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Categoría: Actualidad

El rol del Folklore en la Red Peruana en Europa

por Régulo VILLARREAL DOLORES

En el I Congreso de Residentes peruanos en Europa, celebrado en la ciudad de Sevilla- España en junio del año 2007, se puso de manifiesto, una vez más, que el folklore y los cultores de esa manifestación de la nacionalidad, siguen siendo los crespones fosforescentes para llamar la atención de los actos sociales, como aperitivo, unas veces o como digestivo en otras y superados los momentos de apremio, el folklore y los folkloristas vuelven a ocupar sus lugares de siempre: convidados de piedra en las discusiones y decisiones del destino del país.

El arte, más que ninguna otra actividad humana, genera riqueza, abre las puertas de las relaciones y fortalece las amistades. Los peruanos en Europa, organizados en la RED, rescatando y proyectando el Folklore en su verdadera resonancia, podríamos ayudar, incluso, a organizar a las desorganizadas empresas turísticas, que ahora sólo están dedicadas a ganar dinero, sin respeto ni por los turistas, ni por el patrimonio cultural de todos los peruanos, que constituyen las “materias primas” de sus negocios.

El folklore, como fragancia de nacionalidad, al resumir los múltiples aromas de nuestra idiosincrasia y rezumar las nostalgias balsámicas y esperanzas recónditas de cada peruano, apunta a ser el vector de la nueva actitud política del Siglo XXI. Porque, para bien o para mal, la política interna de un país termina girando en torno al péndulo de los factores externos. En tal virtud, una organización de peruanos en el exterior, con clara visión de la realidad y consciente de las necesidades del país, puede ayudar a cambiar de rumbo a las políticas cortoplacistas y clientelistas de los gobernantes de turno del Perú, más preocupados en amasar riquezas personales, de la pobreza de nuestros pueblos que buscar soluciones a partir de las propias necesidades y con los propios recursos.

El Folklore, como la verdadera religión de la peruanidad, puede lograr el milagro de la unidad para el progreso sostenido, tendiendo puentes sensibles a todo el archipiélago de los egoísmos, las envidias y las frustraciones que nos dividen, debilitan y empequeñecen nuestra estatura moral como nación, razones “malignas” que justifican, la trepidante corrupción que reina en el país, atando a nuestros pueblos a la pobreza y a una mayor dependencia.

La RED peruana en Europa, para lograr la verdadera unidad de la colonia, creando y aceptando intereses de todos, con objetivos claros y proyectos de envergadura histórica, debe sentar las bases de un nuevo humanismo a partir de la amplitud generosa del arte, porque no hay acción humana más democrática y pluralista que el arte; no obstante, que el o los artistas, como individuos, pueden ser mezquinos.

Rescatar y dignificar el folklore y sus cultores como razón de identidad nacional, es un imperativo de la época, porque ellos, junto a nuestras reliquias arqueológicas como Machu Picchu, Chanchán, Choquequiraw, Sacsayhuamán, el Tumi o, el Cóndor Pasa y las Vírgenes del Sol en la música, son nuestros mejores y dignos embajadores o los máximos salvoconductos culturales en el exterior y, gracias a esos testimonios de organización y sensibilidad dejado por nuestros mayores, los peruanos podemos asumir la globalización, manteniendo nuestra personalidad cultural peruana.

Ninguna organización política o social de peruanos en el exterior, está pensando en hacer algo a favor de los creadores y difusores de la cultura nacional, y cambiar eso puede ser, no sólo el gran mérito, sino el mejor acierto de la política de la Red: transformar el Folklore nacional en sus múltiples manifestaciones, en el factor aglutinante de los connacionales de aquende y allende los mares, en bien del Perú.

Los folkloristas, interpretes del estro creador de nuestro pueblos, hombres y mujeres que plasman la polifonía en sus voces y recrean la policromía en sus vestuarios, deben ser los ejes en torno a los cuales deben organizarse la política como servicio y la economía como utilidad en favor de las grandes mayorías.

En tanto que el Folklore, asumido como la columna vertebral de la confederación de peruanos en Europa, daría un impulso diferente a las colonias en el exterior, con una imagen pluralista y de unidad en la acción, la RED, enarbolando la cultura nacional, ennoblecería la política y orientaría los esfuerzos colectivos a la creación de LA CASA DEL FOLKLORE PERUANO EN EUROPA (eventualmente con sede en España y con filiales en todo el continente europeo) y en el Perú, LA CASA DEL FOLKLORISTA PERUANO, un ente que no sólo proteja los derechos e intereses de nuestros creadores, sino que asegure una vejez digna a todos los que dedican sus vidas a esa noble tarea de la peruanidad. ¡Unidos podemos todos!. El eterno proyecto de la creación de una Casa para nuestros folkloristas en el Perú (Lima), es más factible hacerlo desde Europa, porque en nuestro país, los prejuicios, los intereses politiqueros y los complejos, hacen casi imposible la consumación de cualquier obra de generosidad e importancia histórica en favor de las grandes mayorías.

