DEL FOLKLORE PERUANO EN EUROPA (eventualmente con sede en España y con filiales en todo el continente europeo) y en el Perú, LA CASA DEL FOLKLORISTA PERUANO, un ente que no sólo proteja los derechos e intereses de nuestros creadores, sino que asegure una vejez digna a todos los que dedican sus vidas a esa noble tarea de la peruanidad. ¡Unidos podemos todos!. El eterno proyecto de la creación de una Casa para nuestros folkloristas en el Perú (Lima), es más factible hacerlo desde Europa, porque en nuestro país, los prejuicios, los intereses politiqueros y los complejos, hacen casi imposible la consumación de cualquier obra de generosidad e importancia histórica en favor de las grandes mayorías.
RÉGULO VILLARREAL DOLORES nació el 30 de marzo 1949, en el Departamento Ancash, Perú. Muy joven, luego de seguir estudios en el Instituto Superior de Periodismo JAIME BAUSATE Y MESA, en Lima, emigró a Dinamarca, en donde se estableció definitivamente. Es Co-fundador del Grupo Cultural NUCLEO DE POETAS Y ESCRITORES RADICALES - NEPER- Lima, y ha obtenido, entre otros, el 1er Premio de poesía en los JUEGOS FLORALES del Colegio Nacional Nocturno San Marcos, Lima 1972, el 1er Premio de poesía XXXIII Aniversario del Ministerio de Salud Pública, Lima. Es Miembro de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas - ANEA – Lima, Perú y de la Asociación de Escritores Daneses.
El dulce oficio de “dirigente opositor”
por Alberto LOSSADA SARDI
Siempre me ha llamado la atención que, en los rededores de la Política seria, así, con mayúscula, pulula una subespecie muy característica: el autoproclamado “dirigente opositor”. Esta es una subespecie con características muy particulares. La forman auténticos “personajes”-como “personaje” pueda ser un payaso, un saltimbanquis o un recogelatas- producto de las bajas camadas de la política. Entendamos bien, bajas camadas porque son producto de una formación política muy elemental, como puede ser la de escuelas, de ciertos niveles de sindicalismo o de algún u otro carguito burocrático mejorados por las bondades del servilismo y no por la educación o la experiencia –que en estos casos hasta vale más que la educación- y que le han tomado a gusto al “olor a multitudes” que creen despertar entre sus correligionarios. Son ellos los que han adecuado su vida a las prebendas que el partido de turno les ofrece y que le serán fieles mientras ellas duren.
Es un “personaje” a quien poco o nada le importa el país (¿y para qué?, su vida se la han resuelto), una ideología determinada o la existencia de principios. Y como la vida le ha sido leve, se cree con un derecho natural a aspirar a posiciones que el mismo pueblo por el que dice hablar le ha negado una y otra vez. Se niega a aceptar que el cuarto de hora que asignaba Warhol a todo bicho con uñas lo dejó atrás hace rato, y, de tanto aspirar, se encuentra, sin darse cuenta, hinchado.
No le interesa triunfar en una elección (¿para qué? No sabría qué hacer). Su único interés es SER DIRIGENTE Y CANDIDATO OPOSITOR. Esto es, para él, SU carrera, SU profesión. No es “político”, es “dirigente y candidato de oposición”, y lo seguirá siendo, ad nauseam, gane quien gane las elecciones de turno. Aparecer en televisión, hacer ruedas de prensa, conceder entrevistas son su leit-motiv. Con tal de ser mencionado, lo demás es lujo; aparecer como el gran experto en perinolas psicotomiméticas o el cultivo hidropónico de ostras terrestres lo llena de orgullo y, generalmente, llena álbumes de recortes de prensa con sus hazañas para venideras generaciones. Ahora bien, cuídese mucho de aparecer alguien talentoso y con deseos de hacer algo. Es la peor ofensa que se le puede hacer. ¿Otro que le dispute su lugar preferencial ante la opinión pública? ¿E inteligente, o competente (que no siempre son lo mismo)? No, eso no lo puede permitir. Y comienza la intriga… “Yo, que me he sacrificado por mi pueblo”, “yo el combatiente por la democracia”, “yo, el hombre dedicado al bienestar de mi patria”, y a serrucharle las piernas al “nuevo”.
Este espécimen es el más peligroso de todos cuantos merodean por la política, pues es capaz de vender a su familia por satisfacer ese descomunal ego que bien cultiva. Y no desprecia un buen soborno ofrecido por sus rivales políticos (claro, hay que pensar en el mañana, cuando ya no se pueda ser “dirigente y candidato opositor” [autoproclamado]), Y a fin de cuentas, “qué me importa a mí lo que le pase a los demás mientras no se metan conmigo”.
