Categoría: Cine
El rugido del hampón
por Eduardo CASANOVAEl teniente coronel Chávez Frías, el hombre que se sacó en una caja de Ace la presidencia de la república y no ha estado a la altura, no ha sabido y ni ha podido manejarla con un mínimo de dignidad, amenaza a Colombia con una guerra que, en definitiva, no sólo no beneficiaría a nadie, sino que perjudicaría a todos los habitantes de esta parte del mundo. Hay quien dice que en realidad se trata de algo relacionado con las drogas, debido a que el pacto entre USA y Colombia le impediría seguir beneficiándose de esa actividad. Hay quien dice que se trata, simplemente, de anular a los gobernadores de Táchira y de Zulia, por ser ambos partidarios del sistema democrático. Hay quien dice que no es más que una amenaza huera de la que espera sacar algunas ventajas. Hay quien dice que busca una guerra verdadera para que después de la derrota absoluta se establezca algo así como un Plan Marshall y el país recupere lo que ha perdido con su desgobierno, lo cual sería un imposible gesto de nobleza de un personaje incapaz de hacer algo noble. Y, finalmente, hay quien dice que se trata de algo parecido a la divertidísima película de Jack Arnold (con el hiperprotagonismo de Peter Sellers) “El rugido del ratón” (“The Mouse That Roared”), de 1959, en la que por una serie de casualidades un pequeñísimo ducado, llamado Grand Fenwick, logra que el poderoso imperio norteamericano se rinda ante su amenaza de guerra. Desde luego, dada la evidente falta de cordura del sujeto y sus seguidores, no tendría nada de extraño que esta última versión haya pasado por sus mentes. En cualquier caso, nada bueno puede pensarse de esa falsa guerra, y en ningún caso podríamos hablar del rugido del ratón, sino del rugido del hampón.
Entonces... ¿Quiénes Volverán?
por Eduardo CASANOVAHe allí el problema. Los que aparecen asociados a actos de corrupción y de abusos de poder no deben volver. No volverán. Y no hablo sólo de AD y Copei, sino también de los del MVR y el PSUV, que con la complicidad del Contralor Russián, de los diputados de la AN, de los magistrados del TSJ y de los Fiscales Generales y los Defensores del Pueblo han hecho del gobierno de Chávez Frías el régimen más corrompido y corruptor de la historia de Venezuela. Corrompido por el obsceno enriquecimiento ilícito que está a la vista. Los contratos milmillonarios sin licitación ni control, el famoso “Plan Bolívar 2.000”, que sirvió para que los militares se enriquecieran a costa de la ruina del pueblo, la multiplicación de las propiedades de la familia Chávez y muchos otros hechos que están a la vista. Y corruptor por sus planes demagógicos, sus dádivas y sus limosnas para comprar voluntades. En la historia de Venezuela hubo gobiernos que practicaron abiertamente la corrupción, como el de Andueza Palacio, que también se dedicó a sobornar y comprar voluntades para su reelección, o el de Pérez Jiménez, que por lo menos hizo muchísimas obras materiales importantes aunque a precios inflados para quedarse con las diferencias. Y la compra de voluntades con planchas de zinc y materiales para autoconstrucción fue una práctica casi común en los gobiernos de la democracia. Pero ninguno de ellos alcanzó los niveles de corrupción del gobierno del teniente coronel Chávez Frías, que además ha llevado su mano corruptora al extranjero para asegurarse clientes y apoyos para su egolátrico proyecto de convertirse en líder mundial. Y no sólo lo ha hecho con maletines y contratos jugosos, sino en terrenos como el de la cultura, en donde vemos un Oliver Stone y un Plácido Domingo sonrientes y felices, buchones como gallinas recién pisadas, pisadas por maletines de dólares que vienen del petróleo. Riquezas que no servirán para mejorar la calidad de vida de los venezolanos. Es por eso por lo que se da el fenómeno de que el teniente coronel Chávez Frías cada día pierda popularidad, pero sin que la gane la oposición. El militarcito pierde apoyo por su corrupción y su notable incompetencia, pero la oposición no lo gana porque en sus filas hay muchos que representan la corrupción de antaño. Sobre ese tema también habló Gustavo Adolfo Bécquer, cuando dijo:
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun más hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquéllas, cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día…
ésas… ¡no volverán!