Régulo Villarreal DoloresRÉGULO VILLARREAL DOLORES nació el 30 de marzo 1949, en el Departamento Ancash, Perú. Muy joven, luego de seguir estudios en el Instituto Superior de Periodismo JAIME BAUSATE Y MESA, en Lima, emigró a Dinamarca, en donde se estableció definitivamente. Es Co-fundador del Grupo Cultural NUCLEO DE POETAS Y ESCRITORES RADICALES - NEPER- Lima, y ha obtenido, entre otros, el 1er Premio de poesía en los JUEGOS FLORALES del Colegio Nacional Nocturno San Marcos, Lima 1972, el 1er Premio de poesía XXXIII Aniversario del Ministerio de Salud Pública, Lima. Es Miembro de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas - ANEA – Lima, Perú y de la Asociación de Escritores Daneses.

 
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Mea Culpa

por Alberto HERNÁNDEZ
Me sé y me confieso tan culpable
de odio contra esto
como un judío contra Hitler:
irreductible, sin sosiego, final.

-Guillermo Cabrera Infante-
(Mea Cuba)

I
El morral del pasado aún pesa. Las botas embarradas de un pensamiento atascado en las blasfemias, en el estupor, continúan desandando aquella rabia contenida. Éramos una realidad literaria, plástica, romántica y peligrosa. Sospechosos de todo, hoy apuntados por voces que aturden y fusilan cualquier intento de disidencia, nos revolcamos en el estercolero del tiempo. Hace décadas bebíamos el mismo veneno, la misma angustia, traducida en aquello que hasta el más fascista llama justicia social. Toda revolución tiene su costado: uno derecho, otro izquierdo. Muchas veces se confunden y se tocan, como todo extremismo.
Todavía se siente el miedo de aquellos años, el temblor en los ojos. Y entonces recuerdo al poeta Virgilio Piñera, perseguido por pensar y por su condición de homosexual en la Cuba recién etiquetada de revolucionaria. Llegó a pronunciar públicamente, pocas horas después de las macabras “Palabras a los intelectuales”, vomitadas por Fidel Castro: “Yo quiero decir que tengo mucho miedo. No sé por qué tengo ese miedo pero es eso todo lo que tengo que decir”. Y calló, no dijo más.
Después vino la noche de las “3 pes”, la redada del Ministerio del Interior contra los pederastas, prostitutas y proxenetas, el 11 de octubre de un viernes que ya no recuerdo el año. Pero no sólo fue Piñera. También acosaron a Lezama Lima. El dolor más prolongado fue el de Reinaldo Arenas, quien vivió y murió su “antes que anochezca” en los “orwellianos controles de la sociedad”, como lo definió Orlando Fondevile.
II
Los que creímos que el país podría ser otro lugar para la felicidad. Los que anduvimos de rostro de en rostro, de voz en voz fabricando ilusiones en nombre del socialismo, ese socialismo que lleva el fracaso en su propia sangre, no dejamos hoy de advertir que podríamos hundirnos en la desgracia, toda vez que quienes llevan el timón de este barco están llenos de pasado, de la negrura de esa intemperie cruel que tantas veces se nos montó en los hombros y nos hizo renegar de nosotros mismos, de nuestra familia y de Dios.
El escritor cubano, exiliado en Londres y laureado por su talento creativo, Guillermo Cabrera Infante, en el último libro que dejó escrito, Mea Cuba, señaló: “La culpa es mucha y es ducha: por haber dejado detrás a los que iban en la misma nave, que yo ayudé a echar al mar sin saber que era el mal”.
Un viejo guerrillero venezolano me dijo una noche con los ojos hundidos: “Gracias a Dios que no ganamos la guerra de guerrillas de los años 60. Qué desastre habríamos cometido. Cuántos venezolanos inocentes habríamos fusilado. Cuántas violaciones en nombre de Fidel, de Stalin, de Lenin, del Che habríamos tenido que cargar con nosotros… pero nada, hemos llegado a esto de hoy, tan absurdo, tan copiosamente falso, tan copionamente derrotado. Ojalá que no tengamos que arrepentirnos de los crímenes que aún no se han cometido, los que todavía llevan en la mente”.
Este mea culpa, tan de todos nosotros, abunda en reclamos, en autocríticas, en la búsqueda de un espacio para que la democracia no se pierda. Para que nuestros hijos y nietos, nuestros hermanos y amigos no sean arrastrados al sacrificio. Y decirle a los pocos compañeros de viaje que hoy están en el gobierno que no terminen de dejarse deslumbrar por el ejemplo de muerte de otras experiencias, tan bien conocidas por ellos, como terribles para los ignorantes.
Éramos personajes de novela, como aquel Manuel del libro de Cortázar, como el Barazarte de País portátil, como cualquier Roque Dalton fusilado por sus propios compinches, como el mismo Che abandonado de su hermano del alma en las alturas de Bolivia. Traiciones, delaciones, aberraciones. En eso tradujeron la revolución. A eso llegaron, a emparentarse con los grandes asesinos de la historia. Un mea culpa que atiende a la sombra de Hitler, Mussolini, Franco. ¿Qué diferencia existe entre los agujeros de los fusilados provocados por el sátrapa de España y el de Cuba? ¿En qué se diferencia el fascismo de izquierda al de derecha? La culpa es un morral lleno de pesadillas.