Lo más triste es que abundan en nuestro medio. Y no nos queremos dar cuenta…
Leon Tolstoi
por Eduardo CASANOVA
“Guerra y Paz” fue la primera novela larga que leí en mi vida. Acababa de cumplir catorce años y estudiaba tercer año de bachillerato cuando compré aquel tomo grueso, empastado en tela verde, en la Librería del Este, en el hoy demolido Edificio Galipán. Todavía lo conservo. Volví a leerlo recién casado, en un mínimo apartamento que alquilamos Natalia y yo, en El Hatillo, cuando aún no tenían en ese bucólico pueblecito teléfonos de red, sino una central telefónica en una casa, desde donde comunicaban con los teléfonos de manigueta (el de la casa en donde vivíamos era el 12). Después cometí el error de ver la película, y así perdí los rostros y las voces que les había puesto en mi imaginación a los personajes. Cuando empecé a escribir novelas, “Guerra y Paz” era el modelo, y la Guerra de Independencia la ubicación. Afortunadamente no publiqué nada de aquello, que habría estado un tanto atrasado en el tiempo. Todavía en Caracas leí “La Sonata Kreutzer”, con la Sonata de Beethoven, obsesivamente repitiéndose una y otra vez, hasta que se dañó el disco. En Buenos Aires, en 1965, leí “Ana Karénina”, y ahí sí me negué a ver película alguna. También en Buenos Aires empecé a escribir una novela monumental a lo Tolstoi, que a la larga se convirtió en una cantera personal de escenas que ubiqué en otras, como “Hacia la noche”, “Las alegres campanas de la muerte”, “La noche de Abel” y “La última muerte de Simón el triste”, en las que ni el más sagaz de los investigadores y críticos ha notado la influencia del gran novelista ruso, que nació en Yásnaya Poliana, en Tula, en agosto de 1828, en el seno de una familia noble. Liev Nicolaievich Tolstoi era descendiente directo de los grandes príncipes Volkonski por parte de madre. Su padre era el Conde Tolstoi, título que heredó él mismo cuando el padre murió diez años después de su nacimiento (su madre había muerto cuando él tenía apenas dos años). Con sus hermanos se fue a vivir a Kazán, a la casa de un tío, perteneciente también a la más rancia nobleza rusa. Viviría también en Moscú y viajaría por buena parte de Rusia. Luego de una experiencia militar, empezó a escribir. En 1863 publicó “Los cosacos”, obra eminentemente realista. Después vendría la más importante y conocida de todas, “Guerra y Paz”, un inmenso mural en el que aparecen centenares de personajes cuyas vidas se alteran por la invasión a Rusia de Napoleón Bonaparte. Luego salió a la luz su “Ana Karénina”, que lo ratificaría definitivamente como un gran novelista. La obra se basó en un hecho verdadero de su tiempo, y en ella se puso a sí mismo como personaje, como un terrateniente con ideas avanzadas que intentaba mejorar las vidas de sus siervos. “Confesión”, “La muerte de Iván Ilich” y “La Sonata Kreutzer” completaron la lista de sus grandes obras. La última refleja su frustración conyugal, que se manifestó sobre todo por la oposición de su esposa a sus ideas libertarias y a que entregara sus tierras a los campesinos. En realidad, fue un anarquista militante que quiso renunciar a sus privilegios. Vegetariano, pacifista y profundamente cristiano, fue excomulgado por las críticas que hizo a la iglesia ortodoxa en su obra “Resurrección”. Murió en 1910, mientras huía, a pie, de su gran latifundio de Yásnaya, donde había vivido como un simple campesino en aplicación de sus ideas de cristianismo primitivo. Había tenido intercambios espistolares importantísimos con varios personajes de su tiempo, entre ellos con Gandhi, en quien tuvo una notable influencia.
Concierto de música Barroca Boliviana en Copenhague
por Régulo VILLARREAL DOLORESEl día viernes 11 de abril (2008) horas 7-9 PM, se presentó en la Iglesia Metodista Jerusalem de Copenhague (Rigensgade 19, 1610 Copenhague, K), la Orquesta de los Moxos, de (Chiquitana-Beni) Bolivia, auspiciada por la Embajada de su país en Dinamarca, la Embajada de Dinamarca en Bolivia, Residentes bolivianos en este Reino y Verdenskulturcentret (Centro de cultura internacional) Dinamarca.