LA ALFOMBRA ROJA ROJITA
por Eduardo CASANOVA
Es noticia en el mundo: el teniente coronel Chávez Frías “estrenó” la alfombra roja del Festival de Venecia, como si fuese Madonna o alguien por el estilo. Es la estrella de un film de Oliver Stone, un talentoso y amoral hombre de cine, que me recuerda, por cierto, al ahora llamado “Músico del régimen” en Venezuela, por aquello que dijo Bolívar: “El talento sin probidad es un azote” (Discurso de Angostura, 15 de febrero de 1819), que, como dijo el Profesor Alexis Márquez Rodríguez, que tiene a la vez talento y probidad, “Se refiere obviamente al peligro que representa para un país o para la humanidad entera un científico, un gobernante, un funcionario cualquiera que exhiba una inteligencia superior, pero carezca de probidad en el ejercicio de su funciones. Peligro tanto mayor cuanto mayor sea el poder que tales personas ejerzan. Es la inteligencia al servicio del mal.” La inteligencia al servicio del mal: eso es exactamente lo que estamos viviendo en Venezuela y lo que estamos viendo en Venecia. ¿Cómo se explica que un país azotado por la pobreza, por la incompetencia, lleno de carencias y habitado por una mayoría de pobres, se gaste millones de dólares en hacer un documental de propaganda para un caudillo? ¿Cuántas viviendas, cuántos hospitales, cuántas escuelas se hubieran podido hacer con esa millones de dólares que se desperdiciaron en una película que, además, está llena de mentiras? ¡Que los que lo vean vengan a Venezuela, la Venecia deleznable, y vean los cerros en donde se hacinan millones de gentes que no han tenido acceso a la educación, sobre todo en los últimos años, bajo el pésimo gobierno del militarcito que prefiere desperdiciar millones de dólares, no solamente en el documental, sino en viajar y alojarse en cuerpo de rey, en un hotel de lujo asiático y con una comitiva de aplaudidores que lo ayudan a dilapidar la fortuna que está dilapidando! ¿Es eso el socialismo que proclama? ¿Socialismo para salir en las páginas de “sociales” de las revistas y los periódicos frívolos (y frívolas, como tanto les gusta decir)? ¿Hasta cuándo puede seguir engañando a los incautos? Es obvio que a los Stone y a los Abreu no los engaña: les paga en dólares. En la moneda del Imperio que le compra el petróleo. Esos dólares que pasaron por encima de las cabezas de los pobres y no les dejaron otra cosa que piojos y enfermedades. Que les quitaron para siempre el porvenir. La riquísima alfombra roja del Festival de Venecia ha quedado manchada, Ahora es roja rojita.
La Plaza Bolívar
por Alberto LOSSADA SARDIPasando por la Plaza Bolívar me llamó la atención un anciano, que, acompañado por su perro, miraba, absorto, los alrededores. No aguanté la curiosidad y me acerqué a él preguntando qué era lo que tanto le llamaba la atención, y, educadamente, me dijo, con el sonido de un levísimo acento español de clase alta:
-“Yo nací aquí, en esta ciudad, pero los avatares de la vida me llevaron a pasar la mayor parte de mi vida fuera de ella, y es, ahora, una ciudad totalmente distinta para mí. Y, sinceramente, no me acostumbro. Aunque aquí, donde me ve, aparento muchos más años de los que realmente debería tener, el peso de una vida llena de complicaciones y luchas me ha envejecido de tal modo, caballero. ¿Y usted, también es de aquí?….”
-“Si, de los pocos caraqueños que quedamos. Esta es, hoy por hoy, una ciudad en la cual abundan los del interior y las más variopintas nacionalidades…”
-“Perdón, caballero, ¿qué quiere decir con ‘del interior’?”
Tomándolo por un español “asimilado” (ya que lo sabía nacido aquí) le dije:
-“Lo que en España llamarían provincianos…”
-“¡Ah, entiendo!”. “Y esta estatua es de ¿Bolívar? ¿no es así?”