Alberto HernándezALBERTO HERNÁNDEZ – Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.


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¡CENSURA!

por Eduardo CASANOVA

Una nueva medida de corte fascista ha inventado el gobierno del teniente coronel Chávez para implantar la censura bibliográfica. Se trata de la obligación impuesta a los importadores de libros de presentar ante el “Ministerio del Poder Popular para las Industrias Ligeras y el Comercio” (Milco) una relación de las obras que quieren traer al país, en donde hay que detallar los nombres de cada autor, el título de cada libro, una sinopsis del contenido de cada uno y una breve exposición para “justificar” la importancia que cada uno de los libros que se quiere importar tiene para el país. Asimismo deben decir cuántos ejemplares quieren importar y otros datos de índole comercial. En teoría, el tal Milco podrá otorgar un “Certificado de No producción”, para que Cadivi dé los dólares preferenciales y se autorice la entrada de los libros en cuestión. Desde luego, parecería haber la posibilidad de traerlos con dólares de mercado paralelo, pero no hay que olvidar que, además de que sería mucho más caro, permitiría a las autoridades confiscar la importación, porque el dólar paralelo es ilegal. En resumidas cuentas, se trata de una simple censura. No entrarán al país los libros que el régimen de Chávez Frías no quiere que entren. Ningún libro en el que se hable mal de Cuba, Irán o Bielorrusia, o de Evo o Correa o Castro u Ortega pasará esa barrera, como no lo pasarán aquellos en los que se defienda la democracia, o el capitalismo moderno, o la honestidad y el progreso. Edda Armas, poeta y presidente del PEN, la organización que agrupa a escritores y periodistas y defiende sus derechos, ha lanzado un grito de alerta: “Sólo cabe denunciar urbi et orbi –afirma con valentía- el hecho por lo que es: la implantación de un burdo modelo peronista de censura (Perón nunca cerró una emisora por razones ideológicas directas; les mandaba Sanidad a cerrarla por baños sucios o cosas así). Hay que salirle al paso, cada quien desde su trinchera.” Ojalá que esta nueva agresión a las libertades fundamentales sirva para que los intelectuales que todavía siguen adormecidos por los cantos de sirena del teniente coronel golpista, salgan de su idiota hechizo y entiendan la realidad.

 
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Enlace permanente 14/05/2008 06:40:46 am Email , Categorías Opinión, Política, Arte, Venezuela, Cultura, Actualidad, Tags: censura, chávez, hugo, importación, libros, venezuela, • 6 comentarios »

El dulce oficio de “dirigente opositor”