Acostumbrado a los estereotipos sobre Bolivia: música enérgica y sutil a base de charangos, ronrocos, quenas, zampoñas, tarkas, etc., etc. al estilo de Sabia Andina, Karqas, Rumillacta y sus seguidores; oír de repente, concierto de música barroca boliviana, suscita de inmediato una curiosidad extraña; y, como la curiosidad es madre de la noticia, no soporté la tentación de ir a escuchar el concierto de marras y salí contento y casi sublimizado con ese mensaje de tesitura espiritual más que religioso; porque en el transcurso del concierto se entabló una especie comunión de naturalezas: músicos y oyentes dialogando en un idioma sin palabras, cuyo mensaje era la expresión de la armonía como equilibrio de sentimientos para el entendimiento.
El Embajador de Bolivia, excelentísimo Sr. Eugenio Poma, al presentar al grupo mixto, compuesto por 19 músicos, cuyas edades oscilan entre los 14-21 años; y, tras identificarse él mismo, como parte de la Iglesia Metodista, informó que la música barroca (SXVII –XVIII) había llegado a las selvas bolivianas de mano de los misioneros religiosos, jesuitas; quienes, utilizando la música como parte del mecanismo de colonización del reino español a nuestros pueblos, ocupaban mentes y corazones a través del temor al infierno como arma política de sojuzgación, en tanto que el brazo militar de la invasión, diezmaba habitantes, ocupaba y se repartían territorios y se acaparaban de las riquezas materiales de nuestro continente logradas en muchos siglos de trabajo organizado. Y esa misma música que formó parte del mecanismo de despersonalización de nuestras culturas originarias, se transformó con el tiempo, en la expresión de la resignación, más que de fe en un mundo mejor mediante el diálogo.
En un escenario improvisado delante del altar mayor de la Iglesia Metodista y flanqueado por una enorme cruz de madera de aspecto rústico y enormes clavos provocadores y, una más pequeña, decorada con una tela blanca, el concierto comenzó con unos suaves repiques de dos campanas colgadas en una suerte de caballete y, el redoble una tarola como anunciando la hora la liturgia o de debate comunal de tipo social. Y en medio de ese símil de solipsismo, interrumpido de vez en cuando por las indiscretas toses de fumadores o asmáticos entre el público, hicieron su aparición los músicos vestidos de Tipoy (parecido a la Kushma de los habitantes de la selva peruana, traje de tela rústica, blanca, de una sola pieza, suelta, casi igual para hombres y mujeres) las integrantes femeninas de la Orquesta, con cabellos repartidos en dos trenzas y adornadas con semillas secas, propia de zonas tropicales, portaban en las manos: violines, unas y, otras, flautas dulces. A esa orquesta con predominancia bombos de diversos tamaños, flautas dulces y violines, se fueron incorporando el arpa, contrabajos y guitarras, incluso, una especie pito, para imitar el gorjeo matutino de los pájaros selváticos.
En el transcurso del concierto, no era difícil identificar reminiscencias de Vivaldi, que fue dotándole de alma y pigmentándole de color y calor, a una iglesia desprovista de todo decorado, de toda representación bíblica al estilo cristiano: católico-protestante etc. A lo mejor, por la circunstancia, noche de lluvia y vientos fuertes y helados, afuera, la iglesia Metodista Jerusalem de Copenhague, alumbrada por luces mortecinas, parecía un antro para conjurar tristezas que, felizmente, acariciada por esa música delicada, casi transparente, transmitida por el talento de esos jóvenes músicos de aspecto temerosos y miradas huidizas, se fue transformando en una manifestación de vida retozada por aplausos sonoros con que el público premiaba cada pieza ejecutada por el grupo.