-“Así es, mi buen señor. Nuestro Padre de la Patria. Lástima que cayó como símbolo de una ideología política que, para más, es extraña a nuestros principios”
-“Perdón, pero no comprendo. ¿Tendría la gentileza de explicármelo?”
-“La verdad es que nos llevaría demasiado tiempo hacerlo, pero déjeme abreviarle diciendo que el actual régimen es seudo-marxista y ‘bolivariano’. ¿Cómo justificar la mezcla de nuestro Libertador con el hombre que más denostó de él? No lo sé, no lo entiendo, como no entiendo la mayor parte de las locuras que pasan en el país por estos días”
-“Mire, ese señor que entra en aquella casa de color amarillo rodeado de tanta gente, ¿es alguien muy importante?”
Alcancé a ver a Nicolás Maduro y su nube de guardaespaldas entrando en la Cancillería…
-“Bueno, él cree que sí, pero la tomadura de pelo con él es general. Hasta sus copartidarios lo hacen objeto de sus chanzas, y la gente que viene con él son sus guardaespaldas”
-“Pero, si es el Canciller, ¿no es un político muy importante? ¿Y con tantos guardaespaldas?”
-“No sé si ahora lo sea, pero de chofer de Metrobus, esos autobuses que seguramente habrá visto, verdes o grises, pasó a diputado, de allí a Presidente de la Asamblea y ahora es Canciller…”
-“¿Un chofer de autobús? Pero, ¿qué preparación tiene, en qué se ha destacado?”
-“Hasta ahora, en hacer lo que le ordene el jefe sin hacer preguntas y sin objeciones morales”
-“¿El jefe?, ¿qué quiere decir?”
-“El presidente, buen hombre. Hugo Chávez…”
-“¿Por acaso, será uno que lleva un blusón rojo por fuera, que habla mucho y no dice nada y que, aparte del mal talante, ofrece el fuego del infierno a quien no esté con él?”
-“Eeese messmo..”
-“Pero, ¿Bolívar no les alertó de la anarquía que sería un gobierno de la pardocracia?”
-“Sí, pero resulta que, según Chávez, aparte de que nunca ha hablado de eso, Bolívar era negro, o, al menos, mulato o pardo, de Birongo…”
-“¡Pardiez, me cachis en la mar salada! ¿Y de dónde sacó eso?”
-“Demagogia, buen hombre, pura demagogia. Pan y circo para el pueblo. Y eso no es nada, anunció hace unos días que Bolívar fue asesinado y que le habían obsequiado un mechón de su cabello que iba a mandar a analizar para saber con cuál veneno había sido”
-“Pero si es bien sabido de qué murió….”
-“Bueno, vaya usted y, si consigue acercársele, trate de decírselo”
-“¿Y el Congreso no tiene nada que decir?”
-“Congreso, no, Asamblea Legislativa, y la Presidente es la mujer de Maduro, que, trabajando de administrativa en la policía científica logró graduarse de abogada y ése es el “premio” que le dieron”
-“Pero”, dijo el anciano y noté que temblaba, a mi parecer, de ira, “entonces este país se fue a las puertas de Hades o a umbríos sitios del Tenaro o Caronte, del Aqueronte, lo visita para asegurarse de que paguen el viaje… Le agradezco, caballero, la gentileza que ha tenido para con este pobre anciano, ahora más anciano que antes, pues si esto es un brevísimo recuento de lo que vivimos, no deseo oír el resto. Con su debida venia me retiro, pues debo hacer algunas cosillas…”
-“Pero no me ha dicho su nombre, buen hombre, ¿con quién he tenido el gusto?”
-“No es importante, caballero, aún cuando alguna vez”, me dijo guiñándome el ojo, ”en algunas correrías amorosas me llamaban Pepito, por mi segundo nombre”
-“¿Y el primero?”
-“Ya le dije, no es importante. Sólo le digo que Neruda dijo que despierto cada cien años, cuando despierta el pueblo….”
Quedé estupefacto. ¿Sería posible que el anciano fuera…? y me volví a verlo, pero ya se alejaba y oí, claramente, cuando, con una voz melancólica, decía al perro:
“Vámonos, Cenizo, he arado en el mar….”