por Alberto LOSSADA SARDI

Siempre me ha llamado la atención que, en los rededores de la Política seria, así, con mayúscula, pulula una subespecie muy característica: el autoproclamado “dirigente opositor”. Esta es una subespecie con características muy particulares. La forman auténticos “personajes”-como “personaje” pueda ser un payaso, un saltimbanquis o un recogelatas- producto de las bajas camadas de la política. Entendamos bien, bajas camadas porque son producto de una formación política muy elemental, como puede ser la de escuelas, de ciertos niveles de sindicalismo o de algún u otro carguito burocrático mejorados por las bondades del servilismo y no por la educación o la experiencia –que en estos casos hasta vale más que la educación- y que le han tomado a gusto al “olor a multitudes” que creen despertar entre sus correligionarios. Son ellos los que han adecuado su vida a las prebendas que el partido de turno les ofrece y que le serán fieles mientras ellas duren.
Es un “personaje” a quien poco o nada le importa el país (¿y para qué?, su vida se la han resuelto), una ideología determinada o la existencia de principios. Y como la vida le ha sido leve, se cree con un derecho natural a aspirar a posiciones que el mismo pueblo por el que dice hablar le ha negado una y otra vez. Se niega a aceptar que el cuarto de hora que asignaba Warhol a todo bicho con uñas lo dejó atrás hace rato, y, de tanto aspirar, se encuentra, sin darse cuenta, hinchado.
No le interesa triunfar en una elección (¿para qué? No sabría qué hacer). Su único interés es SER DIRIGENTE Y CANDIDATO OPOSITOR. Esto es, para él, SU carrera, SU profesión. No es “político”, es “dirigente y candidato de oposición”, y lo seguirá siendo, ad nauseam, gane quien gane las elecciones de turno. Aparecer en televisión, hacer ruedas de prensa, conceder entrevistas son su leit-motiv. Con tal de ser mencionado, lo demás es lujo; aparecer como el gran experto en perinolas psicotomiméticas o el cultivo hidropónico de ostras terrestres lo llena de orgullo y, generalmente, llena álbumes de recortes de prensa con sus hazañas para venideras generaciones. Ahora bien, cuídese mucho de aparecer alguien talentoso y con deseos de hacer algo. Es la peor ofensa que se le puede hacer. ¿Otro que le dispute su lugar preferencial ante la opinión pública? ¿E inteligente, o competente (que no siempre son lo mismo)? No, eso no lo puede permitir. Y comienza la intriga… “Yo, que me he sacrificado por mi pueblo”, “yo el combatiente por la democracia”, “yo, el hombre dedicado al bienestar de mi patria”, y a serrucharle las piernas al “nuevo”.
Este espécimen es el más peligroso de todos cuantos merodean por la política, pues es capaz de vender a su familia por satisfacer ese descomunal ego que bien cultiva. Y no desprecia un buen soborno ofrecido por sus rivales políticos (claro, hay que pensar en el mañana, cuando ya no se pueda ser “dirigente y candidato opositor” [autoproclamado]), Y a fin de cuentas, “qué me importa a mí lo que le pase a los demás mientras no se metan conmigo”.
Lo más triste es que abundan en nuestro medio. Y no nos queremos dar cuenta…

 

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Culpable

por Eduardo CASANOVA

Hugo ChavezTodo el mundo lo ha visto en programas de televisión, y los abogados penalistas lo han visto en persona: Prácticamente no hay delincuente que no se declare inocente. Lo agarraron en el momento en que mataba a alguien a tiros, con el revólver humeante en la mano, lo vieron doce personas y los dos policías que lo capturaron, lo filmó un camarógrafo de la televisión, pero asegura que es inocente, que le “sembraron” el arma, que fue uno de los policías el que mató a la señora que se negó a darle la cartera en donde tenía el dinero que acababa de sacar del banco. Por eso es por lo que hace falta la justicia penal (donde existe), para que se determine la verdad a pesar de lo que dice el delincuente. Mutatis mutandi, así es el caso de las computadoras del personaje que se hacía llamar Raúl Reyes. Las consiguieron en el campamento bombardeado. La gente de Interpol, que no responde a gobierno alguno, determinó sin lugar a dudas que no han sido manipuladas ni variadas en forma alguna, que lo que contienen es lo que contenían un segundo antes del bombardeo y asalto al campamento guerrillero colombiano en suelo ecuatoriano, y uno de los personajes que está más comprometido y justamente acusado por el contenido de los discos duros declara públicamente: “Ahora prepara un show la Interpol (…) Pero es el Gobierno de Estados Unidos utilizando al de Colombia, lamentablemente. (…) Prepárense porque esta semana vienen con todo (…) ¿Qué significa manipulación? Trabajar con las manos. Es una verdadera ridiculez, pero hay que ponerle cuidado, porque así como Bush inventó que en Irak había armas de destrucción masiva y tenía computadoras que lo decían, ahora buscó otra que diga que en Venezuela apoyamos el terrorismo, que le entregamos millones de dólares y fusiles a la FARC. Buscando la excusa para eliminar a Chávez. O matarlo o hacer como en Panamá, que la invadieron una madrugada, mataron a miles para llevarse al Presidente acusado de narcotráfico sin prueba y lo llevaron preso y allá está aún el general Manuel Antonio Noriega (…) No sea ridículo Gobierno de Colombia. Lo reto a que presente una sola prueba no documentos imbéciles (…) Así es difícil tener relaciones con un gobierno. Prefiero no tenerlas. ¡Ah la economía, el comercio! Está bien que siga (…) pero relaciones personales. ¿Para qué?". Se declara inocente. Como todos los delincuentes. Pero todo el mundo sabe la verdad: Es culpable y debe pagar por sus crímenes. Por esos y por muchos otros, en especial por el daño que le ha hecho a Venezuela y su pueblo.

 
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Enlace permanente 12/05/2008 10:36:46 am Email , Categorías Opinión, Política, Venezuela, Actualidad, Tags: colombia, farc, hugo chávez, interpol, raul reyes, venezuela, • 4 comentarios »

El Paraíso Burlado

por Eduardo CASANOVA

A partir de hoy, domingo 11 de mayo de 2008, se publicará, capítulo por capítulo, uno por semana, “El Paraíso burlado”, de Eduardo Casanova, que consta de tres libros: “El Paraíso partido”, “El Paraíso en llamas” y “El Paraíso desperdiciado”, y narra las peripecias de Venezuela, desde la prehistoria hasta nuestros días. La obra consta de 108 capítulos: 31 “El Paraíso partido", 38 “El Paraíso en llamas” y 39 “El Paraíso desperdiciado". “El Paraíso partido” cubre desde la prehistoria hasta le Independencia, “El Paraíso en llamas” narra la Guerra de Independencia y “El Paraíso desperdiciado” comprende desde la separación de Venezuela de la Gran Colombia hasta la actualidad.