La directora de la orquesta; Raquel Maldonado, una mujer mestiza de aproximadamente 30-35 años de edad, (con el pelo recogido en una sola trenza y adornada con semillas secas de la amazonía boliviana, al igual que las demás féminas del elenco) con su peculiar forma de dirigir la orquesta, era un espectáculo dentro del concierto: con su cuerpo delgado y penetrantes ojos negros, parecía marcar el ritmo; en tanto que con sus inquietos y delgados dedos, dibujaba el tiempo. “los músicos son alumnos de una Escuela de la zona tropical de Chiquitana, Provincia del Beni, Bolivia. La música que practicamos corresponde a una larga tradición dejada por los misioneros jesuitas que habían llegado a colonizar a los indígenas de las selvas bolivianas en los SXVII- XVIII”. La congregación fundada por San Ignacio de Loyola, por unas desavenencias con los monarcas españoles, fueron expulsados en el S XVII, de todo el continente americano, y, al verse forzados de abandonar sus ministerios en el continente nuestro, dejaron también como herencia cultural, la música barroca que había formado parte de sus bagajes misionales, la misma que ahora, la Orquesta De los Moxos, ha convertido en un ingrediente más de la vasta cultura popular boliviana, manteniendo las raíces histórico culturales de su procedencia europea
Los momentos más sublimes del concierto fueron el diálogo entre los violines, las voces (cantando en latín y lenguas nativas) y el arpa, casi diseñados por el ineludible y cimbreante cuerpo de Raquel, que dirigía las ondas sonoras de los instrumentos que emitían mensajes ocultos de la naturaleza, al alma humana. Hubo varios momentos del concierto, donde el público sintió la presencia del grupo como si se tratase de un sol locuaz e intenso de las selvas sur americanas, con la perla bulliciosa de su lluvia cayendo sobre las hojas plácidas, la fragancia alquímica de su flora misteriosa y seductora, y, la frescura de sus ríos temerarios como notas celestiales. El arte, como el amor, si es auténtico, es la reencarnación del espíritu de la naturaleza sin tiempo, no importa el lugar en donde se manifieste, ni el color de la piel de los receptores-transmisores de su encanto; lo auténtico siempre es universal. La Orquesta De Los Moxos, con la juventud y brío de sus integrantes, con la pericia y candor de sus melodías, parecieran ser el largo camino de la poesía con que afina la historia sus líquenes de fábula en las páginas del tiempo. Felicitaciones jóvenes músicos De los Moxos y gracias por elevar el espíritu de nuestro continente, al sitial del arte universal, como pálpito de esperanza de la globalización formando parte de nuestra identidad Latinoamericana o Amerindia.
RÉGULO VILLARREAL DOLORES nació el 30 de marzo 1949, en el Departamento Ancash, Perú. Muy joven, luego de seguir estudios en el Instituto Superior de Periodismo JAIME BAUSATE Y MESA, en Lima, emigró a Dinamarca, en donde se estableció definitivamente. Es Co-fundador del Grupo Cultural NUCLEO DE POETAS Y ESCRITORES RADICALES - NEPER- Lima, y ha obtenido, entre otros, el 1er Premio de poesía en los JUEGOS FLORALES del Colegio Nacional Nocturno San Marcos, Lima 1972, el 1er Premio de poesía XXXIII Aniversario del Ministerio de Salud Pública, Lima. Es Miembro de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas - ANEA – Lima, Perú y de la Asociación de Escritores Daneses.
Thomas Mann
por Eduardo CASANOVA
Cuando tenía quince años, y a pesar de que varias personas me advirtieron que “La montaña mágica” de Thomas Mann era de muy difícil lectura, decidí entrar de lleno en sus páginas, y lo logré con sorprendente facilidad. Me sentí encantado con los personajes, el ambiente, los diálogos, las discusiones filosóficas y, allá como un telón de fondo que se acerca y se aleja, la Guerra Europea. Muchos años después, en agosto de 1967, cuando por una auténtica gripe viral el médico me ordenó quince días de reposo, justo cuando acababa de llegar a Buenos Aires Frank Iturbe, que podía hacerse cargo del Consulado de Venezuela durante mi ausencia, aproveché para hacer una segunda lectura que me gustó aún más que la primera. Y la leí por tercera vez en Beijing, en China, en el invierno de 1991, para llenar las larguísimas noches en una ciudad en la que no podía leer televisión ni ir al cine o al teatro ni hacer otra cosa de noche que leer o dormir. La trama de la novela es sencilla: narra la visita de Hans Castorp a su primo, recluido en un sanatorio antituberculoso en las montañas suizas, que debía ser de tres semanas pero se convirtió casi en una vida, pues Castorp, a causa de unas fiebres, termina internado. Y allí emprende magníficas discusiones en las que trata