Alberto Lossada Sardi, diplomático y escritor, nació en Caracas en 1950, en el seno de una familia de diplomáticos e intelectuales. Como diplomático ha servido en Estados Unidos, la Unión Soviética, Portugal, Ecuador, Nicaragua, Libia y Francia. Su más reciente cargo fue el de Ministro-Consejero Encargado de Negocios en Portugal. También ha ejercido varias funciones en el Servicio Interno del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Los Derechos sobre la Propiedad Intelectual y su necesidad
por Alejo URDANETAEn la época turbulenta que nos ha tocado vivir a los venezolanos desde 1999, hasta hoy, nadie había puesto su atención o algún interés no confesado acerca de los llamados derechos de autor, o derechos sobre la propiedad intelectual, como los llaman en España y en otros países. Se tenía como algo necesario y que no afectaba, aparentemente, la estabilidad del gobierno; o, dicho de otro modo, era algo ajeno al quehacer político del país, pues quedaba reducido a un sector de la sociedad que se ocupa de la creación artística y pareciera no participar en los movimientos ambiciosos del ejercicio del poder del Estado.
Hace algunos meses hemos escuchado por boca de la Presidente de la Asamblea Nacional, que dentro del plan de la llamada reforma de la Constitución de 1999, debía incluirse un artículo o capítulo que proclamase la abolición de los derechos de los autores a ser reconocidos como tales, derechos subjetivos que incluyen el goce y disposición de los beneficios patrimoniales de la creación intelectual o artística, consagrados en las leyes de todo el mundo. Fue una proposición vaga, imprecisa e injustificada, pues no tiene el apoyo de razones jurídicas o de índole social, y se presentó como algo que vino sin aviso a la mente de alguien, para decir que también el derecho de propiedad intelectual debía regularse y limitarse. ¿Por qué? ¿Tiene algún beneficio o perjudica al receptor de las obras del ingenio el que se pague o no se pague al autor un derecho reconocido en todo el mundo? Los que adquieren un libro pagan su precio libremente, sin saber si el autor ha recibido algún estipendio por su labor intelectual, ya que muchas veces no reciben ninguna contraprestación económica. A la fijación del precio de un libro se llega sumando los costos de su producción y distribución, así como también el trabajo del autor. Lo mismo puede decirse de cualquier obra del espíritu: musical o de las artes plásticas.
Cartas credenciales
por Alberto HERNÁNDEZ
Desde los días del Manual del distraído, Alejandro Rossi nos suena en la conciencia. El ensayista, atado al amor de tres nacionalidades, favorece la universal, la más cercana a nuestros afectos.
Con Cartas credenciales (Fundación Bigott, Caracas, 2004) Rossi se nos presenta lleno de la vida que ha encontrado en México, donde es considerado como uno de los intelectuales más sólidos y respetados. La lectura nos amarra desde la primera página: estas cartas de presentación nos hacen descubrir la biografía de un hombre que si bien nació en Italia, tuvo en Venezuela su segunda patria, así como en México el imaginario que hoy lo cobija y le da aliento para seguir husmeando el mundo.
Desde su primer ensayo lo vemos agitarse: “No es fácil encontrar la tradición que nos conviene. Aquella que se ajusta a nuestros gustos y facilidades. La familia intelectual que comparte afinidades y aversiones, temas, estilos, mañas. A veces es necesario hacer largos rodeos y transitar por territorios ajenos. En el mundo hispanoamericano esto es aún más cierto porque no hemos vivido en culturas filosóficas propias, asentadas y, por consiguiente, las generaciones y grupos han debido elegir, a veces sin antecedentes previos, no sólo éste o aquel problema, sino la cultura filosófica en el que discurre”.
Esta reflexión se confirma en la páginas que más adelante termina de darle cuerpo al libro. Pese a ese vacío filosófico, Rossi rompe con la “soledad teórica y el peligro de un didactismo elemental”, como él mismo lo dice, para desnudar la sapiencia y los afectos por un “territorio” humano que es la vigencia de nuestra cultura, pese a no contar con una filosofía propia.