Eduardo Casanova

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

I

El Paraíso Partido

(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura

¿Cómo era Venezuela antes de la Independencia? ¿Por qué, en menos de medio siglo a partir de 1750, nacieron en lo que hoy es Venezuela Francisco de Miranda, Andrés Bello, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre?, cuatro de los más importantes personajes de la América, y cuatro de los cinco personajes más importantes del proceso de Independencia de la América española.
Francisco de Miranda, el más universal de todos los americanos, nació en Caracas en 1750 y fue el verdadero ideólogo, el verdadero “inventor” de la Independencia hispanoamericana. Fue también el creador del nombre “Colombia”, que debía aplicarse a toda la antigua América española, y el impulsor de todo el proceso independentista. Hombre de ideas más que de acción, fracasó cuando trató de convertir su gran idea en realidad, y fue apartado bruscamente del camino por Simón Bolívar, nacido, como él, en Caracas, pero treintaitrés años más tarde, en 1783. Bolívar, para enfrentar a los terribles y salvajes caudillos tropicales con los que España combatió a los independentistas, se convirtió en caudillo tropical y alentó a todos los caudillos tropicales que surgieron como malas hierbas, con lo cual la guerra civil en la que se enfrentaban de un lado los españoles partidarios de la Independencia y del otro los españoles enemigos de la Independencia, se convirtió en una contienda de horrores y crueldades, en la que vencía quien fuese capaz de cometer más tropelías y maldades. Convertido ya en el Libertador, Bolívar, influenciado por Antonio José de Sucre, que nació en Cumaná en 1795, trató de reorientar aquella guerra, y para ello apeló al noble proceso de Regularización de la Guerra, del cual surgió uno de los instrumentos más admirables que se haya hecho en el mundo entero. Pero no pudo el Libertador Bolívar evitar que sus émulos, los caudillos tropicales independentistas, lo apartaran a él del camino y asesinaran a Sucre, con lo cual Venezuela quedó en manos de esos caudillos, tal como quedaría en mayor o menor grado toda la antigua América española. La fuerza, la crueldad, la astucia, la deshonestidad y el egoísmo de esos caudillos es lo que ha impedido la felicidad de los pueblos. Una clara excepción a esa regla es Andrés Bello (1781-1865), civilizador y humanista nacido como Miranda y Bolívar en Caracas, que contribuyó como nadie a que parte de la antigua América española alcanzara un grano altísimo de felicidad y jamás se ensució las manos con un sable.
Me parece evidente que el caso de Venezuela desmiente en buena medida la “leyenda negra”, que nació más por defender a los ingleses que por atacar a los españoles. La presencia de España en lo que hoy se conoce como América significó la incorporación de los habitantes de ese continente, que para los europeos era nuevo, a un proceso bastante más avanzado que el que hasta entonces habían vivido. Lamentablemente también significó una cantidad de muertes terrible, no sólo a causa de la violencia militar, sino motivadas por la biología. Es imposible saber qué habría pasado con esos pueblos, que no conocían la rueda ni muchos de los adelantos de Europa en los siglos XVI y XVII, y que estaban divididos por cerca de 500 idiomas y muchas costumbres que bien podrían merecer el calificativo de bárbaras. Imaginar lo que podría haber ocurrido no pasa de ser un ejercicio de ocio que no conduce a nada. Lo que pasó, pasó, y es muy importante conocerlo. Es posible que pudiesen superar esos atrasos, si es que en realidad son atrasos, pero también es posible que no. España, dentro de los límites de su tiempo, sí se preocupó por la educación de los habitantes de la América Española, al extremo de que en los españoles americanos nació el deseo de ser independientes, como le ocurre a cualquier hijo muy a pesar del amor de sus padres. La falla estuvo en el proceso de esa Independencia, que convirtió aquel Paraíso que intuyó Colón en un Paraíso Partido. Y bien parecería que un Paraíso Partido no puede ofrecer nada bueno a sus habitantes. Sin embargo, allí podría estar la solución: la felicidad de los pueblos de la antigua América española estaría en abandonar definitivamente el camino que aceptó Simón Bolívar, y retomar el que ideó Miranda o el que habrían querido Sucre y Bello. Y para eso es conveniente mirar con detenimiento lo que existía en la actual Venezuela antes de la Independencia, que es una forma de entender que el sueño de Miranda anunciaba un buen camino, del que se alejó la realidad el 31 de julio de 1812, cuando se cometió con Francisco de Miranda la más terrible injusticia que podría haberse cometido, que fue el día en que el posible Paraíso se partió en muchos pedazos, en muchos pedazos en los que no se ha logrado otra cosa que pobreza y frustración.