temas como la política de su tiempo, la medicina, el pensamiento, etcétera. Hacia el final se queda solo porque el primo, a pesar de su enfermedad, decide abandonar el lugar para incorporarse a la Gran Guerra, en donde seguramente, o por una bala o por la acción de los bacilos de Koch, encontrará la muerte. En realidad se trata de un inmenso paseo por la civilización europea de su tiempo, realizado con la auténtica maestría de uno de los más grandes novelistas de la historia. Otras de sus obras, como “Los Buddenbrook”, “Muerte en Venecia” y “Doctor Faustus”, las leí en distintos sitios. En 1968, en el otoño, fui especialmente a conocer Lübeck, la pequeña y bellísima ciudad en donde nació Mann en junio de 1875, y me encontré con la sorpresa de que nadie sabía nada sobre el gran novelista. Descubrí la auténtica casa de los Buddenbrook, que era la sede de un banco y sobre la puerta principal tenía una gran placa en donde se decía que era una casa del renacimiento y que allí vivieron a lo largo de muchos años varias familias, entre las que citaban a los Buddenbrook y muy de paso a los Mann. Siete años después, también en otoño, vi que habían puesto una placa especial en la misma casa en homenaje a Mann, y que frente a donde estuvo su casa natal (destruida por los bombardeos americanos) también había un monumento de mármol indicando que allí había nacido el escritor. Eso fue por su centenario, y muy afortunado. Mann, que pertenecía a una familia importante, se fue de Lübeck todavía niño, a München en donde estudió historia, economía, historia del arte y literatura. Muy joven publicó varios trabajos en “Simplissimus”. Su primera novela fue “Los Buddenbrook”, que trata sobre la decadencia de la familia burguesa en cuya casa vivió parte de su infancia. Luego vendrían “Tristán”, “Muerte en Venecia”. Durante la Primera Guerra Mundial, inicialmente defendió las ideas de los nacionalistas, pero pronto se hizo ferviente defensor de la democracia, por lo que escribió y publicó “La montaña mágica”. En 1933, a raíz de la llegada de los nazis al poder, se exiló en Suiza, hasta 1938, cuando se trasladó a los Estados Unidos, en donde vivió hasta su muerte, que fue en agosto de 1955, justo en los días en los que yo leía su obra monumental por vez primera. Su “Doctor Faustus”, que trata de un músico que le vende su alma al diablo, explica los porqués de que Alemania cayera en manos de los bárbaros nazis. En 1929 recibió el Premio Nobél de Literatura.
Leer a Proust
por Roberto J. LOVERA DE SOLA(Apostilla para Eduardo Casanova)

En verdad a mi, mi querido Eduardo, también me pasó igual a ti. Leer La búsqueda del tiempo perdido fue para mi ocupación de mucho tiempo, llena de dificultades, tantas como es densa y a veces árida esta novela impar. Mis primeros intentos por leerla, porque era para mi imposible pasármela como estudiante de Letras en mi primer intento, como estudioso de la literatura y como crítico literario sin leer La búsqueda… la obra esencial de uno de los cuatro grandes escritores del siglo XX. Los otros son Franz Kafka, James Joyce y William Faulkner. Y muy posiblemente, como el quinto, Thomas Mann por La montaña mágica y La muerte en Venecia. Siguiendo la enumeración creemos que las obras a leer de cada uno son La metamorfosis, El castillo y El proceso en el caso del checo; el Ulises del dublinés y Absalón, Absalón del sureño norteamericao, sólo que en su caso es siempre difícil escoger un solo libro porque Santuario, Mientras agonizo y El sonido y la furia son ejemplares y porque todo el conjunto de su hacer es todo un universo, un mundo, como aquel condado imaginario por él inventado en donde transcurren sus ficciones. Pero Proust los encabeza a todos.
Como fue tu caso mi primer intento de lectura de la novela de Proust resultó frustrado por las dificultades ante las que me encontré, fue hecho en 1970, me recuerdo sentado en la sala de actos de la Asociación Venezolana de Escritores, en donde trabajaba, batallando cada mañana un rato con el primer tomo. Pero en aquel momento leer La búsqueda… no pudo ser posible como tampoco logró serlo en cada uno de los intentos hechos a través del tiempo. Lo yermo de La búsqueda… me detenía, pese a tener al lado devoradores de libros como mi amiga la escritora Lidia Rebrij que había leído La búsqueda… con fruición pese a confesarme siempre que la dificultades estaban en la sequedad de los muy largos pasajes de la novela. Podía sucederle al lector, como a mi me pasó, leer doscientas páginas seguidas y encontrar que los personajes seguían aun conversando en el mismo rincón de la sala en donde estaban al comienzo de esa parte del volumen que teníamos en nuestras manos.