La vida de este pensador, aferrado a las letras, se reconoce en la filosofía y en la literatura. Sobre estos puntos señala: “¿Y la literatura? Ha sido, más que la filosofía, mi santo y seña para mezclarme con la realidad”. Que nunca ha estado muy lejos: vivir en América Latina es toda una aventura donde la gramática del espíritu complementa la de un paisaje que se mueve entre el grito y el silencio.
Esta corta autobiografía revela las “cartas credenciales” del escritor ante un auditorio en el Colegio Nacional de México, suerte de currículo que se estima imprescindible para darle más fuerza a su presencia, al hecho de “que yo sólo sea un espejismo de la buena voluntad” de los mexicanos que comparten su talento, sus más caras intimidades.
La próxima estación nos deja en Borges. El recuerdo del viejo escritor argentino marca de cerca de quien le escribe: “La muerte de Jorge Luis Borges ejemplifica a la perfección ese misterio que, con terminología tradicional o quizás simplemente eterna, llamaré la mezcla o la reunión del alma y del cuerpo”.
Y así, alma y cuerpo, Borges es visto a lo lejos, la primera y última mirada. El alma, la lectura del genio. El cuerpo en una conferencia, un día; en la calle de una ciudad, un instante: “Quiero recordar que la primera vez que lo vi, porque ya entonces entreveía –más física que conceptualmente-que allí se tramaba un alquimia rarísima. Conviene saber que yo tenía veinte años y era un lector de Borges desde los quince”. Pasados las décadas, una conferencia, llegar tarde a ella. Sólo atinó a verlo con la mirada caprichosa de la memoria visceral. Es decir, de ello guarda lo que quiere.
La otra memoria, la del alma, lo frecuenta con generosidad, ya a un poco más de los treinta años. Se apareció Borges: “Yo también crucé la calle y lo seguí unas cuadras, a cierta distancia, asombrado en el fondo de que las cosas fuesen así, tan simples y tan enigmáticas, un hombre camina por la calle. Yo todavía lo sigo”.
Un texto corto dedicado a Juan Nuño, otro venezolano anclado en nuestra espiritualidad. La muerte del autor de La cuestión judía, dejó una marca en Rossi: “Me consuela pensar que la intimidad vale más que el escenario, me conforta saber que ni él ni yo desperdiciamos un solo minuto de amistad. Ignoro dónde se encuentra Juan Nuño ahora. Lo único que puedo asegurar es que estará para siempre conmigo”.
Por supuesto, no podía falta Octavio Paz, otro de sus amigos. Corre aún mucho agua por los afectos de este hombre que recorre el continente en una recreación feliz por personajes y hechos que terminan por hacernos más cercanos.
ALBERTO HERNÁNDEZ - Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.
Un Dramaturgo, un Músico y un Sobrino (Cabrujas, Romero, Fernando Bolívar)
por Roberto J. LOVERA DE SOLA
SEIS MIRADAS A CABRUJAS
Yoyaina Ahumada (1964) reunió en Cabrujas: ese ángel terrible (Caracas: Fundación para la Cultura Urbana, 2007. 54 p.) Seis estudios que tocan casi todos los aspectos del hacer de José Ignacio Cabrujas (1937-1995). En cada uno su autor examina una faceta suya: Manuel Felipe Sierra (El Columnista), Daniel Gutiérrez (El humorista), Eduardo Fermín (El Venezolano), Claudia Furiati (El caraqueño), Iraida Tapias (El teatrero) y Arnaldo Gutiérrez (El operómano), todas estas contribuciones son precisas, penetran en los universos de aquel creador. Claro que no están todas sus caras: faltó el autor de teleseries sobre las cuales nos dejó Y Latinoamérica inventó la telenovela (2002), el libro sobre el gran género popular y de masas de nuestra época, al menos en este Caribe enamorado, afectivo, fiestero, boleroso, llorón.