En Venezuela se ha impuesto una religión bolivariana, y como consecuencia, parecería que a los venezolanos no nos gusta hurgar más atrás de Bolívar. Es como si todo empezara en los tiempos heroicos, cuando se forjó la Independencia. Y no es así. Antes de la Independencia, mucho antes, desde antes del momento en que Colón creyó haber llegado al Paraíso Terrenal en agosto de 1498, pasando por los tiempos en que España creó un formidable mundo nuevo, y hasta que los jóvenes mantuanos, entre ellos Bolívar, impusieron su voluntad de crear un país independiente en el territorio de ese Paraíso que ya se había convertido en Paraíso partido ocurrieron muchísimas cosas que hicieron posible a Bolívar y todo lo que ha ocurrido después. En el territorio que hoy ocupa Venezuela, una vez que llegaron los españoles, se crearon varias entidades políticas que en 1777 se unificaron, y, sobre todo, existió una economía que, a fines del siglo XVIII era bastante próspera, a tal grado, que convirtió ese territorio en el epicentro de ese gran terremoto, destructor como todo terremoto, que se llamó la Independencia de la América española. Ese terremoto no podría haber nacido en un territorio descuidado, inculto, deliberadamente atrasado, habitado sólo por personas cuya educación se había descuidado deliberadamente, como suelen sugerir los defensores de leyendas oscuras.
Curiosamente, ninguno de los que han impuesto el culto a Bolívar, o de los defensores de la “leyenda negra” se ha detenido a pensar que en estricta realidad Simón Bolívar, tal como Miranda, Andrés Bello y Sucre, es un héroe español, tanto como lo es El Cid y tan español como Cervantes o Don Quijote o La Celestina o el Don Juan. Bolívar nació español y luego se hizo voluntariamente colombiano.
La historia de un país se hace todos los días. Los hombres no se sientan a esperar que ocurran grandes acontecimientos para aparecer en las fotos o en las películas o en los libros. Para entender un proceso hay que enterarse de todos sus antecedentes. Bolívar no habría podido hacer lo que hizo sin Francisco de Miranda, que también nació español, o sin Manuel Gual y José María España, como tampoco habría podido hacerlo sin José Leonardo Chirino, sin Juan Francisco de León, sin el Negro Miguel. Pero más importante aún: tampoco habría podido hacer nada sin los peninsulares de pura cepa Diego de Losada y Alonso Andrea de Ledesma, o Garcí González de Silva y Juan de Pimentel y todos los que, piedra a piedra, fueron fabricando el edificio que conoció Bolívar al nacer. Y no hay que olvidar que antes había otro mundo, el de los aborígenes, pero, dada nuestra realidad, ese mundo pertenece a la prehistoria, que en distintos grados ha dejado una huella, mucho más hermosa que lo que la gran mayoría cree, que está a la vista y los honra por permanecer muy cerca de la naturaleza. De manera que para entender lo que somos hoy, hay que entender a Francisco de Miranda, o mejor dicho, lo que soñó y por qué soñó Francisco de Miranda, pero también hay que entender lo que hizo Bolívar, y para entender lo que hizo Bolívar, hay que conocer la historia de esos tres siglos contra los que Bolívar se alzó, y para visualizar la historia de esos tres siglos hay que saber qué había antes.
En verdad, muy poca gente ha querido echar luz sobre aquellos tiempos. Quienes se han dedicado a contar la Historia de Venezuela han tocado esos primeros tres siglos con absoluto desgano. Los caudillos exuberantes que han impuesto sus voluntades en el país quisieron convertir al Libertador en un dios, y antes de la existencia de los dioses no debería haber nada. Se niegan a que se vea al Bolívar humano, que no sólo cometió muchos errores, sino que al final de su vida tuvo que afrontar uno de los más tristes fracasos de la historia. No quieren aceptar que Bolívar fue un hombre, un hombre de carne y hueso que tenía que satisfacer sus necesidades fisiológicas como cualquier otro, que tuvo padres y abuelos y bisabuelos, y que se formó en una cultura determinada, que lo precedió en el tiempo. Y ese es el mundo que hay que ver, paso a paso y con cuidado, para entender lo que ha ocurrido después y tratar de afrontar lo que aún no ha ocurrido. Hay que tratar de que todo esté en la luz para que la luz, por fin, se imponga. Todo lo que podemos saber acerca de las Expediciones Parianas, o de la explotación de perlas en Cubagua, o de la fundación de Cumaná (tiempo del Oriente), está oculto en la penumbra, tal como el alquiler del territorio a los Welser y la fundación de Coro, de El Tocuyo, de Barquisimeto, de Barinas, de Trujillo o de Mérida (tiempo de Occidente), y las muchas aventuras y desventuras de los conquistadores, los colonizadores y sus víctimas. Tampoco se percibe mucha claridad en los tiempos posteriores a la fundación de Caracas (tiempo del Centro), en que se alzaron Juan Francisco de León, o Manuel Gual y José María España, o los mantuanos de 1808 y 1810. De manera que podría creerse que antes de la Independencia todo parece como sin luz, como sin música, como sin vida.