Pero tenía que leer La búsqueda… integra. Hice varios intentos y no lograba finalizar el primer tomo. Vi una película francesa, por cierto muy mala, sobre los amores Swam, para tratar de estimularme y no logré nada. A la salida del cine me encontré con otra amiga, fascinada siempre por Proust, la poeta Yolanda Pantin. Fue entonces, cuando ya pasaba el año 2000 cuando tracé la estrategia que me llevó a la lectura completa de La búsqueda… Esta es la confidencia que te hago en esta cuartilla. Quizá sirva para alentar y estimular a futuros lectores de los siete tomos que tiene este libro sin igual.
Fue así como en 2002 decidí una estrategia: leería cada año un tomo hasta lograr terminar todo el ciclo, los leería sin preocuparme cuanto tiempo me llevaría hacerlo. De hecho costó varios años. Pero además todo formaba parte de un plan: cada día leería durante una hora, con un reloj enfrente de mi sillón de lectura, ello me permitiría, y así fue, poder enfrentarme a las dificultades. De hecho la estrategia de leer una hora cada día ciertos libros muy difíciles ya la había puesto en práctica antes. Fue ella la que me permitió leer libros tercos de entregarse a los lectores. Lo había hecho antes con Paradiso de José Lezama Lima, que tenía décadas tratando de entrarle, incluso con el Fausto de Goethe o el Ulises de Joyce para el cual conté con las magníficas traducciones del español José María Valverde, cuyas versiones son siempre impecables, tanto como aquellas que de las lenguas latinas que ha hecho el también español Angel Crespo al verter a Petrarca, a Pessoa y a ese milagro de la lengua que es el Gran Serton: veredas del brazileño Joao Guiamraes Rosa.
Así lo hice con Proust a partir del 12 de febrero de 2002, le fecha está escrita sobre el volumen utilizado. A ello me ayudó en parte la nueva traducción de la obra de Proust, A la búsqueda del tiempo perdido, del erudito proustiano hispano Mauro Armiño. En el primer están Por la parte de Swann y A la sombra de las muchachas en flor, fue hecha traduciendo de nuevo La búsqueda… pero no desde la ediciones de Gallimard como siempre se había realizado sino desde los originales manuscritos de Proust los cuales por suerte había adquirido la Biblioteca Nacional de París. Además la traducción de Armiño es una edición anotada cuidadosamente y tiene diversos añadidos, en el tomo primero, el único que hemos logrado encontrar en Caracas, que ayudan a la mejor comprensión de La búsqueda… Para el resto de los tomos utilicé la edición de Alianza Editorial (1966-1969), cuatro de cuyos volúmenes, del cuatro a siete, fueron vertidos al castellano por la impecable Consuelo Berges, gran conocedora y traductora de las eminencias de las letras galas como Stendhal. Así fue que lo pude hacer.
Así durante tres años, con calma, pausadamente, sin apuros, pude leer toda La búsqueda… Llegué al tomo siete, el último, el 6 de febrero de 2005. Cuando leí la última línea de este volumen no sólo respiré hondo por el logro sino que me sentí alegre: había leído toda La búsqueda… Inmediatamente me senté en el computador y envié un e-mail a todos mis amigos y amigas contándole la hazaña cumplida, porque intelectualmente lo era. Es una forma de graduarse de lector. Así fue mi queridísimo Eduardo.
ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.
Adiós pues, Adriano
por Roberto J. LOVERA DE SOLA
Fue inesperada la muerte de Adriano González León. Falleció (enero 12, 2008) en el restaurant “Amazona Grill” en Las Mercedes, cerca de donde vivió en los últimos años, desde el fin de su actividad diplomática en Europa, donde volvió a establecer “La República del Este”. Al saberlo comprendimos que el admirado escritor y querido maestro y amigo había expirado en su propia ley porque para él, impenitente bohemio, siempre hubo una relación íntima entre literatura, el vino, el amor y la mujer. Toda su obra literaria registra este hecho central de su vivir y de su escribir.
Conocimos a Adriano González León, nacido en Valera, Trujillo, en 1931, cuando aparecimos en nuestra vida literaria, en 1968, cargados ya de la decisión de ser crítico literario y siempre recibimos de él estimulo permanente y constante a lo largo de estas cuatro décadas cerradas ante sus cenizas. Tanto que llegó a llamarnos, en julio de 1981, en la dedicatoria de su Del rayo y de la lluvia,”gran compañero de la literatura y de los sueños, con la admiración y cercanía”. Tampoco podemos negar que él marcó nuestra generación del sesenta y ocho con su novela País portátil. Tampoco podemos olvidar que fue grande la influencia que él tuvo en nuestra formación literaria cuando fue invitado por los propios estudiantes, durante el rico proceso de la “Renovación” (1969) de la Escuela de Letras de la UCV, a impartir su cátedra allí. Ello fue consecuencia del célebre manifiesto Cervantes, camarada, tu muerte será vengada (mayo 12, 1969), del cual se cumplieran cuatro décadas el año que viene.