Cuando se leen estos estudios nos damos cuenta hasta que punto Cabrujas fue un intelectual completo, alguien que amó su medio, esto nos lo mostró en El país según Cabrujas (1992), quien vivió para escribir, quien nos legó obras de teatro inolvidables como El día que me quieras (1979), de hondísima reflexión como lo es Acto cultural (1976), sin duda su principal pieza o de nítida belleza en la escritura, en los parlamentos y por estar empapada de las melodías que más amó: Fiésole (1968), una pieza que apenas si ha sido descubierta entre nosotros. Fue Cabrujas por momentos un destacado humorista, sobre todo en El Sádico Ilustrado, más que un solo melómano un musicómano muy culto, tal sus gratas explicaciones sobre las óperas que ponía en su programa cada domingo a través de la Radio Nacional. Y también un hombre que a través de sus piezas, si se sabían escuchar o leer bien sus parlamentos, habló mucho de si mismo: su visión de la antigua utopía comunista está en El día…, la esencia de lo cultural en Acto…y sus vivencias más hondas en su conmovedora última pieza, Sonny, en donde habló tanto del amor traicionado como lo hizo también en su último artículo, aparecido el mismo día de su deceso (Estimado Padrón Panza, El Nacional: octubre 21,1995). Allí sus primeras trece líneas son demasiado significativas, sentimos no tener aquí espacio para volverlas a citar.
Hay un detalle de una observación que hace Iraida Tapias en su sabrosa intervención que deseamos aclarar: esto lo precisamos en conservación con Cabrujas. En verdad El día…no sucede ni en la fecha de la llegada de Gardel a Caracas ni en el día de la muerte de Lenin (p.40) sino el 11 de julio de 1935 (El día…,ed.1979,p.52), una jornada que quedó pegada a su memoria familiar desde muy atrás (Ver nuestro “Cabrujas en el escenario”, Periódico del Teatro, n/16,1991).
EL MAESTRO ALDEMARO ROMERO
La muerte del compositor Aldemaro Romero (1928-2007) nos obliga a evocar a su persona y su modo de ser traslúcido, siempre decía lo que sentía, y lo hacía con humor. Fue mucho lo que nos enseñó, tantas horas gratas nos hizo pasar gracias a sus magníficas composiciones, al menos desde su disco “Dinner in Caracas”, en los años cincuenta, que es ya un clásico. A esto acompañaron las académicas. Aldemaro, como todos le llamamos siempre, nos hizo gozar de sus mil talentos que no se guardó para él sino que siempre repartió, sobre todo entre las nuevas generaciones musicales quienes siempre lo tuvieron como un padre como lo dijo Ilan Chester. Abuelo de los más jóvenes intérpretes también fue considerado. Para recordarlo nada más útil que sus sabrosos paliques con Federico Pacanins: Conversaciones con Aldemaro Romero. (Caracas: Fundación para la Cultura Urbana, 2006. 76 p.).
En ellas muestra Aldemaro hasta donde pueden llegar los dones de aquel que se forma así mismo:”Soy autodidacta en general…. Nada de música con estudios formales, sino que aprendí con mi papá que también era músico y director de orquesta… Lo demás lo estudié por mi cuenta, oyendo… Yo le debo todo lo que tengo al oído, a la memoria y a la facilidad para aprender. Todo.” (p.11), “A escribir se aprende leyendo, así como la música se aprende escuchando” (p.49).
Para Aldemaro lo que le viene primero al compositor es la idea, “El ritmo es la medida que lleva la melodía… La armonía es la contribución de Occidente para la música” (p.12), “es la idea que tú adoptas la que te sugiere el tipo de género y el tipo de letras” (p.61).
“La música se juzga solamente por el como suena” (p.13), su propósito es “sonar bien” (p.14). Pero debe estar “correctamente armonizada, con sus tiempos, con su afinación, con sus ritmos correctos. La música es un lenguaje” (p.22).
“Tengo unas ochenta composiciones académicas… unas doscientas y tantas obras entre canciones, instrumentales y arreglos de música popular… primero la música popular y después fue (la) clásica” (p.16). Las mejores: “Dinner in Caracas”, que hizo historia, “De repente”, “Quinta Anauco”, “El catire” y “Fuga con pajarillo”.
El músico más admirado por él fue, por encima de todos, el francés Maurice Ravel. Y luego el ruso Igor Stravinsky.