También hay que aceptar que la mayoría de los libros de historia, en cuanto a los tiempos anteriores a Bolívar, son fastidiosísimos. Sus autores hablan de instituciones y de formas, y apenas narran algunos hechos porque no les queda otro remedio, pero lo hacen entre bostezos capaces de tragarse una montaña, y así se reafirma la idea colectiva de que la Historia comienza en Bolívar. Hay grandes excepciones, por supuesto, como Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela, de Luis Alberto Sucre, un libro lleno de información valiosísima, pero que parece escrito exclusivamente para otros historiadores y carece de aliento vital. Y, desde luego, están esas otras excepciones, más que grandes, enormes, de Isaac J. Pardo y Francisco Herrera Luque, que escribieron obras divertidas y a la vez didácticas, pero que no cubren esos tres siglos anteriores al Libertador, sino fragmentos, muy interesantes, pero sólo fragmentos. Falta, pues, que se escriba sobre todo el tiempo que transcurrió entre 1498 y 1810 en forma que todo el mundo lo entienda.
¿Podrían haber nacido Miranda, Bello, Bolívar y Sucre en un país muerto? ¿Podría haberse vivido el movimiento independentista en un país sin una vida intensa? La existencia de esa vida intensa fue lo que permitió que existieran esos grandes hombres. Así que, de una vez por todas, rechacemos la tesis de que no hay mucho qué contar acerca de ese mundo, español y americano anterior a la llegada de Simón Bolívar: Hay mucho y vamos a verlo. La generación de Bolívar creció en un país próspero, luego no había necesidad alguna de intentar un cambio de situación y sin embargo sacrificaron hasta sus vidas para lograrlo y lo consiguieron, no por lo material, sino por lo espiritual. Eso también hay que contarlo, pero pienso que hay que contarlo para que todo el mundo se divierta.
Por eso, debo insistir en que El Paraíso Partido (Venezuela antes de la Independencia) no es un sesudo libro de Historia. No es tampoco un libro que acepte con facilidad de insecto una clasificación. Para escribirlo, para que pasara de la musa al papel, recurrí a tres elementos: Los libros ajenos, la memoria y la imaginación. Libros ajenos de personas que dedicaron tiempo y esfuerzo a transmitir hechos, ideas y conocimientos a los que venían después que ellos en el tiempo. Memoria para recordar muchas cosas interesantes que me contaron mis parientes mayores, o mis profesores del Colegio Santiago de León de Caracas. Y la imaginación, que me ha permitido visualizar e interiorizar todo lo que leí o escuché, para luego transformarlo en palabras mías, en materia prima para este libro.
Pero eso sí, cuando digo la memoria y la imaginación me refiero a memoria e imaginación, no a investigación ni indagación a través de la lectura crítica de amarillos papeles con la ayuda de un criptógrafo, un paleógrafo y un señor de gruesos lentes que sabe mucho de eso. Lo que me propuse es hacer es llevar de paseo a unos amigos y enseñarles muchos sitios y hablar sin parar, tratando de recordar lo que acabo de leer o lo que he sabido a lo largo de muchos años sobre esos lugares. Durante el camino nos encontraremos con muchos personajes, que son los que han actuado en esos trescientos y tantos años, y cuyas acciones u omisiones trataré de narrar, bien de memoria o bien leyendo, con prudente disimulo, cualquiera de los casi cuarenta libros de los que me valí para poder contar todo lo cuento. Lo que no encuentre en ellos o no recuerde o no haya sabido nunca, lo invento, y aquello sobre lo cual tenga alguna duda, lo decido con la mayor de las arbitrariedades posibles. ¿No fue eso, mutatis mutandi lo que hizo Cayo Suetonio Tranquilo? O Plutarco de Queronea, que inventó cuanto quiso. Al fin y al cabo, en muchos casos la historia se escribía para complacer a quiénes tenían el poder. El poder político y el poder de alimentar a quienes la escribían. Por eso se inventaba a más y mejor, para complacer a quien había que complacer o castigar a quien había que castigar. Y, aunque por razones diferentes, no era muy distinto lo que solía hacer cualquiera de nuestros viejos historiadores, que en vista de que a su tía Panchita el general Hipias José Fulanítez, héroe ínclito de la batalla de Jobomojado, la vio feo o con pecadora codicia, descalifican al general Fulanítez de un olímpico plumazo, o le inventan cuanta historia sea posible para que ni siquiera desde la tumba ose ver feo o con pecadora codicia a tía alguna, por muy buenas piernas y mejores pechos que haya podido tener la tía.
Hoy la Historia es otra cosa: Los historiadores hurgan en papeles apolillados y confrontan y revuelven y revisan, y publican libros en los que las notas de pie de página ocupan más espacio que el texto.
No se espere eso de mí. Afortunadamente, nací en diciembre y a mediodía
Caraballeda, Venezuela, 2008.