Y antes de repasar memoriosamente su obra debemos decir que como profesor, sobre todo en su tan célebre curso sobre “El Surrealismo”, tendencia en la cual era un maestro consumado, más que un scholar Adriano se nos mostró siempre como un creador que enseñaba literatura, quien contagiaba a sus alumnos con la pasión literaria, con el espíritu alto y hondo a donde nos llevan las letras. Esas mismas enseñanzas sobre tan bien conocido asunto las divulgó más tarde para todo público a través de su celebrado programa televisivo de la antigua Televisora Nacional, el Canal 5 (hoy Vale TV), “Contratema”.
Era tan importante su conocimiento del movimiento capitaneado por Andrés Breton (1896-1966) desde París que un día, curiosamente en un diálogo sostenido en las puertas de la funeraria “Vallés” en donde asistíamos al velorio de un escritor amigo, le insistiéramos que debía hacer transcribir sus programas en “Contratema” sobre “El Surrealismo”, de hecho acababa de terminar de dictar su famoso curso en la forma del grato palabreo, de lo cual era un maestro, desde la pantalla chica, y con ese material, bien corregido por él con detenimiento, cosa que siempre hacía con sus escritos, produjera un libro sobre aquel asunto tan caro a su espíritu.
De haber hecho eso y editado su libro sobre El Surrealismo hubiera habido en la obra de Adriano un segundo libro de crítica. El primero fue Señas de una generación (1972) en el cual imprimió, en las ediciones de la UCV, sus famosas crónicas de su columna “Señas de identidad”, publicadas en el “Papel Literario” de El Nacional con el seudónimo de Gabriel Zarcos, en las cuales hizo un repaso, nombre a nombre, libro a libro, de cada uno de los creadores de su generación y de aquellos críticos, como Juan Liscano (1915-2001), de quien habían recibido el estímulo necesario para la invención de sus obras. Lo que pensó Liscano de la gente de “Sardio” y de “El techo de la ballena”, el otro grupo liderado por Adriano, en 1961, al extinguirse “Sardio”, está en la obra de este acucioso interprete de nuestras letras: Panorama de la literatura venezolana actual (1973).
Recordamos vivamente el día de la presentación de País portátil tanto por la interpretación crítica que allí leyó, en la casa del viejo Ateneo de Caracas, de pie en las escaleras, Orlando Araujo (1927-1987). Ese análisis, que se puede leer en su libro Narrativa venezolana contemporánea (ed. 1972, p.203-228), es tan hondo que marcó desde entonces hasta hoy la crítica interpretativa hecha a las obras de González León. Es tan completa que ahora sólo faltaría completarla con el estudio de los volúmenes publicados por Adriano desde 1972 hasta ahora, lo cual no es poca cosa porque en el cuento está nada menos que su Linaje de árboles (1988) y en su escritura mayor su espléndida novela Viejo (1995). Tampoco podemos olvidar aquel día de la aparición en Caracas de País portátil porque el maestro Arturo Uslar Pietri (1906-2001) estaba en la misma cola que hacíamos los presentes para comprar el libro que marcó época en la novela venezolana (El librero Moisés Hasman sacó una fotografía del autor de Las lanzas coloradas pagando el volumen). Conservamos nuestro ejemplar de la edición príncipe (1969) con la afectuosa dedicatoria que en su bella letra estampó allí Adriano.
Dentro del escribir de Adriano es imposible no referirnos a su trepidante Asfalto infierno (1963), reeditado años más tarde en las ediciones del Diario de Caracas como Asfalto infierno y otros textos demoníacos (1979) y a su segunda novela Viejo.
También el cultivo del cuento fue central en él. Lo comenzó en 1957 con la primera edición caraqueña de Las hogueras más altas que constituyó el inicio público de su generación literaria, la de “Sardio” (1958-61). Es imposible soslayar todo lo de telúrico que hay en tan bellos relatos y la forma como avizoró el mundo nuevo que abría al pie de la montaña tutelar, en el lago cercano: el del petróleo. Cuentos perfectos también los hubo más tarde en Hombre que daba sed (1967) en donde está el mejor de los suyos “Madam Clotilde” y luego dentro de un sesgo más poético en Linaje de árboles (1985) en donde lo lírico predomina. Allí está una sección de excelencia, memorable, que es Damas, editado originalmente (1979) por Elia Yépez de Briceño en un pequeño libro de diez centímetros que cabe en el bolsillo de una camisa o en la cartera de una fémina.