Pero también sus iniciativas culturales, además del “Círculo musical”, la “Onda nueva”, de su “Orquesta Filarmónica”, sus columnas de prensa y su programa radial en la 97.7, fueron amplísimas. Y escribió varios libros sobre música. En el caso de Esto es una orquesta (Fundarte,1992) tuvimos el privilegio de ser su editor. Y el texto de su contratapa es redacción nuestra.
En fin digamos adiós al maestro siempre claro, al que practicó aquello de Bolívar: “Mi sinceridad es tal que me conceptúo criminal en lo que reservo. Yo soy un hombre diáfano”(marzo 11,1825).
UN SOBRINO DEL LIBERTADOR
Se han vuelto a publicar los Recuerdos y reminiscencias del primer tercio de la vida de Rivolba (Edición y prólogo: Karl Krispin. Caracas: Fundación para la Cultura Urbana, 2005. 46 p.) de Fernando Bolívar Tinoco. Estas curiosas páginas sólo habían sido impresas una vez (1873) y traen una serie de noticias de interés para conocer algunos momentos de la vida del tío del autor, nuestro Libertador, como el atentado contra su vida (septiembre 25,1828) y su deceso en San Pedro Alejandrino (diciembre 17,1830), momentos en que Fernando estuvo junto a él.
Ello nos lleva primero a señalar quienes fueron los sobrinos de Simón Bolívar, sobre todo a los Bolívar Tinoco, Fernando entre ellos, a quienes su tío quiso como los hijos que nunca tuvo.
Bolívar tenía tres hermanos. Y además otros varios naturales, hijos de su padre don Juan Vicente.
Fueron sus hermanos legítimos los que dieron a sus queridos sobrinos: la mayor, la Realista María Antonia, en su matrimonio con Pablo de Clemente Francia, tuvo a Pablo Secundino, Josefa, Anacleto y Valentina. A Anacleto dio el Libertador el más grande regaño que se encuentra en su correspondencia para sacarlo del vicio del juego (Escritos del Libertador, ed.,1967, t.III, Vol.II, p.81-83). La segunda Juana, casada con Dionisio Palacios, le dio a Guillermo y a Benigna. Ambos, marido e hijo, fueron próceres: el esposo murió en la defensa de Maturín (1814) y el hijo en la batalla de La Hogaza (1817). Benigna casó después de la guerra con el general Pedro Briceño Méndez, persona siempre fiel al Libertador, su secretario, ministro y confidente, uno de los hombres que mejor conoció al Caraqueño. Bolívar celebró con gran entusiasmo esta unión. Juana fue patriota, esposa y madre de republicanos.
Juan Vicente, patriota, murió en un naufragio en el océano Atlántico (1811), si bien no llegó a casarse tuvo tres hijos con María Josefa Tinoco: Juan, Felicia y Fernando, el autor de estas Reminicencias…, quien fue el primer editor del Diario de Bucaramanga bajo el mote de Efemérides colombianas (1870). El Libertador, que fue siempre hombre que estuvo más allá de los prejuicios de su época, quiso a estos sobrinos naturales con todo el corazón, se ocupó mucho de ellos, les entregó bienes para que vivieran bien y se preocupó de la educación de Fernando, para cuya formación escribió unos Consejos…en donde está la esencia de su ideario educativo (Escritos…, t.II, Vol.I, p.267-269). A Felicia, fue su tío Simón quien la casó con el general José Laurencio Silva. Juan debió morir muy temprano, nada se sabe de él fuera de que vivió, la tradición oral caraqueña siempre ha repetido que padeció de una grave enfermedad mental. Sólo eso.
ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.










Alberto Lossada Sardi, diplomático y escritor, nació en Caracas en 1950, en el seno de una familia de diplomáticos e intelectuales. Como diplomático ha servido en Estados Unidos, la Unión Soviética, Portugal, Ecuador, Nicaragua, Libia y Francia. Su más reciente cargo fue el de Ministro-Consejero Encargado de Negocios en Portugal. También ha ejercido varias funciones en el Servicio Interno del Ministerio de Relaciones Exteriores.
ALBERTO HERNÁNDEZ - Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.
ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.
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