 

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En el barco de la escritura

por Carmen Cristina WOLF

Los seres humanos no tenemos otro apoyo ni otro refugio más que el Lenguaje y el Amor. Nos vamos haciendo, crecemos y nos construimos a través de lo que pensamos y decimos. O tenemos que conformarnos con un molde ya hecho, lo cual puede ser aburridísimo y hasta peligroso, aunque parezca cómodo, o nos damos a la tarea de construir nuestra propia embarcación. Ahondar en el ser del lenguaje permite encontrar caminos y avizorar horizontes para encarar el peor de los males de este mundo de la postmodernidad: el vacío o la pérdida de sentido de lo que nos rodea y de nuestra propia existencia.
Identificar y ahondar en los actos lingüísticos básicos, tales como decir sí o no, las declaraciones, afirmaciones, juicios, ofrecimientos, peticiones y promesas, en fin, todo lo que expresamos y callamos a cada instante, es vital para entender un poco más nuestro universo personal y desplazarnos del desconcierto a la comprensión. No hay palabras inocentes que caigan en saco roto. Toda frase construye un mundo de significados y genera acciones constructivas, comprehensivas, respetuosas, adorables o perversas. Es preferible hablar menos y reflexionar más sobre lo que pensamos y decimos. Este ejercicio puede convertirse en un juego fascinante, en un verdadero placer, al menos para mí, que no pretendo sentar cátedra en estos menesteres. Ya la vida está muy enredada últimamente para pretender algo que vaya más allá de pensar apasionadamente en las cosas.
Desde que arribé a las playas del Círculo de Escritores de Venezuela, no he hecho más que encontrar tesoros. Personas extraordinarias, con ideas y proyectos, con libros sorprendentes, y he lo he sentido como una familia. Algunos de nuestros valores se han ido físicamente, Rafael Clemente Aráiz, Elizabeth Schön, Juan Liscano, Pálmenes Yarza. Ellos nos legaron su obra y los recuerdos. Desde entonces se han sumado nuevos escritores de Venezuela y de otros países hermanos como Miembros Correspondientes.
Nuestra visión a futuro es promover y divulgar la creación, crítica e investigación de la obra de nuestros escritores; establecer alianzas con las Academias, Ateneos, Embajadas, Instituciones Culturales, Editoriales, Medios de Comunicación, Organizaciones Nacionales e Internacionales vinculadas a la Cultura; crear nuestra revista en la web; impulsar los talleres, foros, diálogos y lecturas dramatizadas y continuar la realización de los Concursos de Narrativa, Poesía, Ensayo y Crónica; defender las libertades y apoyar las organizaciones que promueven la defensa de los derechos humanos y la preservación del ambiente;
Muchísimas gracias a José Tomás Angola, Alvaro Pérez Capiello, Luis Beltrán Mago, Nora Bustamante, Laura Febres, Lidia Salas, Marisol Marrero, Magali Salazar y Anabelle Aguilar, a todo el equipo de la junta que hoy nos da paso. Y también a la revista de Eduardo Casanova, a Ficción Breve, Ala de Cuervo, Palabras Diversas, Prometeo, Lalupe.com, Letralia, PublicARTE y a los diarios impresos por su apoyo.
Con la mayor humildad y sencillez me pongo al servicio de ustedes, porque digo como Serrat en su canción: “que todo sea como está mandado … y que no mande nadie”…
Sólo es un relevo en el timón durante un tiempo, porque todos somos capitanes de nuestros barcos y de nuestra escritura, que se reúnen para apoyarse unos a los otros con el mayor afecto. Y en la búsqueda de dejar el mundo un poco mejor de los que lo encontramos, con tolerancia, comprensión por nuestros errores y apoyo en nuestros aciertos.
Bienvenidos Amigos de la nueva Junta en quienes depositamos la mayor confianza por sus valores humanos y su inteligencia
Muchas gracias.

Palabras pronunciadas en el acto de presentación de la nueva Junta Directiva del Círculo de Escritores de Venezuela

Carmen Cristina WolfCarmen Cristina Wolf, caraqueña, poeta, narradora, ensayista y abogado (Universidad Católica Andrés Bello). Ha publicado una vasta obra literaria además de mantener una presencia constante y prolífica en su blog http://literaturayvida.blogsome.com