Los hogueras más altas, Hombre que daba sed y Linaje de árboles corren insertos en su Todos los cuentos más uno (1998), al leer este volumen nos preguntamos el por qué de la exclusión de Asfalto infierno de esta recolección, que es obra mayor dentro de su escribir no sólo por su visión de la ciudad sino porque allí adelantó la parte urbana de País portátil.
Igual es antológico dentro de nuestra literatura su cronicario Del rayo y de la lluvia (1981) e incluso su incursión en los años finales de esa vida tan creativa que ahora ha terminado, sin darse cuenta él que se acababa, en la poesía que a tantos lectores deslumbró. Bastaría citar su Hueso de mis huesos (1997), con sus textos llenos de barroquismo para dar fe de la honda corriente lírica que surgió de cada una de las líneas de estos poemas de excepción cuyos versos finales, “Acto final”, muy bien pueden inscribirse como epitafio en su tumba.
Proyectos irrealizados de sus últimos días fueron los trabajos preparatorios para la celebración del medio siglo de la fundación del “Grupo Sardio” que se recordarán este año. Llegó a pensar en ordenar una antología de los más significativos textos aparecidos en la revista “Sardio”, órgano de esta agrupación central de nuestra vida literaria contemporánea. Y también deseó, gracias a la desaparición de los buhoneros en Sabana Grande, volver a mudar para allá, su sitio de nacimiento y vida, la “República del este”. Reviviría entonces otra vez el llamado “Triángulo de las Bermudas” y la zona, tan entrañable para su época, volvería ser Sabana Grande una fiesta, según la frase de Fausto Masó
Enero 20,2008
NOTA FINAL: Escrito este artículo nos llegan el texto del último escrito de Adriano González León. Está dirigido a Francisco Massiani y fue escrito de su puño y letra en tres hojas de una libreta. La publicación que la imprimió, la revista que dirige Carmencita Ramia, junto a la fotografía de las páginas, nos dice que fueron llevadas hasta su redacción por Américo Martín. En estas cuartillas de Adriano al autor de Piedra de mar quien, hace pocos meses, decidió editar un conjunto de sus poemas en el volumen Señor de la ternura (2007). Los amigos de Pancho Massiani sabíamos hace décadas no sólo que escribía poesía, una vez junto a Ludovico Silva, el año 1975, en el primer Taller de poesía del “Celarg”, cuando este estaba en aquella bella casa de Altamira, en cuyo verde jardín se reunían los poetas de aquella hora, le escuchamos leer un soberbio poema y nos dimos cuenta que no sólo era un gran narrador sino también un poeta de excepción. Esto le escribió Adriano:”De los poetas como tú, que domestican las constelaciones y las meten en una copa. Y se la beben solitarios, para mejor riqueza de la imaginación. Recuerda que Omar Kayan decía ‘Voy por el camino con mi botella y mi sombra. Afortunadamente mi sombra no bebe”. Tú estás allí, en tu silla de príncipe iluminado. No te sientas mal. Es de dioses estar solo a veces. Mantén esa quietud y ten presente que todo el país te ama. Conozco demasiadas muchachas que deslumbraron nuestro corazón. Veo cómo tus páginas crecen y el viento y los duendes tienen envidia. Déjalos que se apropien y construyan la comarca que desean. Tienen buenos materiales para el trabajo. Eso sí. Quiero decirte que en estos días fui a una playa rocosa. Allí recogí una piedra de mar para ti” (Contrabando, Caracas, n/ 10, 2008, p.10).
ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.













RÉGULO VILLARREAL DOLORES nació el 30 de marzo 1949, en el Departamento Ancash, Perú. Muy joven, luego de seguir estudios en el Instituto Superior de Periodismo JAIME BAUSATE Y MESA, en Lima, emigró a Dinamarca, en donde se estableció definitivamente. Es Co-fundador del Grupo Cultural NUCLEO DE POETAS Y ESCRITORES RADICALES - NEPER- Lima, y ha obtenido, entre otros, el 1er Premio de poesía en los JUEGOS FLORALES del Colegio Nacional Nocturno San Marcos, Lima 1972, el 1er Premio de poesía XXXIII Aniversario del Ministerio de Salud Pública, Lima. Es Miembro de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas - ANEA – Lima, Perú y de la Asociación de Escritores Daneses.
ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.
Comentarios Recientes